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jueves, 24 de septiembre de 2015

La Metapolítica de Francisco




http://www.alainet.org/es/active/74023


Francisco y el sentido metapolítico de Argentina.






Alberto Buela

Una primera observación que deseo hacer es acerca de nuestra situación como nación. Acabamos de tener 51 muertos en la provincia de Buenos Aires y 6 muertos en Capital Federal. Los que sumados a los 197 de Cromagnon, los 8 de Flores, los 6 bolivianos de Luis Viale, los 51 muertos de Once y los 11 de la mina de Río Turbio hacen un total de 330 muertos, sin un solo culpable.

Esto es un signo evidente de que en Argentina se rompió la relación entre la culpa y la pena, entre la falta y el castigo. Vivimos en la anomia más absoluta, disfrazada por un sistema jurídico falaz.

Amigos míos, estamos en África. Esto no forma parte de la Argentina ni su destinación universal sino que es, más bien, el extrañamiento de nuestra Patria de sí misma.

Los gobiernos responsables de estas 330 muertes impunes: Cristina Kirchner, Scioli, Macri, Ibarra, Telerman, Menem y Néstor Kirchner son agentes sustantivos de esta alienación como nación que venimos padeciendo. El resto es todo anecdótico.

Una segunda observación es que la metapolítica, disciplina que esperamos ejercer en esta charla, es una ciencia en donde convergen distintas materias (historia, política, filosofía, sociología, literatura, ciencias duras, etc.) en el estudio de las grandes categorías que condicionan la acción política.

La metapolítica no es ni una “metafísica de la política” como muy bien ha señalado Carlo Gambescia,[1] ni un estudio meramente teórico sobre “la situación política”, como ha propuesto la Nueva Derecha, sino que es un trabajo teórico especulativo sobre las grandes categorías que condicionan la acción política y que busca una salida en la actividad política.



Con estas dos aclaraciones nos introducimos en el tema de esta charla.

Así como un nombre condiciona un destino, cada vez que nombramos o mejor, designamos algo, estamos haciendo referencia a la finalidad de ese algo. Así la primera noticia que tenemos de nuestro país es la que ofreció su paisaje a los primeros que lo vieron.

El primero “que ve” lo que hoy es Argentina buscando el paso al Océano Pacífico es Juan Díaz de Solís quien en 1516 denominó al río de La Plata como “mar dulce”.

El segundo, en 1520 fue Hernando de Magallanes, también buscando el paso al Océano Pacífico descubre el estrecho que lleva su nombre y que él bautizara de “Todos los Santos”. [2]

El tercero, en 1526 fue el italiano Sebastián Caboto, quien también buscando el paso terminó descubriendo el río Paraná.

Casi sesenta años después, el 13 de febrero de 1579 aparece frente a las costas de El Callao (Perú) el Golden Hind del pirata inglés Francis Drake.

Argentina como paso

Durante la época colonial, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Salta fueron paso al Perú y a Lima capital del Virreinato. Buenos Aires fue, básicamente, una ciudad de metecos y contrabandistas donde no valía la pena vivir sino solo lucrar para gastar y disfrutar el dinero y la vida en Europa.

Lo ha sido para miles y miles de inmigrantes que llegaron a facere l´America. Y regresar enriquecidos a Italia, Francia y España. Y lo es hoy para miles y miles de asiáticos que usan la Argentina como trampolín para ir a los Estados Unidos. Así la han usado durante siglos los miles de chilenos en el sur que viajan a tener sus hijos en Chile cuando viven acá. O los bolivianos y peruanos que viviendo toda una vida acá giran sus ahorros y sus inversiones a sus respectivos países.

La de los millones de argentinos que depositan sus ahorros en el exterior porque su vida futura está en el extranjero. Mientras que en economía el ahorro es “capital acumulado”, filosóficamente, no es otra cosa que “querer asegurar el futuro” o peor aún, “una desconfianza en el futuro”.

La de los millones de argentinos que desesperadamente han buscado la doble nacionalidad porque su propio arraigo está en crisis. No creen en un solo arraigo y así prefieren a Italia, Francia, España o Israel.

En todos estos casos y otros que se nos escapan y que Uds. pueden agregar Argentina está tomada y entendida “como paso”.

