Estrategia - Relaciones Internacionales - Historia y Cultura de la Guerra - Hardware militar.

Strategy – International Affairs – History and culture of War – Military Hardware.

Nuestro lema: "Conocer para obrar"
Nuestra finalidad es promover el conocimiento y el debate de temas vinculados con el arte y la ciencia militar. La elección de los artículos busca reflejar todas las opiniones. Al margen de su atribución ideológica. A los efectos de promover el pensamiento crítico de los lectores.

Our maxim: “understanding before action”
Our purpose is to encourage the knowledge and the debate of issues connected with art and military science. Selection of articles attempts to reflect different opinions. Beyond any ideological ascription. In order to impulse critical thought amongst our readers.

miércoles, 8 de enero de 2014

¿Hacia dónde van las fuerzas armadas argentinas?

 

http://site.informadorpublico.com/?p=40543#comment-572181

Quo vadis II

 
By  - enero 8, 2014
FFAA quo vadis 2¿A dónde vas?
Quo vadis es una frase latina que puede traducirse como: ¿Adónde vas? Se dice que fue la pregunta que el apóstol Simón Pedro le hizo a su señor, Jesucristo; quien le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después”. Igualmente misterioso parece ser el rumbo que tomarán las fuerzas armadas argentinas en estos días; ya que nadie, excepto Dios, parece saberlo con certeza.
Ya nos hicimos esta pregunta hace unos años en un artículo similar. Cuando ni los decisores políticos ni sus asesores militares parecían conocer con seguridad cuál sería el destino final o deseado para nuestras fuerzas armadas. Pero parece ser que esta situación ha cambiado hoy. Por cuanto hay varios indicios respecto de que ellas, especialmente el Ejército, se abocarían a tareas vinculadas con la seguridad de la República. Más concretamente, que combatirían el narcotráfico.
Antes de seguir avanzando en ese acertijo, no debe perderse de vista un elemento objetivo: toda fuerza armada se diseña para pelear contra un enemigo concreto, preferentemente externo, y que, como tal, amenace la supervivencia del Estado; por lo tanto, ningún esbozo de estas fuerzas puede hacerse independientemente de lo que sucede o pueda suceder más allá de la voluntad política propia; vale decir, hay que considerar las intenciones de nuestros enemigos potenciales. En tal sentido, la defensa y la estrategia son disciplinas absolutamente interactivas con respecto a su entorno; en consecuencia el proyecto de una política de defensa y el diseño de las fuerzas necesarias para servirla necesitan de una prognosis sobre el futuro, expresado en la forma del tipo de conflicto a enfrentar.
Hoy, esta prognosis no es muy difícil de hacer. La guerra convencional entre Estados parece haberse abolido a sí misma. Y está siendo reemplazada por conflictos interestatales protagonizados, básicamente, por actores no estatales que están desafiando el monopolio de la violencia al Estado: Lo que constituye -precisamente- la condición sine qua non para que éste exista. Por lo tanto, no enfrentar a estas amenazas es condenarse a perecer como Estado libre y soberano. Entre ellos, se destaca por su peligrosidad el flagelo del narcotráfico, tal como ha sido caracterizado por un claro documento emitido por la Conferencia Episcopal Argentina, seguido de otro similar de nuestra Corte Suprema de Justicia.

Hombres, ideas, material

Sigo con los temas objetivos necesarios y previos a un análisis subjetivo. Toda fuerza armada se compone de tres cosas fundamentales: hombres, ideas y materiales. Y en ese estricto orden estriba su valor combativo. Creo que el primero de ellos es de suyo obvio. Nunca será igual una fuerza armada conducida por un genio militar que una comandada por personas normales o por incompetentes. Como muchas veces ha sido el caso. En este sentido, no cabe duda de que un país en peligro y llegada la hora suprema de enfrentar un conflicto armado debe apelar a sus mejores hombres. Aunque, en rigor de verdad, no puede dejar desconocerse el carácter aleatorio que este factor conlleva. Los napoleones no abundan.
El segundo de los factores, sin ser tan obvio, es más fácil de definir. Cuáles son las ideas que gobiernan el funcionamiento de una fuerza armada. Esto técnicamente se denomina doctrina y las hay para todos los niveles de conducción. Desde el político, que se materializa en un determinado sistema de control civil sobre las fuerzas armadas, hasta la doctrina táctica que esas fuerzas emplean cuando operan al menor nivel.
Finalmente, están los materiales. Los “fierros”, como los llaman algunos. En otras palabras, el equipamiento. El que va desde la media del soldado hasta el satélite de comunicaciones. Importante como es este factor y que, como tal, requiere la mayor atención, es el de menor trascendencia. No son raros los casos en la historia militar en que una fuerza militar pobremente equipada, pero con las ideas claras y bien conducida, derrote a otra mejor equipada.

