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domingo, 9 de abril de 2017

TERRORISMO INDIGENISTA ¿EL NUEVO VECTOR PARA UNA GUERRA?



















Sebastián TEPEDINO

         La fallida percepción de la Paz Kantiana que abrazaría al venidero mundo de posguerra tras la licuación de la Bipolaridad incoada el 09 de Noviembre de 1989, mantuvo (y aún hoy mantiene) adocenados a los intelectuales occidentales que se atrincheraron en una visión unívoca weberiana del estado como único actor preponderante en el ámbito de la Política Interior y Exterior; empero, el Inicio del Siglo XXI nos ha brindado una realidad infausta: La posguerra fría, en lugar de la tan ansiada PAZ y el nuevo “hombre prometeico”, nos legó una desagradable “hada de los dientes” que se solaza con sus obsequios: un gran desorden mundial díficil de restañar; La limitación del poder soberano de las Naciones, las bases del poder piramidal del Estado Secular de particularidad “vertical” se ha visto socavado por una miríada de actores subestatales metodológicamente reticulares y de características “horizontales”, que arrojaron como saldo, sangrientas crisis intraestatales, un poder estatal “compartido” e incluso “disputado” por contrapoderes encaramados en la figura del “narco”, las “ong's”, las “megacorporaciones”, actores subrogantes (Fundamentalismo Islámico, Terrorismo, Indigenismo, Guerra Social), que transforman los “terrenos yermos” que deja la abulia y desaprensión estatal en un fértil y próspero “campo orégano”  apto para todo tipo de actividades espurias e ilícitas.


      El indigenismo Mapuche enquistado en las zonas más australes de nuestro continente hoy es uno de los temas calientes que forman parte de la agenda del Gobierno Chileno y en escasísimo porcentaje de la agenda nacional del Gobierno Argentino. Son numerosas las voces que se escuchan y que a su vez se preguntan si el fenómeno del Indigenismo ha superado con creces la “arista policial” para inmiscuirse de pleno en un problema atinente a la SEGURIDAD NACIONAL, al menos en el vecino país de CHILE, son muchos los que se han hecho esa pregunta, desde Políticos, Periodistas, Analistas Internacionales, Académicos, Militares y FFSS, al punto tal que en la actualidad LAS ORGANIZACIONES MAPUCHES EN CHILE SON CONSIDERADAS COMO “TERRORISTAS” y se han contemplado planes de contingencia para combatir esta amenaza pues estiman que tras los reclamos mapuches, hay poderes intrigantes que traen oculto el vector para un nuevo conflicto que puede concluir en un intento de Partición Territorial, pues a caballo de las tendencias actuales que dan cuenta que en los últimos 50/60 años, se han incrementado las naciones en el mundo, verbigracia en África, en los Balcanes, hay una tendencias más sostenida a reclamar independencia en territorios con ingentes recursos estratégicos en los que se planea generar “nuevas unidades geopolíticas” o “nuevos estados”, por lo que es dable elaborar una prognosis de acuerdo a estos antecedentes y al estado del arte en lo que respecta  a lo antedicho. En contraposición al caso trasandino, en la República Argentina no parece ser compartido ni el escenario ni dicha visión polemógena, los dirigentes políticos nacionales no navegan abarloados junto a sus pares chilenos en la cooperación e intercambio de información sobre la actividad de estos grupos que desarrollan sus actividades en la zona más rica de Chile, la Novena Región (La Araucanía) y la Región
de los Lagos donde la foresta alberga tierras feraces y fértiles valles; Lo más alarmante es que estos grupos no solamente operan en el Sur Chileno sino que también lo hacen en nuestro territorio patagónico al abrigo de organizaciones de izquierda y otras ONG's.

