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miércoles, 3 de febrero de 2016

Colores primarios.






Por Santiago O´Donnell

Arrancan seis meses de primarias en Estados Unidos, falta un montón. Los primeros resultados son llamativos pero no llegan a sorprender.


Hillary Clinton y Bernie Sanders cabeza a cabeza. Un viejo malhumorado que reivindica la palabra "socialista" y es ídolo de la juventud desafía al número puesto, la ex primera dama, ex senadora, ex Secretaria de Estado, primera presidenta mujer si gana, experiencia con renovación, millones recaudados y apoyo de establishment reflejado en cientos de superdelegados de ventaja para la convención partidaria. Se viene otro duelo parejo en New Hampshire la semana que viene con alguna ventaja para el senador del vecino Vermont. La otra semana les toca Nevada y Carolina del Sur, con electorados más amigables para Hillary y después habrá que ver qué pasa el 1 de marzo en el supermartes de seis estados conservadores del sur, incluyendo Texas, con gran incidencia del voto afroamericano entre los demócratas, un voto que a Sanders le resulta muy esquivo. ¿Por qué?


Sanders sostiene que el gran error de la izquierda fue distraerse con el movimiento de los derechos civilies y programas de incentivos para mujeres y minorías raciales, en vez de enfocarse en la desigualdad social y la lucha contra la pobreza. Tardó en apoyar el movimiento "Black Life Matters" surgido del el año pasado del gatillo fácil policial en Baltimore, Ferguson y Nueva york. Tampoco tiene mucho vínculo con organizaciones latinas o LGTB. Por eso Hillary tiene el voto de las mujeres y las minorías a su favor, pero muchos estadounidenses desconfían de su sinceridad y por eso los más jóvenes y más rebeldes le dan vida a la candidatura austera y autofinanciada de Sanders, que ha logrado polarizar con la favorita y limpiar la interna de alternativas, ganando protagonismo.

O sea, Hillary sigue siendo la gran favorita, pero Sanders ya logró su objetivo de mínima, que es correr el debate demócrata a la izquierda y forzar a la ex senadora a exponer, expandir y blindar a su agenda progresista de los achaques que pueda sufrir en la campaña general cuando compita con los republicanos en busca del voto en di sputa, llamese moderado o de centro. El próximo paso para Sanders es sobrevivir el supermartes, lo cual significa seguir siendo una opción competitiva, para estirar el debate de ideas, consolidar una imagen de presidenciable y llegar como algo más que un candidato testimonial a las instancias decisivas de Florida-Illinois (15 de Marzo), Nueva York (19 de abril) y eventualmente California (7 de junio) y la convención en Philadelphia (25 de Julio) . A favor de Sanders, a Clinton le pesa la sombra de  la campaña del 2007, cuando Obama arrancó bien en Iowa y no paró de crecer, acecha a la campaña de Clinton.  Pero esa vez el favoritismo y la ventaja en recaudación de Hillary eran mucho menores. Ahora, si Sanders termina ganando la nominación y no sólo un puñado de estados, estaríamos hablando de un verdadero batacazo.

Por el lado republicano la cosa viene más complicada pero se empuieza a aclarar. El gran temor de los popes del partido, que Donald Trump se alzara con la candidatura provocando el rechazo generalizado de una importante mayoría de la sociedad, parece que empezó a quedar atrás. Ted Cruz un conservador díscolo odiado por el establishment partidario pero ciertamente más digerible para el electorado nacional, le sacó cuatro puntos de ventaja en Iowa al magnate boca sucia popularizado en un reality show donde se lucia despidiendo a empleados timoratos.

Al caer derrotado en su primer test electoral después de que su aparato propagandístico venía prometiendo que se comería a los chicos crudos, Trump perdió su aura de inimputable, perdió fuerza su mordida y ya no pobrá correr por derecha a sus contrincantes con tanta facilidad. Pero a no confundirse: Cruz es tan conservador como Trump, solo que cuida un poco más su lenguaje. Cruz promete mano dura con los inmigrantes y se opone a cualquier blanqueo, peleó a muerte en contra de la reforma de salud de Obama, se opone ferozmente a la regulación estatal, y dice que un buen presidente debe rezar. Pero no dice que hay que prohibir la entrade de musulmantes, no promete contruir un muro en la fronter con México con fondos provenientes de ese país, no insulta a las  y no se burla de los descapacitados, como lo ha hecho Trump en esta campaña para acaparar la atención mediática.

Ojo, Trump puede rebotar de la derrota en Iowa y la composición demográfica del electorado republicano de New Hampshire parece hecho a su medida: libertario, contestatario, impredecible. Lo más probable es que siga haciendo ruido y ocupando espacio en los medios y las redes sociales, pero si los votantes no lo toman en serio su candidatura , como el resultado de Iowa parece indicar, será difícil que pueda recuperar su condición de favorito a la nominación republicana.  

Por debajo de Trump y Cruz emerge la figura del Marco Rubio, que terminó un punto debajo de Trump y le sacó varios cuerpos de distancia a los demás candidatos del establishment, notoriamente a su coterráneo de Florida, el ex gbiernador Jeb Bush. Si Rubio se mantiene competitivo en las próximas primarias, aprovechando  el empuje que le da su buena elección en Iowa, y sobretodo si Bush no sobrevive el supermartes y la cancha se empieza a despejar, entonces el senador tendrá suficiente apoyo partidario para ir mano a mano contra un Cruz que no la tendrá fácil arrebatándole el voto conservador a Trump y al neurocirujano Ben Carson. La interna Rubio-Cruz podría llevar al primer candidato latino a una nominación presidencial. Pero lamentablemente ninguno de los dos apoyo la agenda de esa minoría, que pasa por normalizar el flujo migratorio sin castigar a los sin papeles que ingresan a Estados Unidos para satisfacer la demanda de mano de obra barata en el campo, la agroindustria y los servicios.

Entonces a poco de comenzar las primarias quedamos así: Sander todavía no llega ser una amenaza seria para la llegada de Hillary a la nominación, pero su performance en Iowa desnuda el flanco débil de la ex primera dama y evidencia de que todavía no está dicha la última palabra. Por el lado republicano el globo Trump parece desinflarse y Cruz y Rubio dieron importantes pasos adelante para convertirse en los favoritos de la rama conservadora y moderada del partido republicano, respectivamente, en una contienda más variopinta e impredecible que la demócrata. Por ahora, las cosas están así.