Pero en nuestro criterio existe otro sentido, otra interpretación de este paso y es el de

Argentina como puente

Es la de nuestros criollos que son, como dice el gran Lugones, quienes fueron los verdaderos conquistadores de la Pampa, y no el español como nos lo pintan los libros de texto. Estos criollos son la genuina raza originaria de América, que bajo las formas de huaso, gaucho, llanero, montubio, jibaro, ladino, charro, cholo, etc. dieron un tipo humano original al mundo.

La de los inmigrantes que actuaron con “grandeza de alma”, principalmente españoles e italianos, que se arraigaron con grandísimo esfuerzo personal y familiar y que nos dejaron en cada pueblo esa grandeza artística que son los hermosos edificios de las asociaciones italianas y españolas.

La de los pobres misioneros, Buodo, Burela, Brochero, Solano, fray de San Alberto y tantísimos otros, que predicaron con ocasión o sin ella el evangelio, que les costaba un Perú hacerse entender. Y que gastaron toda su vida en ello sin recibir nada a cambio.

Del trabajo educacional, continuo y regular, del maestro como profesión de sacrificio que dio unos resultados extraordinarios en todo el ámbito de la República, con una capacidad de lectura que llegó a ser única en América.

La conjunción de estos esfuerzos construyó la cabeza de puente que es Argentina con respecto no ya al Pacífico sino a Europa. Donde hasta ahora teníamos en España y en Italia nuestros mejores aliados y, figurativamente, la otra cabeza del puente. Pero que desde hace unos días nomás, tenemos un Pontífice, de ponte=puente y facere=hacer, un “hacedor de puentes” con el Papa Francisco.

Es paradójico. Mientras Argentina va llegando a la plenitud de su sentido metapolítico dentro de la historia del mundo= Argentina puente, en su interior se desatan todos los demonios, Argentina anómica. Y esto lo vemos a dos puntas: Por un lado se lo difamó pública y notoriamente al “Hacedor de puentes” y al mismo tiempo su dirigencia política, social, cultural y económica está llegando a la plenitud de su desatino y desvarío, donde: nadie gobierna nada.

Hoy, como afirmó acertadamente el sociólogo Eduardo Fidanza: la crisis política se mide en vidas humanas. “No puede ser que un gobierno que hizo del pueblo su causa central lo deje liberado después a la delincuencia, las inundaciones, los accidentes, la corrupción, el narcotráfico, las mafias.”

En politología hoy se distingue en el orden internacional entre Estados con poder duro por su capacidad tecnológica, industrial, militar, financiera y comercial y Estados con poder blando por su capacidad cultural o simbólica. Y Argentina es el típico Estado con poder blando. En el fútbol (la religión de las masas) con Messi y Maradona. El lucimiento social (Máxima de Holanda). El poder espiritual (el Papa Francisco). Esto es parte de lo que constituye el poder blando o suave y sobre lo que la nueva dirigencia argentina tendrá que trabajar para buscar una inserción en el mundo. Atrás vendrá la venta de productos.

El único aspecto del poder duro que hoy tiene Argentina, que está en acto, se encuentra en el aparato agroindustrial, sobre todo en los “contratistas cosecheros”, que producen 35.000 millones de dólares al año.

Otro aspecto del poder duro pero que está “en potencia” y que es menester contribuir a su desarrollo exponencial es la investigación nuclear aplicada.

Las nuevas fuentes de poder en Argentina

Los sucesivos gobiernos del matrimonio Kirchner que vienen desde el 2003 y llegarán seguramente hasta el 2015, han logrado en orden al tema del poder en Argentina modificar las tradicionales fuentes, y así: los sindicatos, la Iglesia y el ejército fueron reemplazados, respectivamente por: las organizaciones sociales “piqueteras”, los grupos económicos concentrados “prosionistas”, y los medios de comunicación “K”.

Esta es la realidad del poder construido en una década de gobierno hegemónico del matrimonio Kirchner y con la que se va a encontrar su sucesor.

Modificar las fuentes de poder de una sociedad determinada, cualquiera sea, se puede hacer por dos caminos: por una revolución o por el padecimiento de un gran cataclismo social.

