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jueves, 23 de octubre de 2014

Uruguay: ¿Giro a la derecha?



Uruguay, ¿rumbo a lo impensable?


Álvaro Vargas Llosa - octubre 23, 2014

No se le está prestando en América Latina la debida atención a Uruguay. No, no me refiero a la justificada expectativa por el inminente regreso de Luis Suárez a las canchas de fútbol con el Barcelona FC luego de su draconiana sanción sino a las elecciones que tendrán lugar en una semana.

Las encuestas confirman que habrá balotaje y que Luis Lacalle Pou, del opositor Partido Nacional, ya supera al Frente Amplio de cara a esa segunda vuelta. Las consecuencias de la salida del poder de la izquierda frentista serían continentales.

La última encuesta indica que Tabaré Vázquez, con 42%, obtendrá cinco puntos menos que la suma de Lacalle (32%) y Pedro Bordaberry (15%), el candidato del Partido Colorado, una tendencia que no se ha detenido. En segunda vuelta, Lacalle ya vence a Vázquez por un punto. El Frente Amplio perderá su mayoría absoluta en ambas cámaras después de 10 años de un dominio parlamentario férreo y empieza a ser concebible una mayoría de la actual oposición.

La clase media que se benefició del “boom” de la última década -y del capital que huyó despavorido de la vecina Argentina: algún día harán un monumento a los Kirchner en Montevideo-, está cansada. ¿De qué? De tres cosas: la inseguridad, la mala educación y los impuestos, bajos en comparación con otros países latinoamericanos pero altos para un país con sentido de la propiedad. Ah, y también de la corrupción, menor que la latinoamericana pero excesiva para un país con sentido ético. El caso de “Pluna”, línea aérea de bandera liquidada en 2012 que ha costado la cárcel a algunos socios, se ha vuelto emblemático.



¿Qué consecuencias tendría la derrota del Frente Amplio? Depende de lo que pase en Brasil el domingo 26. Si el Partido de los Trabajadores de Dilma es desalojado del poder, lo de Uruguay será devastador para la izquierda porque marcará tendencia y dejará a los cuatro jinetes del Apocalipsis (Maduro, Morales, Correa, Ortega) aislados. No olvidemos que la clave del poder que tuvo el populismo autoritario en el subcontinente fue el compañerismo de ruta de los moderados. Sería un punto de inflexión para América Latina. ¿Y qué sucedería si el Frente Amplio es derrotado en Uruguay pero Dilma araña una victoria este domingo en Brasil? Las consecuencias no serían menores. Lacalle ya ha dicho que quiere vincularse a la Alianza del Pacífico y aumentaría el abismo que separa a Montevideo del Mercosur. En ese caso, Dilma, que estará presionada por un Brasil claramente impaciente con sus políticas, se verá en un disparadero: seguir sacrificando lazos exteriores -por ejemplo, con la Unión Europea- por lealtad al Mercosur mientras el liliputiense Uruguay da lecciones de cómo hacer las cosas (con previsible aprobación de la prensa brasileña) o usar a Uruguay como dispensa para justificar su propia independencia (disimulada) frente a sus costosísimos socios.

Para Chile, que sigue apostando por compatibilizar al Mercosur y a la Alianza del Pacífico a pesar de que Evo Morales continúa lanzando feroces dicterios contra esta última, la derrota del Frente Amplio sería muy inconveniente. Santiago sabe, en el fondo, que entre Maduro y las democracias liberales de la Alianza no hay compatibilidad de modelos políticos y económicos, pero mientras subsista una izquierda moderada en el poder en Sudamérica tendrá siempre la posibilidad de mantener ese discurso ecuménico. Si una izquierda moderada como la de Uruguay sale del poder y la reemplaza una centroderecha con tendencia a estrechar lazos con la Alianza, el discurso chileno puede quedar descolocado. Lo que decía: no perdamos de vista a Uruguay.