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jueves, 12 de diciembre de 2013

FFAA argentinas: ante los cuernos de un dilema.



Dicen los estrategas que hay que colocar al enemigo frente a los cuernos de un dilema. Si uno quiere ganar. Ergo, por contrapartida simétrica, no hay nada peor que estar uno mismo frente a uno.

Tal es el caso de nuestras fuerzas armadas, hoy. Ante un cada vez más probable empleo en tareas de seguridad interior.

Dilema porque si no actúan, si esto les fuera requerido, pondrían al país al borde de la anarquía. El que es -como todo reconocemos-el peor de todos los escenarios malos. Por otro lado, si actuaran, se expondrían a varios peligros. A saber: el escarnio, si su actuación no fuera impecable o aún si siéndola, porque se enfrentarían al rechazo de una sociedad que podría no haber superado sus prejuicios del pasado. A la par, de pasar a ser una herramienta al servicio de un poder nacional que no ha sabido mostrar, hasta hoy, la prudencia y el aplomo ante estas circunstancias. A la par, de haber sometido a estas fuerzas a un absurdo programa de erosión y minguneo permanente.

La historia y la doctrina política desde Tucídides a Max Weber le atribuyen a los militares ser la última ratio y el sostén final de toda potestad humana. Allí radica, precisamente, su fuerza y su potencial peligro para la sociedad que los cobija. Ya se lo preguntaba Platón cuando decía: ¿Quién nos cuidará de nuestros guardianes?

De este hecho tremendo se deriva la justificación de la disciplina castrense. La que tiene que ser férrea y responder a un comando único y vertical. Por este motivo. Los militares no pueden ser democráticos ni estar sindicalizados en modo alguno. No son simples ciudadanos de uniforme. Aunque, estén al servicio –circunstancial- de la administración gubernamental legítimamente constituida, de turno.

Ahora bien, este poder estatal no los puede ni los debería emplear en la defensa de fines mezquinos. Todo lo contrario, solo un grave peligro justificaría su empleo. Nunca una conveniencia partidaria.


EL ADMINISTRADOR.