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sábado, 22 de febrero de 2014

La Primavera global.


 

http://site.informadorpublico.com/?p=41984

¿Hacia una primavera global?

By Lucio Falcone- febrero 21, 2014





Del Magreb a Ucrania y vuelta
Cuando el verdulero tunecino Mohamed Bouazizi, conocido familiarmente como “Basboosa”, se inmoló a lo bonzo en el frente a la municipalidad de su ciudad, Sidi Bouzid, en el invierno del 2010, nadie pensó en las inmensas repercusiones que este particular hecho de protesta tendrían. Al fin al cabo, protestas hay en todos lados y estallan todos los días. Pero ésta sería especial. Pues, sería recordada como el inicio de la denominada Primavera árabe.

La chispa encendida por Basboosa se extendió como un reguero de pólvora, ya que a partir de ella se sucedieron grandes revueltas populares en todas las ciudades tunecinas; para extenderse luego a Egipto, Libia, Yemen, Bahréin, Siria, Argelia, Irak, Jordania, Kuwait, Marruecos y Sudán; También, aunque con menor intensidad en el Líbano, en Mauritania, en Omán, en Arabia Saudita, en Djibouti y en el Sahara Occidental; a la par de protestas a cargo de las minorías árabes en países como Israel y la región persa del Juzestán.


Pronto, los gobiernos de Túnez y Egipto fueron pronto arrasados por el incendio; mientras que el titular del de Libia fue simplemente asesinado. A la par, que el de Siria comenzó a ser cocinado a todo vapor. Y otros, como el de Turquía, el de Bahréin y el de Irán a fuego lento, por ahora.

Eventualmente, con el tiempo el fenómeno de las primaveras árabes pasó a ser asociado con todo movimiento de carácter reivindicatorio no organizado y que tuviera por finalidad peticionar ante las autoridades. Vinieron así los “Indignados” españoles, los “Occupy Wall Street”, las protestas mineras en Sudáfrica. Incluso, nuestros cacerolazos criollos y, ahora, los serios disturbios callejeros que sacuden las calles de Caracas y de Kiev, amenazando con sendas guerras civiles.

En todos estos casos, se pueden reconocer algunos rasgos comunes. En primer lugar, los que protestan son mayoritariamente jóvenes. Los que, paradójicamente, parecen estar educados pero, a la vez, sufren alguna forma de desempleo. Muchos de ellos han pertenecido o aun pertenecen a las clases medias urbanas de sus respectivos países. Probablemente por ello, es casi todos posean un teléfono celular inteligente, uno que les permite comunicarse en tiempo real en las denominadas redes sociales de Twitter, Facebook e Instagram. Las que han convertido en una potente herramienta de coordinación para estos movimientos.

Obviamente, que en los países donde estos fenómenos han tenido lugar, hay situaciones de corrupción gubernamental, poca libertad de expresión y; fundamentalmente, gobiernos que se sienten dueños de un discurso único que no admite disidencia alguna.

Causa, condición y circunstancia

Recientemente, han aparecido diversas hipótesis que pretenden explicar el fenómeno. Desde las casuísticas a las conspirativas. En el borde de estas últimas se ubican las denominadas teorías del “golpe de Estado blando”. La que sostiene que si antes los coupes d’Etat los daban los militares con sus tanques. Hoy los dan los mal incluidos o los excluidos en las calles organizados por sus redes sociales.

“La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado. Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas”. Sostiene Gene Sharp un filósofo norteamericano conocido por su obra en defensa de la no violencia como forma de toma del poder. Sharp es autor del un ensayo titulado “De la Dictadura a la Democracia. Un sistema conceptual para la liberación”, que explica el método para derrocar gobiernos mediante la resistencia pasiva. El que se encuentra disponible en formato PDF en Internet.

Por su parte, su ONG, el Instituto Albert Einstein, ha sido señalado por haber promovido lo que se denominó, en su momento, las “revoluciones de los colores”. Las que fueron llevadas a cabo en repúblicas ex soviéticas contra líderes dictatoriales como los de Georgia y Ucrania, a principios del siglo XXI.

Los más osados, la ha vinculado a los esfuerzos de la diplomacia pública de los EE.UU. Que emplearía una mezcla de acción psicológica, ayuda humanitaria y ONGs para crear el clima revolucionario necesario en esos países y proceder a un cambio de régimen. Cabe resaltar que esta variante de la diplomacia está destinada a influir, no ya en los gobiernos extranjeros, sino en los públicos internos de las naciones sobre las que se quiere influir. En este sentido, no puede negarse la gran influencia, real o ilusoria, que han ejercido y que ejercen los EE.UU. en la cultura contemporánea.

Volvamos a Sharp. El sostiene que estos golpes se deben desarrollar en cinco etapas. A saber:

Una 1ra etapa: que consiste en generar un clima de malestar.


Una 2da etapa: en la que se procede a desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos; a la para que se acusa al gobierno de corrupto.

Una 3ra etapa: en la que -efectivamente- se inicia con la lucha activa mediante marchas, protestas, manifestaciones y otras técnicas que son descriptas en el apéndice de su obra.

Una 4ta etapa: en la que se llevan a cabo operaciones de acción psicológica contra el gobierno, poniendo en juego la gobernabilidad del sistema.

Y una 5ta etapa final: en la que se tiene por finalidad exigir y forzar la renuncia de las autoridades de gobierno o, en su defecto, instaurar una guerra civil prolongada.

Nos preguntamos: ¿Todo esto es posible? ¿Se puede infiltrar un país desde el exterior y darlo vuelta como un guante? Creo que no, al menos, en términos absolutos. Sería una suerte de reedición fenomenal del mítico Caballo de Troya.

Precisando, se puede afirmar que estos mecanismos podrán ser una condición, pero nunca la causa que determine la caída de un gobierno.

Por otro lado, hay que preguntarse: ¿Acaso la situaciones previas de los países que fueron sacudidas por los fenómenos de las primaveras eran la de gobiernos en los que imperaba la justicia, la transparencia administrativa y el respeto a las libertadores individuales? Seguramente que no. Al igual, que un virus maligno, estos mecanismos -en el supuesto que efectivamente existan y que alguien los maneje- necesitan de un organismo predispuesto para su propagación. Ya que uno sano los rechazaría de inmediato mediante el uso de sus anticuerpos. En este último sentido, por ejemplo, nadie se imagina a una multitud de suizos descontentos manifestado por la polución del río Aar. O de finlandeses airados protestando por la tala indiscriminada de algunos de sus bosques milenarios.

Colofón

Como colofón, me gustaría repetir un concepto central. Del más elemental sentido común. Uno que viene del origen mismo de las relaciones internacionales. Uno que fuera expresado por el griego Tucídides en el siglo V a.C. Y se puede sintetizar en que solo los poderosos son libres. Ergo, la mejor receta para no ser el blanco de conspiraciones y otras yerbas. Es mantenerse sano y fuerte.