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jueves, 13 de abril de 2017

PODER AÉREO: NADA HA CAMBIADO.










por Carlos Pissolito

Nos enteramos por los mass media, con pocos días de separación, que las fuerzas armadas de los EEUU han hecho uso de los denominados misiles inteligentes y de la bomba más grande que tienen en sus arsenales.

No pocos analistas bien informados no dejan de sorprenderse de la poca precisión de las primeras- es decir de las supuestamente inteligentes y de los daños colaterales producidos por la segunda, la grande.

A ellos les decimos que nada ha cambiado y que desde un principio ha sido siempre así. Veamos.

Cuando a principios del Siglo XX, Italia invadió Libia, lo hizo con 13 aviones y varios dirigibles entre sus sistemas de armas. Esta pequeña fuerza aérea logró, desde un primer momento, lo que los técnicos denominan como el "control del espacio aéreo" . No era de extrañar, pues los libios carecían tanto de máquinas voladores como de armas para derribarlas.

Con esta libertad de movimiento a su favor los italianos se dedicaron a realizar misiones de reconocimiento aéreo, dejaron caer granadas de mano desde sus dirigibles y otras tareas afines desde el aire.
No habiendo visto nunca una máquina voladora, muchos soldados enemigos corrían ante su mera aparición. Pero, más adelante los más valientes entre ellos comenzaron a recurrir a una suerte de guerra de guerrillas para enfrentarse a elloes. Y las cosas cambiaron.

Pronto, los invasores, pese a su dominio absoluto del aire, debieron multiplicar sus tropas de infantería sobre el terreno. Y lo que sería una campaña relámpago se prolongó por 21 años y las 10.000 tropas iniciales se transformaron en un cuarto de millón.

El poder aéreo actual ya no se compone de desvencijadas máquinas hechas de madera, alambre y tela. Lo conforman una formidable familia de jets de alta performance, satélites, misiles de crucero y vehículos no tripulados, todos usando sensores sofisticados que los guían hacia sus a sus blancos.

Pese a todos estos cambios tecnológicos los resultados de las nuevas campañas de Irak, de Afganistán y de Siria parecen no ser muy distintos que los logrados por el Mariscal Rodolfo Graziani, quien fuera  apodado como el "Carnicero de Fessan", en esa lejana campaña libia.


¿Se estará repitiendo la historia? Le dejamos a usted estimado lector la respuesta.

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