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sábado, 10 de junio de 2017

En una semana de junio...





por Carlos A. PISSOLITO

Un 14 de junio de 1982 el General Mario Menéndez, Gobernador de las Islas Malvinas, se rendía a su enemigo el General Jeremy Moore, comandante británico de la fuerza de tareas más grande movilizada por ese imperio en decadencia desde la 2da GM.

Hoy, en el mismo mes de junio, nuestro país parece volver a rendirse. No ya ante un jefe militar victorioso. Sino, simplemente,  ante una serie de circunstancias adversas.

Uso la palabra rendición porque rendirse, en última instancia, implica obedecer, sin alternativa, a una voluntad que no es la propia y que se nos impone. Como parece ser este el caso.

Todas las comparaciones son odiosas. Pero, creo que ésta nos deja de presentar aspectos interesantes. Veamos.


Para empezar, nos rendimos ante el narcotráfico. Sumándonos al coro de los pusilánimes que dicen que esa es una guerra que no se puede ganar. Me pregunto cómo vamos a ganarla sin siquiera proponérnoslo y si nos damos de antemano por vencidos.

Para seguir bajamos los brazos ante la pobreza que nos invade por los cuatros costados. Decimos que vamos a urbanizar la villas, cuando en realidad lo que hacemos es "villanizar" cada vez más a nuestra empobrecida clase media.

Como si esto fuera poco, también, renunciamos a vivir en concordia y ensanchando todos los días la grieta agitando todo aquello que nos separa.

Durante la Guerra de Malvinas se jugaba una la Copa del Mundo en España. Lo que llevó a muchos de nosotros a no percibir la gravedad de lo que realmente estaba pasando.

También, hoy, nos quieren convencer de que las victorias deportivas -por otro lado cada vez más lejanas- nos podrán compensar de las pérdidas que sufrimos.

Por aquellos días, el General Fortunato Galtieri  no tenía ni una estrategia ni un plan. Envió a sus brigadas a combatir a un clima subtantártico sin abrigo ni el equipo adecuado, por ejemplo.

Hoy, tampoco, parece ser el caso. No hay verdaderas políticas de Estado. Ni en educación ni en salud ni en Defensa. Es decir en las cosas que realmente importan.

Obviamente, hay diferencias entre la guerra y nuestra vida cotidiana. No es lo mismo rendirse en un campo de batalla, tras una dura lucha, que hacerlo ante los problemas cotidianos de nuestra existencia. Para lo primero hace falta el valor de los días, para lo segundo el valor de todos los días.

Pero, como lo dicen los árabes: la verdadera medida de tu talla está dada por la estatura de tus enemigos.

Pero, volviendo a las similitudes entre aquel 14 de junio de 1982 y este de 2017, hay una muy interesante. Las tropas argentinas combatieron con lo que tenían e hicieron lo que pudieron. El Dios de las batallas no quiso concedernos la victoria. Hoy como ayer, nosotros tenemos que hacer lo mismo seguir luchando contra toda esperanza.

Pues no está en nosotros conferirnos la victoria. Aunque, sí sabemos que resistir y vencer cada día es la mejor forma de alcanzarla. En ese sentido, me pregunto: ¿Cómo seguirá esta historia?
De lo que si estoy seguro. Es que la remontada será dura y larga. Simplemente para volver a ser lo que alguna vez supimos ser.

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