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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Venezuela en el caos económico.

 

 

http://site.informadorpublico.com/?p=38510

El caos económico venezolano visto por la oposición.

 
By  - noviembre 12, 2013
Venezuela está inequívocamente en estado de caos económico. El cuestionado presidente, Nicolás Maduro, evidencia incapacidad para administrar la crisis que castiga, como siempre sucede, a quienes menos tienen.
En ese estado de cosas, la oposición unificada en torno a la “Mesa de la Unidad Democrática” acaba de hacer conocer su diagnóstico y sus opiniones. Vale la pena reseñarlos. Para no escuchar solamente el mensaje insensato y fantasioso de Maduro.
En el entender de la oposición, la crisis venezolana es fundamentalmente producto de cinco factores, combinados entre sí. Primero, una situación fiscal desbordada, donde el sector público tiene un gigantesco déficit, estimado en el 15% del PBI de Venezuela, que se financia con emisión de dinero. Segundo, como consecuencia de ello, un notorio exceso de liquidez, con tasas de interés bajas que -en un ambiente de alta inflación- destruyen toda posibilidad de ahorro en moneda local. Tercero, las bajas reservas, que se evaporan velozmente, a un ritmo realmente tremendo, de más de 800 millones de dólares mensuales. A pesar de las exportaciones de petróleo a los Estados Unidos, el principal cliente de Venezuela, pese a la retórica política. El valor del bolívar cae entonces precipitadamente. Cuarto, la producción petrolera, en manos del Estado, que declina aceleradamente y no logra salir de la espiral de disminución de volúmenes que se ha generado. La deuda externa de PDVSA es también enorme. Quinto, no hay conducción económica. No se sabe quien toma las decisiones. Y si es Maduro, mala señal, por su evidente incompetencia. Lo cierto es que el Ministro de Energía y Petróleo acaba de ser encargado específicamente del manejo de la economía. Y que los militares, de paso, también. No hay entonces cara visible del gabinete económico, que es multifacético. Nadie es responsable de nada. Como en otros lares de nuestra región.

Ante esa dura realidad, el gobierno “bolivariano” ha reaccionado del siguiente modo: a. fijando todos los precios de todos los bienes y servicios. Caprichosamente. Desde el 2011. Favoreciendo a unos y destruyendo a otros, como si ello no tuviera costo alguno. Los precios se “controlan” mediante publicitados -pero ineficaces- operativos cívico-militares; b. estatizando el comercio exterior. Todo es lento y burocrático. Las trabas de todo orden son -en cambio- la normalidad; c. lo mismo ocurre con la distribución y la logística. Lo que agrega frenos a un proceso exasperantemente ineficiente; d. las divisas se manejan mediante un presupuesto propio, otra vez desde el capricho y la mayor discrecionalidad. Las divisas se asignan mediante un “registro de usuarios”. Todo, queda visto, es “conducido” dictatorialmente por un Estado ciertamente incapaz. Con el riesgo cierto de sucumbir a su ignorancia y ser víctimas constantes de su corrupción.
La realidad es francamente cruel, desde que está signada por: la escasez de los productos hasta de primera necesidad; una inflación desbocada; una pérdida imparable de reservas; y la caída constante de la producción de hidrocarburos y de casi todo lo demás.
Ocurre que en el “ambiente económico” antes descripto es obviamente imposible trabajar y producir. Por esto el no demasiado sorprendente florecer de los “mercados negros”. Por todas partes.
También por esto, la oposición está formulando propuestas concretas, que pone abiertamente a la consideración del pueblo venezolano todo, aunque esté segura de que ellas caerán “en saco roto”, cuando de ser consideradas por la administración que “conduce” a Venezuela se trata.
Primero, propone asegurar el derecho de propiedad, de manera que nadie se sienta vulnerable en ese capítulo esencial de la vida de relación. Porque si ello no ocurre, simplemente no hay inversión. Desde que nadie asume riesgos absurdos. Sin inversión, nos recuerda, no hay crecimiento. Que es exactamente lo que está sucediendo en Venezuela.
Segundo, hay que dejar de financiar los gigantescos déficits fiscales con emisión de dinero. Esto supone, además, poner límites a la deuda pública, en todos sus frentes. Para ello la oposición sugiere debatir y sancionar una “ley de responsabilidad fiscal”.
Tercero, debe propenderse a la unificación progresiva de los distintos -y caóticos- tipos de cambio. Porque el presunto “anclaje” de la inflación mediante el atraso del tipo de cambio (como sabemos bien los argentinos) tan sólo genera pérdida de reservas. Tarde o temprano. Además de permanentes expectativas de devaluación. Y, por ende, las consiguientes presiones inflacionarias.
Cuarto, definir una política industrial concreta, que permita que la producción venezolana no siga cayendo y, en cambio, se entone. Incluyendo líneas de crédito a la exportación. Además de poner en marcha políticas concretas de capacitación del personal y promover concretamente la inversión nacional y extranjera, con todas las reglas y medidas que para ello siempre se requieren, esto es con normas que, lejos de generar caos e inestabilidad, proyecten confianza. Incluyendo naturalmente las institucionales. Por ejemplo, la inversión ciertamente no llega -y se escapa- cuando, en lugar de independencia e imparcialidad en el poder judicial, se advierte una sumisión ostensible de los jueces y magistrados al poder político.
Quinto, modernizar una infraestructura hoy deteriorada, al punto de estar decrépita. Con un plan ambicioso y concreto, que contemple las carreteras, puertos, puentes, aeropuertos, así como a las escuelas y hospitales. Sin ello, no se podrá aumentar la bajísima productividad de las empresas venezolanas.
Como es evidente, nada de esto puede estar en manos de “bolivarianos”, a quienes el fanatismo ideológico les impide ver la realidad tal cual ella es, a la que remplazan -es obvio- por un “relato” conveniente, publicitado a través de los medios con el que procuran justificar lo injustificable y edificar una “verdad” subjetiva, absolutamente distinta de la realidad.
Las elecciones del 8 de diciembre venidero, que se aproximan rápidamente, pueden emitir una señal clara de que la sociedad venezolana quiere un cambio. Por ello muchos las consideran un “referendo” al cuestionado gobierno de Nicolás Maduro. Veremos si quienes están en el poder aceptan el mensaje que llegue desde las urnas o se refugian en el despotismo en el que se sienten cómodos, para beneficio propio.
Mientras tanto, Nicolás Maduro ha puesto en marcha una “guerra económica” populista. Ésta consiste en obligar a vender los inventarios de productos como los electrodomésticos a precios “controlados” (sin importarle si hay, o no, ganancia) y en limitar las utilidades que, en cada caso, se permitirán a los empresarios. Más de lo mismo: la demolición de lo que queda (poco) del capitalismo venezolano. Pronto Venezuela lucirá como Cuba.

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