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domingo, 15 de febrero de 2015

La odisea de los cristianos en Medio Oriente.





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El peor escenario de la era cristiana.








Gustavo Sierra


Honores en la iglesia ortodoxa de Damasco. Cristianos masacrados en Maaloula, Siria.
Tomamos la “carretera iraní”, construida en el valle de Bekaa, en la frontera entre El Líbano y Siria, con fondos de Teherán y repleta de carteles de los líderes shiítas iraníes, y nos desviamos a Ras Baalbek, un pueblo cristiano que alberga el monasterio de la Virgen Milagrosa, construido en el siglo IV bajo Constantino. En toda esta zona, a cada lado de la frontera hay conventos y ermitas. Y éste permaneció por siglos bajo el arzobispado ortodoxo de Homs, en Siria, y hermanado con el pueblo cristiano sirio de Maaloula, atacado por milicias del grupo extremista de Al Nusra y por el ISIS en los últimos dos años. Es el último pueblo de Medio Oriente donde aún se habla el arameo, la lengua de Jesús.

“Estamos preocupados por Maaloula. Estamos en contacto muy seguido. Desde acá se oyen los bombardeos del otro lado de esa colina, territorio sirio”, cuenta el sacerdote George Dallal, uno de los dos curas de la orden de los Basilios Alepinos, a cargo del monasterio. “Esta zona siempre fue un paso de contrabandistas, caravanas y de los ejércitos de Medio Oriente. Ahora la usan los diferentes combatientes de Siria. Los vemos cruzar por esa montaña”, comenta el padre George.

En este “oasis” cristiano dentro del “Hezbollahstán”, ese territorio libanés dominado por milicias musulmanas, aún no cayeron las bombas pero se está convirtiendo en un sitio de refugiados cristianos que huyen de Estado Islámico. Los extremistas del ISIS impusieron la sharía (ley coránica) en un vasto territorio entre Siria e Irak y el dominio sobre dos millones de personas. Ras Baalbek está en el epicentro de lo que se ve como uno de los períodos más difíciles que hayan atravesado los cristianos de Medio Oriente desde que Jesús fue crucificado.



De Irak ya salió la mitad de los cristianos. En Egipto se vive la peor persecución desde el sultanato de los Mamelucos, en el siglo XIII. En el califato del ISIS, o se convierten o pagan impuestos leoninos o mueren. Los cristianos son hoy el 5% de la población de esta región:hace un siglo eran más del 20%.

En Irak los cristianos caldeos gozaban de una total libertad bajo Saddam Hussein. Eran los dueños de todas las licorerías de Bagdad y buena parte de los restaurantes a orillas del río Tigris. Después de la invasión estadounidense comenzó la presión por parte de los fundamentalistas tanto sunitas como shiítas. Recuerdo cuando entré por la puerta de atrás de la sastrería de unos cristianos de Bagdad porque era muy peligroso que algún vecino viera allí a un periodista. Luego comenzaron los atentados contra los comercios y más de 60 iglesias. La catedral caldea está semidestruida. Al Qaeda envió un suicida que se hizo explotar en la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en plena misa. Murieron 58 personas y más de cien fueron heridas. Hasta que entró el ISIS en Mosul, al norte de Irak, con la mayor población cristiana. El arzobispo, Paulos Faraj Rahho, fue secuestrado, torturado y su cuerpo apareció en pedazos en un tacho de basura frente a la puerta de su iglesia. Del millón y medio de cristianos iraquíes apenas permanecen en su patria unos 400 mil. Mofed y Nuhad, un matrimonio de cristianos refugiados en Líbano, contaron que cuando entró un comando del ISIS a su comercio de fotografía en Mosul les dieron tres opciones: convertirse al islam, pagar “jizya”, el impuesto para los “dhimmini” no creyentes, de 70.000 dólares por persona, o morir decapitados. Se decidieron por la opción de huir.

Los cristianos de Siria constituían el 8% de los 22 millones de habitantes, hoy más de medio millón de cristianos forman parte de la legión de dos millones de refugiados en El Líbano y Jordania. En Jordania, los cristianos, el 4% de la población, mantienen cierta tranquilidad. Y en el Líbano sostienen el frágil equilibrio surgido de la guerra civil que les da la presidencia del país y la mitad del parlamento. Pero en el bíblico Monte Líbano, epicentro de los católicos maronitas y los griegos ortodoxos, se concentran los refugiados de toda la zona. Se teme que el Monte se convierta en el último bastión cristiano de Medio Oriente.

G. Sierra es autor de Bajo las bombas y El cartel de Bagram.