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martes, 19 de junio de 2018

Se viene una crisis global.



http://www.traditionalright.com/author/wslind/








William S. Lind


Las calles de Nueva York tras el famoso Martes Negro
de agosto 
de 1929.
La crisis financiera 2008/9 fue una advertencia para Washington que no fue escuchada. Seguimos con nuestras formas pródigas, incrementando nuestro déficit federal y nacional. Lejos de volver a los acuerdos Glass-Steagal (1) y sumar nuevas medidas para evitar que los bancos asuman riesgos financieros, los hemos desregulado, mientras les ofrecemos incentivos para afrontar peligros morales. Al parecer, están seguros en su conocimiento de que pueden comprar a los suficientes miembros del Congreso para privatizar sus ganancias y socializar sus pérdidas. Los bancos y otras entidades financieras están haciendo todo lo posible para que la crisis anterior vuelva a suceder. La fiesta sigue, el champagne sigue corriendo y todos usan sombreritos de fiesta. Pero en el Este, el cielo comienza a iluminarse.


Se viene una Grande y viene rápido. ¿Qué es una Grande? Una crisis de crédito internacional. Que cuando nos golpee, todo cambiará, incluyendo el Departamento de Defensa, ya que no tendrá más trillones para gastar.

La historia ha visto crisis de deudas muchas veces y éstas han seguido derroteros similares. Primero, los acreedores empiezan a preocuparse de que las siempre crecientes deudas no serán pagadas. Lo que lleva a una demanda de mayores tasas de interés. Y las tasas de interés suben (y por eso la Fed no tiene el control de las tasas a largo plazo), de tal modo que le pasa lo mismo al porcentaje que se incluye en el presupuesto del Estado para el pago de los intereses. Pronto, el Estado se encontrará pidiendo prestado más dinero para pagar los intereses del dinero que, antes, había pedido prestado. Esto pone realmente nervioso al acreedor y las tasas se elevan a un punto en el cual el Estado ya no puede seguir pidiendo prestado (o el acreedor simplemente se niega a seguir prestándoselo). En este punto, el Estado no dispone de suficiente dinero para pagar sus obligaciones: no solo el interés de su deuda, también, los sueldos  de sus empleados, incluyendo a los salarios militares, las pensiones, los planes sociales y de cualquier otro costo que tenga en su presupuesto. La caja está vacía y el Estado enfrenta a una crisis a toda regla.

Para las FFAA norteamericanas, que actualmente necesitan enormes ingresos presupuestarios muy por encima de sus resultados -deberíamos ser capaces de comprar derrotas que no costaran menos que varios trillones por año- todo cambiaría. Los grandes ejércitos de la Secretaría de Defensa y sus burócratas se tendrían que ir. Las estructuras de las fuerzas se colapsarían -y la burocracia sólo buscaría salvarse a sí misma recortando a las pocas unidades de combate que nos quedan. Tan inmensa es esta burocracia que se ha transformado en un “Ejército” que tiene cientos de miles de personas no combatientes. Si usted cree que esto no puede pasar, miremos a Europa y a sus FFAA, incluyendo la Bundeswehr.

Un Estado tiene dos forma de solucionar una crisis de deuda (los reyes tenían una tercera, rechazar la deuda, pero las repúblicas no pueden hacerlo). Lo primero es cortar los gastos hasta que se encuentren por debajo de los impuestos recaudados y usar este superávit para comenzar a saldar la deuda. Si usted quiere ver como son las cosas mire a Grecia. La otra manera, es asumir que el Estado use su propia moneda (Grecia no la tiene, tiene al Euro) e inflar la moneda y pagar las deudas con ese dinero devaluado. ¿Por qué es más fácil en una democracia? Obviamente, la inflación es la que cada uno consigue. Ella se transforma en hiperinflación y la clase media, o lo que quede de ella, desaparece.

Los Estados y los individuos que viven por arriba de sus ingresos no son solo un fenómeno norteamericano. Pienso en China o, aún, en Europa. Pero, sea donde sea que empiece, va a golpearnos, también, y muy rápido. En el 2008, estuvimos a horas de que pasara, como lo dijo el presidente de la Fed, Ben Bernake, “no tenemos una economía funcionando” y todo se ha detenido abruptamente. Ya que no hicimos caso a las advertencias, volverá a suceder. De la noche a la mañana, nos vamos a encontrar con una depresión global. Los economistas dirán que no se puede dar simultáneamente una inflación con una depresión, pero eso está desconectado de la realidad como la masa de ellos lo está. Miremos a Venezuela.

Ahora, tomemos a la Gran Depresión, hiperinflación y una pérdida completa de legitimidad de los políticos de Washington que aún siguen fracturados, aunque, ahora, la grieta sea más religiosa y cultural y racial. ¿Qué conseguiremos? Guerras de 4ta Generación, aquí -la peor de las salidas posibles. Si a usted le interesa como se verá lea al nuevo libro de Thomas Hobbes, Victoria. (2)

Traducción y notas: Carlos Pissolito.

Notas:

(1) La Ley Glass-Steagall entró en vigor el 16 de junio de 1933, promulgada por el presidente Franklin D. Roosevelt para evitar que se volviera a producir una situación como la crisis de 1929. Introdujo diversas reformas bancarias, para controlar la especulación, destacando la separación entre la banca de depósito y la bolsa de valores. N.T.

(2) William Lind usa el seudónimo de Thomas Hobbes en las páginas diario for The American Conservative y VIctoria es un libro en el que trata el tema de una guerra de 4ta Generación en los EEUU. N.T.

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