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domingo, 10 de noviembre de 2013

La próxima guerra es contra el Narco.


 
 
 
 


EL PRÓXIMO CONFLICTO.


Por Lucio Falcone

La elección del enemigo
Tal como le puede suceder a cualquier organismo defensivo, desde un glóbulo blanco a una división blindada, no siempre uno tiene la suerte y el privilegio de elegir a sus enemigos. Muchas veces, simplemente, tiene que lidiar con lo que aparece y se nos pone en frente y nos desafía.
Este parece ser el caso del narcotráfico y la República Argentina. Simplemente, se ha presentado, reclamando nuestro honor, nuestra hacienda y la vida de nuestros hijos.
No tenemos otra alternativa que presentarle pelea. O entregarnos. Tal como lo acaba de plantear en forma magistral el documento del Episcopado Argentino:

"La Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno. Si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio. Es cierto que el desafío es enorme y el poder de corrupción y extorsión de los grupos criminales es grande. Pero no es verdad que “nada se puede hacer”.[1]

El tema es cuál sería la forma más eficiente y efectiva para enfrentarlo y, eventualmente, derrotarlo. Veamos.


Un breve cuadro de situación

En pocas palabras: el narco se ha instalado en la Argentina. No hay estadísticas oficiales confiables. Pero, no hay que ser un experto para percibirlo. Basta con un buen zapping por nuestros noticieros. O leer el excelente documento al que hacíamos referencia al principio.

¿Qué implica esta instalación? Empezando, por un lado, una masa creciente de consumidores; siguiendo, por una red de distribución, y al final el núcleo duro de los narcotraficantes con sus ramificaciones externas.

La masa de consumidores se puede, a su vez, subdividir en dos grupos. El de alta gama dedicado al consumo de drogas de alta calidad como la cocaína y las drogas de diseño y el de baja condenado al uso de drogas de pésima calidad como el “paco”. Muchos de los que integran esta masa de consumidores, especialmente los de baja gama, componen, por necesidad, la red de distribución para poder afrontar los costos de su vicio.

Por su parte, el narcotráfico es un sistema de organización mafioso que necesariamente necesita e incluye la complicidad de funcionarios políticos, burocráticos y policiales destinados a prevenirlo y a combatirlo. Obviamente, tiene una conexión internacional, tanto productiva, como operativa y financiera que le permite atacar como un pulpo desde varias direcciones. Su gran ventaja son la iniciativa propia de toda libre empresa, la inmensa cantidad de recursos financieros que maneja y su capacidad de adaptación. Sus puntos débiles saltan a la vista sólo cuando se enfrenta a un enemigo decidido.


Los tres factores

En todo conflicto humano como el que plantea el narcotráfico se superponen tres factores. El moral, el psicológico y el físico. El moral es por lejos el más importante, ya que habla de las razones del conflicto; el físico que es el mero ejercicio de la fuerza y el psicológico, en el medio, que son los sentimientos que este ejercicio físico produce. Un error común es focalizar el conflicto en uno solo de estos factores. Generalmente, en el más evidente, que es el físico.

El nivel moral se relaciona con la legitimidad de la lucha. Trata sobre los porqués. Como tal es propio del nivel político de conducción. Y se materializa en la voluntad política de luchar.

Por su parte, el psicológico o mental, tiene que ver con los sentimientos asociados al conflicto. Como el amor, el odio o el miedo.

Finalmente, el físico trata con las realidades tangibles del conflicto. Es la lucha. Habla de enfrentamientos, operativos y procedimientos.

Resumiendo, a los factores mencionados lo podemos identificar fácilmente. El moral, está encarnado por la autoridad política, al mental por la disposición de la población y al físico con las fuerzas que libran la lucha contra el flagelo del narcotráfico.

En función de lo expresado, para vencer en un conflicto, en función de los factores enunciados, es necesario contar con la superioridad moral, ganarse el apoyo psicológico de la población y accionar eficazmente en el plano físico contra el agresor.

El Estado, ese gran ausente

Si el narco se configura como una red de actores no-estatales que tiene como blanco a una población determinada. El Estado es su lógica contraparte dialéctica. Pues, es este Estado, tanto la muralla que el narco debe perforar para acceder a sus consumidores, como la única organización que puede detenerlo. Desde la perspectiva, histórica y política, que debe ser el único en ejercer el monopolio de la violencia.

Es solo mediante la obtención de la complicidad de quienes integran los estamentos del Estado que el narco puede avanzar y prosperar. La misma la logra mediante la compra de las voluntades necesarias, y llegado al extremo, mediante la eliminación física de éstas. En este sentido, el narco no busca reemplazar al Estado, solo neutralizarlo. Preferentemente, por las técnicas soft de la compra de voluntades.

Para facilitar la neutralización estatal, el narco, también, libra una campaña de acción psicológica en los planos mental y moral. Para ello usa gurúes, pensadores y periodistas que sostienen –indirectamente- puntos de vista favorables a sus intereses. Por ejemplo, argumentan que una necesaria ley de derribos funcionaría como una condena de muerte. Cuando esto no es cierto, ya que este procedimiento abarca varias instancias previas al derribo.

Basta que el Estado se organice para que el narco evalúe dejar ese territorio y dirigir sus operaciones a otros más favorables u opte por librar un conflicto frontal físico.