Los Kirchner pudieron realizarla por esta última causa. La dictadura militar 76-83 destruyó al ejército y su ideal sanmartiniano, el gobierno de Menem a los sindicatos con su política liberal de eliminación masiva de empleos y fuentes de trabajo. Y la Iglesia venia de una decadencia de años, al perder desde el Vaticano II el objetivo propio de su tarea que es la evangelización de los pueblos. Se había transformado en una escuela de sociología, más que en un saber de salvación.

El trabajo de los Kirchner fue pausado pero pautado. Comenzó por distanciarse con la Iglesia, lo que no le reportó ningún costo social, salvo alguna que otra pintada: Kirchner se pelea siempre con la iglesia, nunca con los judíos, en los muros del Policlínico bancario.

Con respecto a las Fuerzas Armadas, anuló los juicios de Alfonsín y los indultos de Menem y los volvió a juzgar, pero sometiéndolos al terror (hoy hay más de mil militares presos), lo que anuló su capacidad de respuesta política.

Y finalmente, a los sindicatos los acarició, ofreciéndoles ventajas circunstanciales, para finalmente, dividirlos y anularlos, (hoy hay cinco centrales sindicales)

Desde el poder político, quien suceda a los Kirchner tendrá que o convivir con las nuevas fuentes de poder en Argentina o tratar de reemplazarlas. Todo indica que estas nuevas fuentes vinieron para quedarse pues no se ven, a la distancia, cambios de profundidad en la nueva estructura del poder establecida por los Kirchner.

El cambio puede venir solo desde el riñón de la comunidad que sufre la agresión de estas nuevas fuentes, como son: la manipulación que se realiza sobre el pueblo a través de los cientos de medios de comunicación adictos al gobierno, la falta de un compromiso real con la comunidad por parte de los grupos piqueteros, solo guiados por sus ventajas de subsidios, y el sometimiento al “imperialismo internacional del dinero”, que el pueblo llano sabe quiénes son en Argentina.

En cuanto la incidencia del Papa Francisco sobre los nuevos factores de poder en Argentina, hasta ahora, ha sido prácticamente nula. Así, si habla contra la droga no se lo escucha, contra el aborto presentan un proyecto de ley a favor, si en defensa de matrimonio, la presidente sale de madrina de la hija de dos lesbianas, si condena la violencia, la dirigencia política dice que es una sensación. En una palabra, existe en Argentina una desintonía entre las sugerencias de Francisco y aquello que postulan y realizan los factores de poder real de nuestra sociedad.

El sentido metapolítico de la acción de Francisco

Vimos como la tarea principal del un Pontífice es ser hacedor de puentes. ¿Cómo vemos que el Papa Francisco viene realizando esta tarea en el orden internacional?

Primero nos da una definición clara en su primer documento La alegría del Evangelio cuando afirma: “la paz se construye día a día, en la instauración del orden querido por Dios”. Es decir, que la paz no es la del pacifismo ilustrado que como Kant soñaba con un Estado Mundial para que los hombres no se peleen, sino que es una construcción cotidiana sobre la base de un orden. Es decir, plantear que el tema de la paz como construcción cotidiana es darle a la paz un sentido positivo y no, como plantea el pacifismo, evitar los conflictos licuando las diferencias entre los hombres y los pueblos en un ente supranacional como un Estado Mundial.

Como vemos esta visión de la paz no está muy lejos de aquella de san Agustín como tranquillitas ordinis, tranquilidad en el orden o concordia ordenada.

Y esta construcción sostiene que debe realizarse sobre la base de cuatro principios:

1) El tiempo es superior al espacio

2) La unidad prevalece sobre el conflicto

3) La realidad es más importante que la idea

4) El todo es superior a la parte

El tiempo le abre al hombre un horizonte sin límites por lo cual uno no debe obsesionarse en la búsqueda de resultados inmediatos, mientras que el espacio siempre es acotado. El tiempo es el horizonte sobre el cual el hombre se pregunta por el sentido de su ser en el mundo y respecto de la eternidad.

Este principio le permite a Francisco lanzar un primer principio metapolítico para la política internacional: el diálogo entre las partes en conflicto es el “solo y único” camino a la paz. Y eso fue lo que logró con el caso de Siria. En este caso sentó un precedente, como observa Jorge Castro, para la política internacional: la exclusión de la utilización de la fuerza militar para resolver los conflictos.

El conflicto no puede ser disimulado o ignorado sino que hay que asumirlo. La conflictividad es un rasgo natural del hombre que proyectado al orden social termina con la paz.

