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domingo, 24 de noviembre de 2013

El acuerdo EE.UU. e Irán.

 

 

Acerca de los intereses de Estados Unidos e Irán por los cuales a ambos países les conviene entrar en negociaciones.

 

Por Thomas L. Friedman - Servicio de noticias The New York Times - © 2013

No hace falta decir que el único trato a corto plazo con Irán que valdría levantar parcialmente sanciones sería un trato que congele todos los componentes clave del programa de desarrollo de armas nucleares de Irán y el único trato por el cual vale la pena levantar todas las sanciones es el que restrinja de manera verificable la capacidad de Irán para evadirse y construir una bomba nuclear.

Sin embargo, aquí hay algo más que no se dice, pero aún necesita que se diga en voz alta: nosotros, Estados Unidos, no sólo somos abogados contratados que negocian un trato para Israel y los árabes sunitas del Golfo, sobre el cual ellos solos tienen la última palabra. Nosotros, Estados Unidos, tenemos nuestros propios intereses no sólo en ver una reducción de la capacidad de armamento nuclear de Irán, sino también en ponerle fin a la Guerra Fría entre Irán y EEUU desde hace 34 años, la cual ha dañado nuestros intereses y los de nuestros amigos israelíes y árabes.

De aquí que no debemos mostrarnos reacios a articular y afirmar nuestros intereses en vista de esfuerzos israelíes y árabes por obstruir un trato que, pensamos, sería positivo para nosotros y ellos. Los intereses de Estados Unidos hoy día yacen en un compacto acuerdo nuclear de tipo provisional con Irán que también abra el camino para buscarle solución a toda una serie de otros problemas entre Washington y Teherán.

Algunos de nuestros aliados no comparten esos “otros” intereses y creen que el único resultado aceptable es bombardear las instalaciones nucleares de Irán y mantener aislado a Irán, como un débil Estado paria. Ellos no confían en este régimen iraní. y no faltan razones. Yo no envidio su escepticismo. Sin presión de Israel, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, así como las sanciones mundiales sobre Irán que ellos contribuyeron a impulsar, Irán no estaría ofreciendo ahora reducir su programa nuclear.

Sin embargo, esa presión nunca tuvo el propósito de ser un fin en sí. Tenía el propósito de sacar a Irán del frío, siempre que renunciara de manera verificable a la capacidad para escabullirse con un arma nuclear. “Sólo debido a que los actores regionales ven la diplomacia con Irán como un juego de suma cero -desbanca o es desbancado- no significa que Estados Unidos debería”, dijo Karim Sadyadpour, el experto en Irán por la Fundación Carnegie.

¿Por qué? Empecemos con el hecho que Irán tiene considerable influencia sobre varias de las inquietudes de seguridad nacional más cruciales de Estados Unidos, incluyendo Siria, Irak, Afganistán, el conflicto palestino-israelí, terrorismo, seguridad energética y proliferación nuclear. En los casos que la tensión con Irán ha servido para exacerbar estos problemas, la detente con Teherán pudiera contribuir a mejorarlos. Irán desempeñó una participación vital para ayudarnos a derrotar al talibán en Afganistán en 2001 y puede ayudarnos a salir sin que el talibán tome completamente el control de nuevo.

“Irán cuando menos tiene lo mismo en juego en la estabilidad de Irak, y de Afganistán, que nosotros; y como vecino inmediato tiene capacidad mucho mayor de influir sobre ellos, para bien o para mal”, dijo Nader Mousavizadeh, el cofundador iraní-estadounidense de Macro Advisory Partners y uno de los ex asesores del alguna vez secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan.

Hay una lucha en Teherán hoy día entre aquellos que quieren que Irán se comporte como una nación, cuidando sus intereses, y aquellos que quieren que siga comportándose como una revolución permanente en una lucha permanente con Estados Unidos y sus aliados. Lo que está en juego en las negociaciones nucleares de Ginebra -en parte- “es cuál política exterior de Irán prevalece”, argumentó Mousavizadeh. Un trato que beneficie a ambos allá pudiera abrir la puerta a la cooperación en otros frentes.

Lo que es más, no hay nada que amenace el futuro de Oriente Medio más actualmente que el conflicto sectario entre musulmanes sunitas y chiita. La ruptura está siendo usada por el presidente de Siria, Bashar Assad, Hezbollah y algunos líderes árabes para distraer a su pueblo de cuestiones fundamentales sobre crecimiento económico, desempleo, corrupción y legitimidad política. Además, está siendo usada para mantener aislado a Irán e incapaz de explotar plenamente sus ricas reservas de petróleo y gas natural, lo cual pudiera desafiar a algunos productores árabes. Sin embargo, nuestro interés está en sofocar esas pasiones sectarias, no en elegir un bando.

La Guerra Fría entre Irán y Estados Unidos nos ha impedido actuar de manera productiva con respecto a todos estos intereses. Es fácil decir que deberíamos meramente alejarnos de pláticas si no obtenemos lo que deseamos, pero aislar a Irán no será tan fácil como solía serlo. China, Rusia, India y Japón tienen diferentes intereses que nosotros con respecto a Irán. El único hombre que podía unirlos a todos detrás de estas duras sanciones era el despreciable presidente anterior de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. El nuevo presidente, Hassan Rouhani, es mucho más diestro.

“Quizá hayamos llegado a nuestra cúspide de influencia por las sanciones”, dijo Sadyadpour. “Países como China no pasaron por alto indefinidamente sus propios intereses comerciales y estratégicos con respecto a Irán meramente para darle gusto al Congreso de Estados Unidos”.
Todo lo anterior es la razón por la cual el trato que el equipo de Obama está intentando forjar ahora que empieza a restarle fuerza a las capacidades nucleares de Irán, y prueba si es posible más, está fundamentalmente en el interés de Estados Unidos. “El premio de la detente con Irán es crucial para permitirle a EEUU una política exterior prudentemente equilibrada que alinee intereses con compromisos, y nos permita reconstruir en casa al mismo tiempo”, dijo Mousavizadeh.

Hay personas en Oriente Medio que prefieren “una guerra sin fin por las mismas razones tribales, sectarias y retrógradas que están impidiendo su propio desarrollo interno como sociedades abiertas, integradas y plurales”, agregó. “Ellos pueden tenerlo. Pero no puede ser nuestra guerra. No es quien somos, ni en casa ni en el extranjero”.

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