       Los Mapuches se han convertido en un dolor de cabeza para el Estado Chileno, no son pocos los analistas que sostienen que estas organizaciones azuzadas y sostenidas financieramentes por agentes externos (Inglaterra, conspicuos y poderosos magnates) pueden ser utilizados como vectores de una guerra o una desestabilización en la región. Estas organizaciones, a la cabeza de las cuales sale a tallar la “RESISTENCIA ANCESTRAL MAPUCHE” (RAM) operan reticularmente, y tienen vinculos con Ong's, con otras organizaciones terroristas que los instruyen, les proporcionan armamento, tipo las “FARC”, “Sendero Luminoso”, y agrupaciones radicales de Izquierda como “Quebracho” y otras símiles. Entre los años 2014 y 2016 se han incendiado más de 750.000 hectáreas, el fuego y el crepitar de las llamas han consumido más de 1.500 viviendas, se han cometidos actos vandálicos contra numerosas capillas, y han fallecido al menos una veintena de personas por el accionar terrorista de estas organizaciones indigenistas que tienen como “numen y guía” lograr recrear el “PuelMapu” en las Repúblicas de Chile y Argentina. Un dato curioso es que nos agreden “por izquierda y por derecha” pues parte de las remesas provienen de las FARC, del Foro de SAO PAULO de la Confederación Mapuche Internacional e igualmente el financiamiento también proviene de ONG's con soportes del exterior, por ejemplo, la Ciudad de Bristol, Inglaterra, o de la Fundación Conrad Adenauer. Esto guarda relación con una teoría elaborada por el Padre Michel
Schooyans de la Universidad de Lovaina, Bélgica que se la denomina “Nueva Teoría del Espacio Vital” que discurre en torno al apoderamiento efectivo de los grandes ecosistemas (“Oro Verde”), con recursos que dada su futura criticidad adquirirán el estatus de “estratégicos” y “vitales”.

         La República Argentina le ha vuelto la espalda a esta problemática y no ha sabido aquilatar las consecuencias del accionar de estos agrupaciones extremistas que van aumentando su gradación, intensidad y alcance que los convierten en una verdadera amenaza, cuya demostración palmaria es visible en el caldero hirviente de la IX región. Ni el Gobierno de Cristina Kirchner, ni el del actual Presidente Mauricio Macri le han dedicado un mínimo de atención a estos acontecimientos; ya han habido algunos escarceos en nuestras tierras, en la Provincia de Chubut enfrentando a Indigenistas Mapuches y la Gendarmería, sumado a ello las pintadas reivindicatorias de “PuelMapu”, los actos de vandalismo etc etc, las reclamaciones tienen larga datación, los mapuches suelen agenciarse del arbitrio de que “...Reconocemos que estamos dentro del estado pero no reconocemos al ESTADO, no somos ni argentinos ni chilenos...”. De modo tal que funciona como un ente subestatal enquistado dentro del estado que rechaza las instituciones del estado.

      Uno de nuestros problemas más acuciantes es la falta de realismo y la adopción de un modo de vivir signado por un permanente Animus Jocandi  hacia lo “políticamente incorrecto”.  Justamente la inacción producto de estas dobleces morales y políticas coadyuva a jibarizar el estado e inactiva las defensas nacionales ante el crecimiento sostenido de estos actores que representan una amenaza de orden estratégico contra el Estado, los sistemas políticos democráticos, pudiendo eventualmente alcanzar un estadío mayor que podría lesionar severamente los intereses vitales. El combate del indigenismo radicalizado, así como el crimen organizado y el terrorismo radica primero en su prevención, por ello se debe disponer de Inteligencia acicateada; una buena estrategia debe contemplar, en primer término, identificar los Centros de Gravedad de estas organizaciones, saber donde reposa; conviene aclarar que la expresión “Centro de Gravedad” es un concepto clausewitziano tomado de la física, es la fuente de todo poder y movimiento; desde el punto de vista físico, el Centro de Gravedad es un punto en donde yo voy, pego y posteriormente desequilibro; esta era la figura que tomaba Clausewitz para referirse al Centro de Gravedad. ¿Y dónde está el Centro de Gravedad en las Organizaciones Subestatales, sean Mapuches, Narcos, Bacrim o Mafias? Justamente la piedra de toque para combatir a estos grupos reticulares consiste en ahogar, subyugar, cortar o controlar sus FLUJOS FINANCIEROS, puesto que constituyen la savia con la que pueden desenvolverse.
 Está claro que para el bien de la República Argentina, se deben auscultar estos latidos geopolíticos, y el caso de la vecina República de Chile debe ser debidamente analizado y extrapolado con nuestra realidad. Chile institucionalmente es un Estado Fuerte, la Argentina en sus insticuciones bascula entre la debilidad y la anomia. En virtud de lo expresado se impone una reestructuración que conlleve a una revisión integral de los actuales enfoques de seguridad, un cambio de mentalidad que nos libere del anquilosamiento, de esa copiosa idea del “....Argentina es una nación pacífica, por tanto no podemos tener enemigos...”. Pero para ello se requiere de ALTA POLÍTICA, la política es la tarea de conjugar los fines políticos de un gobierno con las aspiraciones, necesidades y valores que sustenta una sociedad; ahora esa política para todo ello necesita TENER UN PIE EN LA REALIDAD, en el campo de la ACCIÓN, porque sino todo se queda en el campo de las intenciones y como dijera Tucídides, gran pensador realista “...Las palabras pesan tanto como las hojas en el viento...”, queda inconclusa, para que esa política sea efectiva necesita de una correa de transmisión a la realidad, y esa cadena de transmisión se la da la ESTRATEGIA, que es la que relaciona esos fines y aspiraciones con la acción, culminando con los CURSOS DE ACCIÓN donde finalmente se ve con claridad el escenario.

