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lunes, 21 de enero de 2013

Malí: ¿El Afganistán de Francia?



Por Christian Riavale desde París - 20/01/13 - 02:25          
Por qué la guerra en Mali puede ser el "Afganistán" de Hollande
Si no consigue un rápido desenlace militar contra los grupos islamistas en Mali, Francia corre el riesgo de vivir en pleno desierto africano un mal remake del infierno que están sufriendo los Estados Unidos en Afganistán.
La mayoría de los expertos coincide en afirmar que la clave del éxito depende del tiempo que demande la Operación Serval, una ofensiva relámpago lanzada por el presidente François Hollande el 11 de enero para contener el arrollador avance de tres grupos islamistas que se aliaron para apoderarse de Mali: Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine (Defensores del Islam) y Muyao (Movimiento por la Unificación y el Yihad en Africa del Oeste).
Ayer, Hollande justificó la intervención en Mali –a pesar de que provocó una cruenta represalia con toma de rehenes en Argelia– y advirtió que durará “el tiempo necesario para vencer al terrorismo en esa parte de Africa”.

Nadie, ni siquiera el Estado Mayor francés, esperaba una resistencia como la que ofrecen los 1.500 rebeldes de las katibas (brigadas combatientes) islámicas. Los militares admiten en privado que fueron sorprendidos por la habilidad de la operación dirigida personalmente por Abu Zeid, uno de los jefes de AQMI.
Los servicios de inteligencia también subestimaron el entrenamiento de los combatientes, así como la calidad y el volumen del armamento que poseen los islamistas: “Demostraron que están bien preparados y que poseen material sofisticado”, reconoció un funcionario que trabaja junto a Hollande en la célula de crisis que funciona en el Palacio del Elíseo.
La actitud de los combatientes parece indicar que en el futuro evitarán presentar concentraciones de fuerzas para no exponerse a los ataques aéreos. Por el contrario, “seguramente buscarán explotar las ventajas del terreno que mejor conocen: el desierto”, indicó el experto Pierre Babey. Habituados a desplazarse por ese gigantesco mar de arena y piedra, los hombres nacidos en la región saben cómo aprovechar la particularidades del terreno para ocultarse y sobrevivir alimentándose de la escasa fauna del desierto.
Los rebeldes poseen armamento sofisticado procedente de los arsenales libios saqueados después de la caída del coronel Muamar Kadafi y se desplazan a gran velocidad a bordo de unos 200 vehículos adaptados al terreno.
La toma de rehenes y ocupación de la planta gasífera de In Amenas, iniciada el miércoles pasado en Argelia, puso en evidencia la perfecta coordinación entre los diversos movimientos que operan en la región y mostró los riesgos de una rápida extensión del conflicto de Mali a otros países vecinos.
Francia corre el riesgo de verse atado de pies y manos por el costo del conflicto. En pleno régimen de austeridad para tratar de superar la profunda crisis que atraviesa el país, Hollande tendrá serias dificultades para justificar el enorme costo que demanda una guerra de corta duración. Al margen de la ayuda logística y médica prometida por Gran Bretaña, Alemania, Dinamarca, Bélgica y España, los países europeos no hicieron gestos concretos para enviar fuerzas de combate u otra ayuda significativa.
Las experiencias de Vietnam, Irak y Afganistán confirman que es fácil iniciar una guerra, pero lo difícil es terminarla.

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