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miércoles, 6 de enero de 2016

LA INUTILIDAD DE LAS BOMBAS ATÓMICAS













por Carlos Pissolito

Existe, en forma extendida, entre los aficionados a la Estrategia la creencia errónea respecto de que la posesión de un arma atómica otorga una suerte de talismán de invencibilidad.


Nada más alejado de la realidad. Veamos los hechos.

El primero y más evidente es que ellas no le han otorgado ninguna ventaja a sus poseedores. Por ejemplo, cuando los EEUU ejerció la posesión de su monopolio, no le impidió tener que ceder a China la mitad de la Península de Corea, aunque ésta última no tuviera "la bomba".

Lo mismo le ocurrió a los EE.UU, a Rusia y China -cuando estos dos últimos ya la poseían, en sus respectivas intervenciones en Vietnam, Afganistán y otra vez en Vietnam.

Tampoco le sirve de mucho, actualmente, al Estado de Israel, el que no puede vivir en paz desde hace años con sus vecinos y debe apelar a toda una parafernalia de armas y tácticas.



¿Y cuál es la razón de esto?

Una muy simple: las armas atómicas no pueden ser utilizadas, porque son extremadamente destructivas. Mucho más si mi adversario, también,  las posee; pues en ese caso, lo único que queda asegurado, es la destrucción mutua.

Sin mencionar que el vencedor es quien se tiene que hacer cargo de los costos de la reconstrucción, tal como le ocurrió a los EEUU, tras Hiroshima.

¿Y entonces porque hay países que las poseen y con ello han obtenido un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU?

Simplemente, la organización del CSNU responde a una realidad política ya superada, la de fines de la 2GM.  Una que, más pronto que tarde, esta realidad deberá ser cambiada para reflejar las nuevas realidades.

¿Y entonces porque otros países como Pakistán, la India y Corea del Norte gastan fortunas en tenerlas?

Aquí solo cabe contestar como lo hizo el Presidente de Pakistán, Ali Buttho, padre de la bomba atómica se su país, cuando prometió que Pakistán tendría la bomba atómica aunque los pakistaníes tuvieran que comer pasto. Para desgracia de su país, Bhutto, cumplió con ambas promesas.

Más grave es el caso de Corea del Norte que literalmente hace vivir a millones de sus habitantes en situaciones de hambre para disponer de estos artefactos.

Para estos países la única utilidad posible sería la de negociar su desarme nuclear a cambio de ventajas comerciales, tal  como la ha hecho recientemente Irán. Algo que el delirante dictador de Corea del Norte parece no comprender muy bien. Pues en el hipotético caso que usara sus 5 o 10 bombas atómicas contra alguno de sus vecinos, la respuesta de sus enemigos sería tan aterradora, ya que convertiría  su país en una playa de estacionamiento por los próximos 500 años.

En muy pocas palabras: un arma atómica es como un auto caro estacionado frente una casa pobre.