      Toda política de Seguridad que pretenda ser prístina y edificante requiere:

1) Tener en claro Intereses Nacionales e Intereses Vitales
2) Disponer de un herramental normativo-jurídico ágil y eficaz
3) Disponer de Reglas de Empeñamiento claras que permitan una respuesta rápida y acorde a los marcos normativo y el ordenamiento jurídico-constitucional
4) Sistema de Inteligencia PROACTIVO, de prevención de conflictos traducido en: Alerta Temprana + Acción Temprana = Política Preventiva.
5) Cooperación interagencial en materia de información, entre estados, organismos nacionales, regionales e internacionales.
6) Retener la posibilidad de empleo contingente o efectivo de las FFAA, si las FFSS son sobrepasadas, dependiendo de la gradación, intensidad y alcance de la amenaza que es la que va a determinar el instrumento que se utilizará para neutralizarla.
7) Revertir la decadencia y postramiento psicosocial que por intermedio de la educación, la cultura y los medios masivos de comunicación adocenan a la población, las despojan de su conciencia nacional y las sumergen en un pantano consumista, hedonista e individualista que termina esclerosando el cuerpo social de la República.

        Como colofón, cabe destacar que cuando las naciones enfrentan desafíos que comprometen el patrimonio geográfico, deben hacerlo empleando todos los componentes del potencial nacional, puesto que la respuesta del estado opera como un puño cerrado donde existe una falange política, una falange económica, una falange militar, otra científico-tecnológica y otra psicosocial, pues un poder sano crece armoniosamente y nunca se podrá neutralizar, templar o morigerar los efectos de una amenaza si no se comprende esto. El indigenismo entonces, constituye una expresión política, ideológica y cultural que bajo coberturas ambientalitas o reivindicatorias procura apoderarse de territorios para posteriormente cercenarlos, es un asunto inserto en nuestro continente y que afecta en menor o mayor medida a todos los países sudamericanos, su organización es en red, opera con soportes endógenos y exógenos y pueden ser manipulados como vectores de un conflicto intraestatal. Si progresa la amenaza que concluya en una eventual creación del Estado Mapuche perderíamos, no sólo el territorio y los minerales, sino el agua potable de los glaciares, las vertientes que nacen en las altas cumbres, y que en el futuro tendríamos que comprarles el agua que ahora es nuestra.
El uso del término “Mapuche” y sus reclamaciones apócrifas son la más cabal expresión de una maniobra disolvente y enajenante para con el Estado Argentino y el Estado Chileno, puesto que todos los aborígenes gozan de los mismos derechos y las mismas obligaciones que cualquier habitantes de ambas naciones.

1 comentario:

DG72 dijo...

Muy interesante análisis. Nadie en el Ejecutivo parece entender la seriedad del problema.