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domingo, 8 de diciembre de 2013

Brasil: el problema es político.

 

http://www.clarin.com/opinion/Brasil-problema-politico-economico_0_1043895688.html

Brasil: el problema es político, no económico


Por Jorge Castro . 08/12/13   

                                   
El producto se contrajo en Brasil 0,5% en el tercer trimestre de este año (+2,2% anual), con una caída de la inversión de -2,2% y una disminución de la producción agroalimentaria de -3,5%, mientras que las exportaciones, a pesar de una devaluación del real de 18%, cayeron 2,2%. Como consecuencia, la tasa de crecimiento potencial de largo plazo se ha fijado en 2% por año, o menos.
Esta situación de estancamiento estructural no es lo fundamental. Lo decisivo es la parálisis del sistema político – gobierno y oposición, Ejecutivo y Congreso – y su evidente desconcierto frente a una realidad que no controla ni comprende y que por eso lo sorprende e inmoviliza.
La crisis brasileña es tanto política como económica (crisis orgánica); y hay que distinguir en ella los aspectos cíclicos de los estructurales. Lo cíclico se refiere a la caída de la producción agrícola (-3,5%), después de la cosecha récord del segundo trimestre (187,9 millones de toneladas de granos), que transformó a Brasil en el primer productor y exportador mundial de soja, por encima de EE.UU.
Lo que importa es la tendencia de fondo, y ésta indica que la tasa de ahorro interno es asombrosamente baja (15% del PBI), con un nivel correlativo de inversión que sólo alcanza a 18% del producto, con carácter declinante.
De ahí que Brasil experimente al mismo tiempo un estancamiento de largo plazo y niveles record de inflación (6,6% anual), lo que obliga a elevar la Selic (10% anual), y acentuar por esa vía la contracción, mientras disminuye la tasa de inversión al elevar el costo de capital. La tasa potencial de Brasil es similar al nivel de expansión que tuvo en los 22 años posteriores a la crisis de 1980; y en ese período el auge del ingreso real per cápita fue igual a cero. El período 2002-2008 fue la excepción a esa situación de estancamiento secular, con una tasa de crecimiento de 4,5% por año.
Fue resultado directo de la demanda china, que modificó la pauta del crecimiento brasileño, volcándola hacia la exportación de commodities.

Al haberse desacelerado la demanda china, el estancamiento secular ha retornado.
El capitalismo tiene una tendencia al estancamiento secular porque la tasa de retorno disminuye a medida que aumenta la formación de capital. Por eso, las etapas de desaceleración tienen un carácter endógeno, mientras que las fases de expansión responden a un factor exógeno de carácter político, cuyo impulso desata nuevas revoluciones tecnológicas y revierte la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia.
El crecimiento capitalista en los países emergentes es un proceso acotado por saltos y oscilaciones de naturaleza cualitativa.
La política es la que desata la fase de expansión y posee por ello un carácter intensamente rupturista (“Se parece a una revolución”, dice Schumpeter).
China es el único país del mundo emergente que ha logrado crecer 9,9% anual durante 32 años consecutivos.
Pero hay tres episodios de desaceleración en esa trayectoria: 1991, 2000 y 2009. Frente a ellos, la conducción política desató acciones que les otorgaron un impulso de aceleración: “El viaje al Sur” de Deng Xiao Ping (1992); la incorporación a la OMC (2001) y el Tercer Plenario del 18° Comité Central del PCch (noviembre de 2013). Por eso el problema mayor de Brasil no es su estancamiento de largo plazo, sino la parálisis de su sistema político; y siendo Brasil lo que es –uno de los tres principales países emergentes hacia los que ha girado el eje de la acumulación– esta carencia adquiere un significado global.
El punto crítico del sistema mundial no está hoy en Europa ni en EE.UU., sino en los frenos estructurales de los grandes países emergentes, que en orden de importancia son China, Brasil e India.
Resolver este problema es abrir una etapa de expansión de largo plazo de la economía mundial, con características de Onda Larga, que son aquellas que duran 40/60 años en la historia del capitalismo

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