El análisis subjetivo

Habiendo enunciado las condiciones objetivas para la excelencia de una fuerza armada que pueda enfrentarse con éxito al narcotráfico. ¿En qué condiciones se encuentra la nuestra?
Empezando por lo más sencillo, vale decir, por su equipamiento material. Digamos que el mismo, a la par de obsoleto (la masa de sus sistemas superan los 30 años de antigüedad) hace varias décadas que no es mantenido como corresponde. Esto que digo no debería ser una sorpresa para nadie medianamente informado. Se sabe, por ejemplo, que faltan cuestiones esenciales, como repuestos para los principales sistemas de armas y hasta sus respectivas dotaciones de munición.
No cabe duda que la guerra, como la definen algunos, es un “deporte caro”. Aunque, no se trata aquí de tener equipos del primer mundo. Lo que no estaría mal. Sí, de tener algo acorde con las capacidades del enemigo a enfrentar. Por ejemplo, una radarización completa de nuestro espacio aéreo no garantiza -per se- que no ingresen vuelos narcos. Pero constituye una primera barrera ineludible a colocar para evitarlos.
Tomándonos del ejemplo anterior, podemos sostener que tan importante como el radar de tres dimensiones, su respectivo centro de control y comunicaciones y la aeronave adecuada es tener una doctrina acorde con el problema que plantea el ingreso a nuestro aeroespacio de una aeronave civil, la que puede ser considerada hostil y -eventualmente- derribada.
Esta doctrina, como ya lo dijimos, debe arrancar desde un marco legal acorde y terminar en reglas de empeñamiento claras para el piloto de combate que eventualmente intercepte a esa aeronave. Y que no queremos que termine preso 20 años después de terminado el conflicto.
Para empezar el actual marco legal está prioritariamente preparado para que nuestras fuerzas armadas se enfrenten en un conflicto armado contra otras fuerzas similares que pertenezcan a otro Estado agresor. Dicho esto, no se puede negar que en dicha legislación se dejaron “ventanas” abiertas para que estas fuerzas puedan ser empleadas en cuestiones de seguridad interior. Pero, no se lo ha hecho en forma coherente. Por cuanto le prohíben a esas mismas fuerzas tanto prepararse como equiparse para enfrenar estas situaciones. A la par que se las inhibe de hacer la inteligencia interna necesaria. En otras palabras: serían como un elefante en un bazar y, para colmo de males, con los ojos vendados.
Para un profesional de la guerra enfrentar a un enemigo en un conflicto a muerte para el cual uno no se ha preparado previamente es simplemente suicida. Ya lo dice el aforismo militar: “las batallas se ganan en los preparativos.” Ergo, nadie puede pensar salir victorioso de un enfrentamiento para el cual no se preparó ni se equipó adecuadamente.
Yendo a nivel inferior, vale decir, al operacional, el que tiene entre manos las cosas concretas. Y asumiendo como condición previa que se dispone de un nuevo marco legal adecuado que lo permita. A par de una clara voluntad política, no ya de sólo el partido gobernante, sino de toda la comunidad política. Pasamos a hablar de las estrategias para combatir el narcotráfico.
Al respecto, hay varias recetas. Está la mexicana, basada en el descabezamiento del liderazgo narco. La que al parecer no está dando los resultados esperados, a la par que ha generado altísimos niveles de violencia recíproca. Está la receta colombiana, la que es exitosa para algunos, pero que considero que no es aplicable a nuestro escenario argentino. Por cuanto Colombia enfrenta un caso particular, cual es un narcotráfico asociado con una guerrilla rural de larga data.
Me gusta el modelo brasileño. El que, por otra parte, es el que emplean nuestras fuerzas de paz en Haití, con éxito desde hace varios años. Se trata de un enfoque multidisciplinario, que no considera el componente militar como el prioritario. Todo lo contrario, lo subordina a las realidades sociales insoslayables que vienen asociadas al fenómeno del narcotráfico. Usa lo militar como un corset de apoyo, que sostiene y protege a las fuerzas más blandas como las policiales y las de acción social.
Sabemos que ya tenemos varios batallones de infantería que han hecho su experiencia en Haití. Esperemos que las autoridades militares tengan en cuenta esta valiosa experiencia.
Nos queda por último el tema de los hombres. ¿Tienen las fuerzas armadas los hombres para la tarea? Difícil como es la respuesta, conviene hacer algunas distinciones.
Para empezar, no me cabe duda que una cúpula militar seleccionada a dedo en base a méritos políticos no es lo mejor para enfrentar un conflicto que exigirá prudencia y aplomo por parte de los jefes militares, a la par de finos conocimientos profesionales.
Por otro lado, los integrantes de estas fuerzas hace una década que vienen sufriendo un ninguneo continuo. Sucesivas administraciones del Ministerio de Defensa han buscado eliminar su espíritu de cuerpo por considerarlo corporativo. No han visto o no han querido ver que es -precisamente- este espíritu el que separa una fuerza armada de una mesnada de improvisados. Más que destruirlas se puede afirmar que han buscado domarlas. Lo que es peor. Lo que ha tenido y tiene resultados desastrosos. Han querido disponer de dóciles funcionarios de uniforme; hoy necesitan soldados y guerreros.

Colofón

Aun con la conducción política y militar correcta demandará un tiempo que estas fuerzas recuperen su orgullo y su moral de combate.
Para el bien de la República, hago votos para que el espíritu sanmartiniano, el que sostuvo que para un militar no puede haber más partido que el de la Patria, y que sé que vive en los corazones de los integrantes de nuestra juventud militar, aflore y algún día se haga cargo.