El factor moral

Los abusos de autoridad cometidos por el Proceso Militar en la década de los años 70 nos trajeron, como contrapartida y como error simétrico, el descrédito que hoy vive toda autoridad legítima en la Argentina. Todo un tema que ya hemos tratado en otros artículos. Basta que un rector, por citar solo un caso sencillo, imponga amonestaciones a un alumno por un hecho disciplinario grave, para que éste sea acusado de fascista y comparado con un genocida. Hemos confundido autoridad con autoritarismo.

Si queremos comenzar a ganar la guerra contra el narco deberemos, primero y antes que nada, restaurar el verdadero sentido que posee toda autoridad legítima. Desde la que practican los padres, a través, de la patria potestad; hasta la que ejerce el Estado mediante la observancia del imperio de la ley.

Los padres, los maestros, el Estado debe instalar y defender la idea de que tienen la razón y los motivos morales suficientes para librar este combate contra el narco y todas sus manifestaciones concomitantes.

En forma paralela, se le exigirá a toda autoridad una necesaria ejemplaridad. Las palabras convencen, los ejemplos arrastran. En ese sentido, todo funcionario corrupto deberá ser detectado removido y juzgado en consecuencia.


El factor psicológico

Una vez reconquistado este terreno de la superioridad moral. Será necesario convencer, vale decir contribuir en la educación de la población. Ya que toda verdadera autoridad tiene por su propia naturaleza una función docente. La que deberá ejercer en plenitud. En un marco de libertad, pero – a la vez- de respeto. No se trata de imponer un modelo único de sociedad, sino de establecer normas de convivencia civilizada. Basadas en el respeto mutuo y en el imperio de la ley. Nadie podrá reivindicar para sí una conducta ilegal. Como, por ejemplo, tomar un colegio, agredir a una autoridad o justificar la comisión de un delito para elevar una protesta legítima.


Estas acciones son la que contribuirán a generar las condiciones favorables para combatir la “ética” del narco. Basada en: “con mi vida hago lo que quiero”. Un adolescente, o un niño, que está contenido por sus autoridades naturales (padres, maestros) se encontrará siempre mucho más protegido que uno que no lo está para resistir la tentaciones del consumo que le propone el hábil merchandizing del narco.

Con estas acciones comenzaremos a retomar la lealtad de nuestros desencantados conciudadanos hacia sus funcionarios. Lo que nos permitirá aislar al narco de la población en la cual vive, se nutre e infecta. Serán estos mismos ciudadanos, quienes al comprender, la seriedad de nuestras intenciones nos ayuden a combatirlo.

En este plano, también, hay que incluir a las necesarias acciones para reparar la acción causada en los individuos por la droga. No se trata de una lucha contra los drogadictos. Ellos son víctimas que deberán ser atendidas en centros de recuperación adecuados. Los que hoy no existen. Por lo que habrá que crearlos y administrarlos. Entre otras cosas, para romper el ciclo de consumidor-distribuidor.

El factor físico

Finalmente, tenemos el factor físico. Que como ya dijimos es el menos importante. Pero, uno que debe ser ejercido eficientemente. Los primero a descartar es la inútil división existente en nuestra legislación entre defensa (peligro externo) y seguridad (peligro interno). Cuando un Estado es atacado por un poderoso enemigo como el narco, el que tiene vinculaciones externas, no puedes ser solo enfrentado con las fuerzas policiales. Las que están en estos momentos, dicho sea de paso, coptadas y superadas por el narcotráfico.

Se hace necesario el empleo de todos los recursos disponibles del Estado. Lo contrario sería suicida. Las fuerzas armadas entre ellos. No ya en su función tradicional, sino adiestradas, equipadas y organizadas para esta lucha.

Si los policías por su formación especializada deberán ser la primera línea de combate, los militares deberán ser el respaldo de las primeras. No solo con sus medios técnicos (radares, aviones, etc.), sino operativamente ayudando a retomar los espacios perdidos por el Estado frente a las organizaciones narco.

Tal como lo hacen otros países (Brasil, Colombia) y lo hacemos nosotros en nuestras misiones de paz (Haití) nuestros policías y soldados deberán aprender a trabajar juntos y a ejercer niveles variables del uso de la fuerza.

Para ello será necesario tener una legislación adecuada (ley de defensa, reglas de empeñamiento, etc.); establecer un sistema coordinado de barreras (controles fronterizos, controles bancarios y financieros, control de las substancias precursoras, etc.); y crear organismos oficiales ad hoc para el combate del narcotráfico; a saber: una especie de FBI que se encargue de la persecución legal de los narcos y de una DEA que coordine las acciones físicas contra ellos.


Conclusiones

Como única conclusión alzamos el guante lanzado por el duro documento del Episcopado Argentino. No cabe duda que algo puede y debe hacerse frente al desafío que plantea el narcotráfico. Ninguna verdadera autoridad, y el Estado lo es, puede admitir ser desafiado impunemente. Le agregamos de nuestra cosecha y en el mismo sentido; que unas pocas gotas de sangre derramadas a tiempo, pueden ahorra muchos litros de ella.


(1) El drama de la droga y el narcotráfico. http://www.episcopado.org/portal/actualidad-cea/oficina-de-prensa/item/845-el-drama-de-la-droga-y-el-narcotráfico.html

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