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sábado, 12 de octubre de 2013

A propósito del Día de la Hispanidad.


SOMOS HIJOS BASTARDOS DE ESPAÑA.

Por Lucio Falcone.
La reciente desmentida del gobierno del Reino de España respecto de que no presentaría un reclamo diplomático por su perdido peñón en forma conjunta con la República Argentina por nuestras Islas Malvinas no debería sorprendernos. Probablemente, uno de los pocos asombrados sea nuestro incapaz Canciller y algún otro funcionario despistado o alguien ideológicamente motivado. Ya que, una actitud similar tuvieron los españoles cuando se abstuvieron en 1982 de votar en contra de la resolución 502 que condenaba nuestra “invasión” a las Islas irredentas.

Pero, ha sido una constante histórica que la denominada Madre Patria nos diera la espalda. Casi, prácticamente, desde nuestro “descubrimiento”. Esto no es renegar de uno de nuestros ancestros, ni del carácter eminentemente europeo de nuestra personalidad nacional. Es simplemente, reconocer un hecho. Saber que si bien fuimos engendrados por España, nunca fuimos reconocidos por ella como sus hijos legítimos.

Una afirmación que seguramente escandalizará a los que aún preservan para ellos una visión pedagógica y apologética de la historia. Veamos.
La mejor prueba de este desconocimiento es la inexistencia de obras artísticas de magnitud hechas por artistas españoles durante la Conquista misma. Por ejemplo, Cervantes prefirió que su Quijote luchara contra inexistentes molinos de viento que aquí en América. Lo mismo Velázquez, quien pudo pintar la rendición flamenca en Breda, pero ninguna hazaña americana.
En otras palabras, nunca le importamos verdaderamente a España; la que siempre privilegió sus intereses europeos por sobre sus asuntos americanos. Sus posesiones en América eran -de facto- su principal fuente de financiamiento, pero no de preocupación. Solo nos tenían en cuenta en ocasión de sus trueques dinásticos. Como fue el caso de la “Guerra Sorda” que llevó a la expulsión de los Jesuitas. Por un acuerdo secreto entre España Y Portugal que especificaba la entrega de las Misiones a la corona lusitana.

Lograda la Independencia esta actitud no cambió. Ni con el paso de los años. España no supo ser para sus ex colonias, lo que la Gran Bretaña fue y es para las suyas. No hay ni habrá nunca un Commonwealth hispano. No podría haberlo con una España de espaldas a América.
Paradójicamente, sus hijos pródigos. Sus colonias olvidadas siempre han hecho mucho por su ex Metrópoli. Por ejemplo, en ocasión de la hambruna que siguió a su cruenta guerra civil, la Argentina no se cansó de enviarle cargamentos de trigo. Igualmente, sus puertos permanecieron y permanecen abiertos para resumir a sus hijos menos afortunados. Que vienen aquí a hacerse la América.
Por el contrario, nosotros allí somos los “sudacas”. Allá ellos, se pierden de nuestra sangre joven y de nuestros talentos. Seguramente que estarán más contentos con los inmigrantes del Norte de África.
Pero, como dicen por ahí. No hay mal que por bien no venga. Este olvido de la Metrópoli, especialmente del lejano y pobre Virreinato del Rio de la Plata. Hizo que aquí crecieran generaciones de criollos que al saberse solos y abandonados. Progresaran más fuertes e independientes. Aquí no llegaron condes, marqueses o duquesas. No había nada por heredar, hubo que hacerlo todo.
Un excelente ejemplo, de esta actitud es nuestro general San Martín. Mucho se ha especulado de las razones que tuvo para la vuelta a su lugar de nacimiento. Abandonando su empleo militar en España. Mi opinión es que al saber que por su condición de criollo su carrera militar no prosperaría en la medida de sus capacidades. Decidió probar suerte aquí en América. Lo mismo que Alvear, O Higgins y tantos otros.
En nuestro primer centenario superábamos a la vieja Madre Patria en todo. En PBI, en alfabetismo por solo mencionar dos variables importantes. Hoy la realidad es muy distinta. Pero una lógica esperanza nos indica que el futuro tiene muchas más probabilidades de ser argentino antes que español.
No estamos descontentos por haber crecido solos fuera de la protección de la casa materna. Todo lo contrario. Queremos superar con creces todo lo heredado.