Para superar el aspecto conflictivo primero hay que saber sufrirlo y en un segundo momento elevarse sobre el conflicto y lograr la unidad de las partes. La unidad como plano superior se logra, no por la absorción de uno en el otro de las partes en pugna, sino cuando se logran rescatar los aspectos valiosos de uno y otro.

Esto no está muy lejos de lo que decían los viejos filósofos cuando propugnaban la reductio ad unum de todos los problemas.

La realidad es lo que es, por eso se define a la verdad como la realidad de las cosas, en tanto que las ideas se elaboran. Hoy los totalitarismos, los relativismos, los nominalismos, los diferentes relatos políticos, los fundamentalismos ocultan la realidad con palabras. Las ideas deben de estar encarnadas en la realidad, debe ser expresión genuina de la realidad. En una palabra, es la realidad, lo que es, aquello que produce las ideas e incluso los principios y no estos y aquellas la realidad. Es decir, la realidad tiene una primacía ontológica respecto de las ideas y las palabras, los relatos y los discursos.

Una vez más vemos que el antiguo apotegma ens et verum convertuntur (el ente se convierte con la verdad) adquiere en Francisco una funcionalidad actual. Así cuando decimos realidad decimos verdad y cuando hablamos de verdad, hablamos de la realidad.

La tensión actual entre globalización y localismo nos lleva al conflicto entre homogeneización de todas las culturas en un sincretismo asfixiante, por una parte, y pintoresquismo folclórico, por la otra. La superación consiste en asumir que el todo es mayor que la parte y así reconocer un bien mayor que beneficia a todos. Ese bien mayor es el orden querido por Dios y no el orden querido por los hombres que siempre termina siendo impuesto por la fuerza que da el poder.

Francisco afirma al respecto: “El modelo no es la esfera donde cada uno es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad”.  Esta estrategia de la convergencia es la que intenta llevar a cabo a fin de recuperar la autoridad internacional, paulatinamente perdida desde el inicio de la modernidad. Hay que aclarar, una vez más, que autoridad mundial no es sinónimo de Estado Mundial, unificado y sinárquico. La idea de autoridad mundial se funda en la capacidad de Francisco en ser reconocido como “el que sabe en tal o cual tema del orden internacional”.

Francisco es un Papa conciente de sus limitaciones que ofrece sugerencias pero que no compromete a la Iglesia en su gestión (ej. Se le pidió la mediación en Venezuela y solo envió un testigo). Sabe que de él se dicen cosas que no son, como cuando afirman esos “analfabetos locuaces”  que son algunos periodistas: es el primer Papa no europeo, como si San Pedro hubiera sido italiano. Además hubo Papas sirios, egipcios, etc. O peor aún: es el primer Papa latinoamericano, cuando el concepto de Latino América sabemos que es una creación francesa, utilizada hoy por los Estados Unidos, para definirnos en lo que no somos, para alienarnos y extrañarnos en nuestra propia definición. O la zoncera: es el primer Papa jesuita, como si eso fuera encontrarle la manija a la bocha

Es decir, Francisco es conciente de sus limitaciones, sabe que estamos en la época de Internet, que tiene que dejar hacer porque es imposible corregir todo. Sabe que existe una minoría pudiente de “católicos a la carta” que diariamente por los mass media reclaman el casamiento de los gay, de los curas, la eutanasia, la eliminación del infierno y del pecado, etc. Que la confusión es infinita y que la única posibilidad es “jugar con el tiempo”. Claro está, él tiene una visión del tiempo sub specie aeternitatis.

Esta visión “alargada del tiempo” no es compartida por los grupos de presión y de intereses, por los lobbies, que siempre pretenden que las cosas se “hagan ya” a su gusto e piacere, sino por los pueblos, que son los que no pasan. Él comparte con los pueblos un rasgo fundamental y decisivo, lean bien y despacio: Francisco como los pueblos no niega la realidad de aquellas cosas que no quiere pero que existen, lo que niega es su vigencia.

Y esta estrategia sin tiempo, que lo aproxima al famoso estratega inglés Liddell Hart (1895-1970) con su teoría de la aproximación indirecta, es la que está aplicando y aplicará durante todo su pontificado para la resolución de los problemas internacionales.

