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domingo, 10 de marzo de 2013

Venezuela se enfrenta a un vacío de poder.

 

Por Jorge Castro ANALISTA - 10 Mar 13

Como todo caudillo, Chávez es irremplazable.
                                 
Hugo Chávez es irremplazable en el sistema político venezolano. Su desaparición abre una etapa de vacío de poder, en la que el único actor que queda en pie, con capacidad de acción y de decisión, es el Ejército de Venezuela.
El significado político de Hugo Chávez es inseparable de su condición militar. Ha sido ante todo el teniente coronel Hugo Chávez, jefe de la insurrección de la juventud castrense, que se levantó contra la República de Punto Fijo (1959/1998) el 4 de febrero de 1992, representada entonces por Carlos Andrés Pérez.
Los ejércitos de América del Sur asumieron un protagonismo independiente en la segunda década del siglo XX.

Lo hicieron desde la izquierda y no desde la derecha. Fue el caso del “tenentismo” en Brasil, con el capitán Luiz Carlos Prestes, luego líder de la “intentona comunista” en 1935; de la “juventud juniana” en Ecuador; del “ruido de sables” en Chile, que terminó con la República oligárquica surgida de la guerra civil de 1891, y que luego, en 1931, crearía una “República Socialista Chilena”.
El pretorianismo militar sólo asumió posiciones de derecha en el contexto de la guerra fría; y la insurrección de los jóvenes oficiales “bolivarianos” ocurrió un año después de terminada ésta, y a tres años de la represión del “caracazo”, que ocasionó 5.000 muertos.
En América Latina sólo hay tres revoluciones triunfantes que destruyeron al Estado y su brazo militar (México, Cuba, Nicaragua). Estas revoluciones crearon un nuevo ejército, leal al Estado revolucionario e identificado ideológicamente con él. No es el caso de Venezuela.
El Ejército venezolano es el de siempre, sólo que identificado con el liderazgo del teniente coronel Hugo Chávez desde febrero de 1992.
Cuando se produjo el golpe de abril de 2002 todo dependió de la institución castrense, tanto el derrocamiento de Chávez como su reinstalación en el poder. Los altos mandos designados por él fueron los que lo detuvieron, y la 43ava. Brigada de paracaidistas de Maracay fue la que lo reinstaló en el poder.
Desde que se descubrió el petróleo en 1914, el ciclo económico y político venezolano está unido al mercado estadounidense, en una relación de dependencia estructural acentuada por las características “pesadas” del recurso en Venezuela, sólo apto de ser procesado en refinerías especializadas situadas en territorio norteamericano.
Venezuela, tras 14 años de Chávez, es un país más dependiente del petróleo de lo que era en 1998. El crudo representa hoy 92% de las exportaciones y hace tres lustros era 64%. Característica de los “petroestados” es su naturaleza rentística y su debilidad institucional. De ahí que la transformación social realizada por el chavismo no implicara el poder de los sectores populares dentro de un nuevo Estado, sino una gigantesca transferencia de recursos.
Esta ascendió a 30% del total de la renta petrolera de los últimos 10 años (U$S 850.000 millones).
Por eso, la pobreza cayó 20 puntos (50%/33,9%) entre 1998 y 2008, y la indigencia pasó de 21% a 10%.
Es el primer caso de inclusión social e incorporación de los sectores marginales al sistema político que ha tenido Venezuela en toda su historia.
El vínculo de dependencia con EE.UU. experimentó el año pasado un punto de inflexión. Las importaciones norteamericanas de crudo venezolano cayeron a su menor nivel en 30 años (685.000 barriles/día).
Es obra del boom del “shale gas”, que lleva al autoabastecimiento energético en 15 años.
El proceso político venezolano, después de Chávez, transcurre dentro del inmenso campo chavista, hondamente fracturado y enfrentado internamente, y en el que ha desaparecido su único elemento de unidad, el liderazgo carismático de Hugo Chávez. Todo indica que el conflicto en el chavismo ya ha comenzado, mientras todavía desfila el cortejo fúnebre. En ese caso, lo dirimirá el ejército, el de siempre en la historia venezolana

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