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domingo, 15 de enero de 2017

Terrorismo: las cosas por su nombre.
















por Carlos Pissolito


Años atrás definir lo que era un terrorista planteaba algunas dificultades, al menos para algunos. Pues, como decían: "El terrorista de uno es el luchador de la libertad de otro."

Bastaron los avionazos del 11S para que muchos, al menos los "liberals" norteamericanos estrecharan sus márgenes de duda.

Ellos que habían hecho la vista gorda durante los 60 y los 70 sobre los ataques terroristas perpetrados por bandas marxistas en el Tercer Mundo, tuvieron que definirse.

Un poco más tarde le ocurrió lo mismo a los progresistas europeos tras sufrir una catarata de atentados terroristas en Londres, Madrid, Paris, Berlín, etc., etc...
Sin embargo cierta confusión perdura en nuestras tierras. Por ejemplo, hay quienes se niegan a hablar de terrorismo islámico. No importa que hayamos sufrido dos ataques a manos de una organización como el Hezbollah patrocinada por la República Teocrática de Irán.

Tan poco nos importa, que un gobierno constitucional intentó, pasando por alto estos graves hechos, transferir tecnología nuclear a ese Estado agresor de la seguridad y de la vida de nuestros ciudadanos.

Ahora, las mismas confusiones se producen en torno a un movimiento reivindicatorio indigenista.
Se hacen llamar a sí mismos como la "Resistencia Ancestral Mapuche", usando ese colectivo para usurpar tierras privadas y públicas, impedir la circulación de ferrocarriles provinciales, entre otras lindezas.

No se puede afirmar, aún, que sus acciones en nuestro suelo sean actos de terrorismo. Aunque todo desafío violento a autoridades legítimamente constituidas conforme un acto sedicioso que no puede ni debe ser tolerado por el Estado en el ejercicio del monopolio en el uso de la fuerza.

Pero, no podemos pasar por alto que existen grupos similares en Chile y que sí son terroristas. Tal como lo ha encuadrado, correctamente, el gobierno de ese país. Y que los mismos tienen profundas conexiones ideológicas con el nuestro. 

Pues, allí en la Araucanía chilena, han quemado y han asesinado ciudadanos con la intención de amedrentar, usando el terror como un instrumento político. Lo que es, por definición, la esencia de una acción terrorista.

Como vemos, el tema recién comienza. Y como muchas situaciones en la vida es mejor encarar una solución antes de que ésta se salga de control.

Por ejemplo, no estaría de más verificar los indicios que los unen con las FARC colombianas y con otros financiamientos extranjeros.

Es en este caso en particular, el principal obstáculo es la estulticia. O dicho en forma más simple la estupidez de nuestros dirigentes. Quienes, queriendo hacer gala de un progresismo que, como vimos, ya entendió de que se trata el terrorismo, quieren seguir alzando las falsas banderas de los derechos humanos para unos pocos. Que si son izquierdistas o terroristas, mejor.

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