Francisco y una paradoja

Cómo puede ser que Francisco tenga influencia internacional creciente que deriva luego en medidas concretas como lo hemos visto en Siria, por ejemplo y que en Argentina su influjo sea nulo. Esto se debe, en nuestra opinión[3] a que Francisco tiene influencia por él, por su cargo y función, y no a través de la Iglesia y menos aún del Estado Vaticano.

En Argentina no tiene ningún predicamento porque la Iglesia argentina arrastra un desprestigio mayúsculo. Es liberal hasta el tuétano y en gran parte gorila. Más aun, es “antinacionalista”. Motivo por el cual no es querida por el pueblo, lo que son queridos son los símbolos, la Virgen de Luján, el Cristo de la Quebrada, etc. etc.

Francisco en Argentina necesita de la Iglesia para ejercer su ascendencia pero ésta no lo puede ayudar, porque no tiene soldados que por propia convicción tengan la valentía para enfrentar al régimen. No tiene, ni siquiera, un obispo cuyo idioma sea el “sí, sí, no, no” de Jesucristo.

Ante el discurso progresista de los Kirchner solo puede oponer “curas progresistas”, que son: pecesitos colorados que nadan en agua bendita. Es decir, gente que habla como los kirchneristas pero que cada tanto nombran a Dios.

Por el contrario, en el orden internacional Francisco no necesita de la Iglesia, él se basta a sí mismo. La Iglesia en tanto aparato burocrático del Vaticano le sirve para sacar dos santos en un día, pero ello no incide para nada en el orden internacional. El influjo es personal y le pertenece a él. Lo cual sugiere una marcada volatibilidad en política internacional. Es decir, que con Francisco no existe ya una política de Estado del Vaticano.

De modo tal que pensar en términos como: una política de evangelización de China, o lucha contra las sectas protestantes en Hispanoamérica, o enfrentamiento al imperialismo internacional del dinero es pensar en términos de políticas del Estado Vaticano. Los analistas políticos que lo plantean en estos términos, y que son muchos, se equivocan de medio a medio.

La política internacional de la Iglesia es la política internacional del Papa Francisco, según su real saber y entender en cada circunstancia. De ahí, que lo que más cuida es su imagen en los mass media, pues sabe que en política lo que aparenta es.

Ahora bien, ¿podemos encontrar en Francisco alguna pauta, norma o ley permanente y sustancial que nos permita iniciar algún camino de interpretación de sus actos en el orden internacional, habida cuenta que todos serán variables y múltiples? Nosotros creemos que sí, y para ello traemos nuevamente a nuestro amigo, y mejor sociólogo, Carlo Gambescia quien acaba de escribir: “Le  affermazioni di Papa Francesco devono  servire di  lezione  a tutti  coloro che negano  il politico, quale incarnazione della costante amico-nemico:  la scelta del Papa di un nemico (la povertà e coloro che la provocano),  comprova la persistenza di una regola "metapolitica" (come ci piace chiamarla), anche all’interno di una istituzione - la Chiesa -  che invece, secondo gli idealisti della politica, dovrebbe esserne indenne.

(Las declaraciones del Papa Francisco deben servir como lección para todos aquellos que niegan lo político, como la encarnación de la constante amigo-enemigo: la elección del Papa de un enemigo (la pobreza y quienes la causan) comprueba la persistencia de una regla “metapolítica” (como nos gusta llamarla), incluso al interior de una institución – la Iglesia- que por el contrario, para los idealistas de la política, debería permanecer indemne.)[4]

Alberto Buela
Arkegueta, aprendiz constante
www.disenso.info
buela.alberto@gmail.com

[1] Metapolítica, Ed. Il Foglio, Piombino(Italia), 2009
[2]Recién sesenta años después, el 13 de febrero de 1579 aparece frente a las costas de El Callao (Perú) el Golden Hind de pirata ingles Francis Drake. Claro está que no fue un mérito inglés sino de sus timoneles que eran portugueses, y que navegaban sobre el mapa del Estrecho robado a la capitanía de Chile que había realizado puntillosamente Juan Ladrillero en su penoso viaje de 1557. 
[3] Opinar es afirmar o negar algo con miedo a equivocarse
[4] Gambescia, Carlo: Il pauperismo di Papa Franscesco, lunedì 7 aprile2014, en Internet.
http://www.alainet.org/es/active/74023