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domingo, 20 de octubre de 2013

Brasil y Chile: la rebelión de las clases medias.

 

 

 

http://www.clarin.com/opinion/Brasil-Chile-nueva-clase-media_0_1014498643.html

En Brasil y Chile se hace oír la nueva clase media.


Por Jorge Castro - 20/10/13                      

                                  
La irrupción de la nueva clase media en Brasil y Chile crea condiciones de ingobernabilidad, sin importar quien esté a cargo del poder político (Dilma Rousseff/Aecio Neves, Brasil; Michelle Bachelet/Evelyn Mathei, Chile).
La razón de esta amenaza es de tipo estructural. Ha surgido en los últimos 10 años en ambos países, y en general en América del Sur, una poderosa clase media cuyas expectativas están por encima de la realidad económica y que sólo pueden sustentarse en una intensa diversificación productiva y un incremento significativo de la productividad, lo que no ha ocurrido en ninguno de los dos países.
No se pueden sostener salarios promedio de US$ 1.400/ US$ 1.600 mensuales, con una economía no diversificada o basada en una industria no competitiva, cuyos niveles de productividad son inferiores a los de sus competidores.
Esta nueva clase media se expresa a través de movimientos hondamente vinculados a los modernos medios de comunicación, en especial Internet y las redes sociales (Blackberry, Facebook, Twitter, etc.). De ahí que su integración con el sistema mundial sea inmediata y que asuma como propios los valores y expectativas de lo más avanzado del planeta. El marco de lo posible se ha ampliado para ellos y se ha colocado al alcance de la mano, en un sentido estricto y no metafórico del término.
Detrás de estas movilizaciones hay un impulso extraordinariamente igualitario (Tocqueville en el siglo XXI), sólo que no vinculado a una mejor inserción socioeconómica, sino a una participación plena en el mundo virtual, técnico y cultural. Lo que sucede en Brasil y Chile no es la expresión contemporánea de la lucha de clases, sino un afán de protagonismo y de igualdad de poder en la sociedad global. Por eso, las crisis provocadas por la irrupción de la nueva clase media llegan antes de que estén dadas las condiciones materiales para superarlas y exijan al mismo tiempo una respuesta inmediata, como es propio del principio de instantaneidad en que se fundan.

El problema de Brasil no es sólo que su economía prácticamente ha cesado de crecer (+0,8% en los primeros 6 meses de 2013; +0,9% en 2012), o que su tasa de crecimiento potencial haya disminuido a 2% anual. La traba de fondo es que el incremento de la productividad es extremadamente débil (1% por año a partir de 2009) y tiende a declinar, con una disparidad creciente frente al nivel de sus competidores. De ahí que pierda posiciones incluso en el mercado interno. El principal desafío estructural de Chile es su baja o nula productividad, que refleja la escasa diversidad productiva del país, centrada en el peso abrumador de la industria cuprífera.
La contrapartida de esa baja productividad es el reducido aumento del ingreso real per cápita, que tras haber alcanzado 6,6% anual entre 1985 y 2000, cayó a 2,5% por año en el período 2001-2010. Esto revela también una estructura económica profundamente oligopólica, en la que el grado de concentración está en relación inversa al nivel de competencia del sistema.
La participación de las tres mayores empresas en las diez principales actividades económicas es entre 85% y 92%, un nivel cuatro veces superior al de Australia, Canadá y Nueva Zelanda. También la estructura estatal chilena tiene un carácter hondamente elitista, centralizado y altamente burocrático.
El cobre es todo en Chile. Representa 60% de las exportaciones, 20% del PBI y ocupa sólo a 200.000 personas sobre una población de 16 millones. De ahí que sea una actividad con características de enclave, de alta productividad por su condición capital-intensiva, pero de escasa o nula proyección hacia otras cadenas productivas. La irrupción de tipo insurreccional de la nueva clase media vino para quedarse y si no hay cambios de fondo, lo único seguro en Brasil y Chile es su profunda ingobernabilidad, convertida en factor constante.

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