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domingo, 23 de septiembre de 2018

La vieja, la nueva Geopolítica y la Compañía de Jesús.







por Carlos PISSOLITO

En un artículo anterior: “La Geopolítica, entre la Política, la Estrategia y el verso” publicado en la revista Defensa y Seguridad y que está disponible decíamos que la vieja geopolítica se había ido al desván de la historia. A algunos, cultores de esa ciencia no les gustó. Tampoco tomaron la posta de la nueva etapa de la ciencia. Pues, al final de su artículo mencioné a una nueva teoría geopolítica. La denominada Meta Geopolítica. Una mezcla de Filosofía de la historia, con las neurociencias y de la Estrategia realista clásica que es impulsada por el neurólogo y filósofo Nayef Al-Rodhan del Centro para la Geopolítica de la Globalización y la Secundad Transnacional con sede en Ginebra, Suiza.

Puesto a continuar le debate me surgió la idea que este nuevo aporte. Más allá de sus valores intrínsecos, no era nada nuevo. Pues como verán más adelante, la teoría de Rodhan se basa de una vieja sentencia clásica: todo poder debe basarse en la justicia. No sólo en función de exigencias morales superiores, sino, simplemente, porque de esa forma es más efectivo.



Algo que ciencias tan alejadas como la economía, la psicología y hasta la biología han comprobado por sí mismas y que llaman en inglés: Moral High Ground o la autoridad moral, en criollo. Un concepto desarrollado por Robert H. Frank y que sostiene que el egoísmo no siempre es una receta para el éxito. Ya que, en un ambiente altamente competitivos el apego a principios superiores otorga una ventaja para quienes los siguen. Pues, este sujeto se transforma en un asociado más atractivo para otros socios potenciales. Por extensión, el concepto los usan, por ejemplo, movimientos políticos que buscan legitimarse, especialmente aquellos que enfrentan amenazas violentas y que necesitan del apoyo y de la simpatía del medio social en el cual se mueven.

Específicamente, Nayef Al-Rodhan sostiene que la vieja idea geopolítica de usar sólo el hard power, vale decir, los medios militares, para conquistar ellebensraum o lo que sea, ha pasado definitivamente de moda. En esta evolución, se le sumó, en la década de 1990, el soft power, enunciado por el profesor de la Universidad de Harvard, Joseph Nyle. Uno compuesto por herramientas de conquista “blandas”; tales como: la economía, la cultura y la diplomacia pública. La combinación de ambos poderes, el duro y el blando, dio -posteriormente- lugar a la lógica del denominado “poder inteligente”. Tal como lo explicara hace poco, la Secretaria de Estado de los EE.UU., Hillary Clinton. Aun así, Rodhan sostiene que éste no es aún suficiente.

Por eso propone, él mismo, el “poder justo”. Uno que no sólo sea inteligente, uno que, también, tenga en cuenta a las exigencias de la justicia. Al menos en sus formas básicas. Como puede ser el respeto de las normas del Derecho Internacional. En definitiva, un poder que pueda ser sustentable porque respeta la dignidad de las partes, sean estos individuos, entidades colectivas o Estados.

Llegado a este punto surgen lógicas comparaciones. ¿No es acaso lo que propone el Papa Francisco para las relaciones internacionales? Seguro que sí. Las coincidencias son obvias. Ya que como lo expresa el Papa en sus propias palabras:

“Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”. (24 de noviembre de 2013.)

Por otro lado, le agrego algo que no es nuevo en su pensamiento. Ya que supongo que como buen integrante de su orden religiosa, la Compañía de Jesús, Francisco se inspira no solo en San Francisco de Asís, sino en otro Francisco, uno nacido en Javier (Navarra), pero que murió misionando en la India. Un dato no menor, el de la muerte de este Francisco en 1552; ya que nos debería dar una pista sobre el tema que estamos tratando. Ya que si falleció allí fue porque había elegido misionar Japón, China, la India y Mozambique. Todos lugares alejados de las bases del Catolicismo de su época.

A la pregunta de qué lo llevó a misionar a un lugar tan lejano. Una respuesta sencilla sería que lo hizo impulsado por su Fe. Una más debatible, pero comprensible, podría argumentar que fue enviado allí por su orden religiosa para extender su influencia por todo el mundo.

La siguiente pregunta es: ¿Cómo lograron los jesuitas evangelizar a pueblos tan lejanos? No solo en lo geográfico, también y especialmente en lo cultural. Bueno, podemos empezar diciendo que debieron emplear algo parecido de lo que Rodhan califica como el “poder justo” o el “poder sustentable”. Al respecto, sabemos que lo primero que hacían era aprender la lengua de sus interlocutores. Luego, les ensañaban algún oficio o arte propio de su cultura occidental (desde música hasta técnicas empresariales). En pocas palabras, los respetaron y los trataron dignamente.

También, les debe haber ayudado su formación y el espíritu del que estaban imbuidos. Sabemos que su fundador, Ignacio de Loyola era un militar de profesión y que les transmitió a sus seguidores el estilo de vida que les es propio a los soldados. Su orden fue aprobada por el Papa Pablo III en 1540, la que tuvo un éxito inmediato. Muy probablemente, mereced al celo puesto por sus integrantes, uno que derivaba de los famosos Ejercicios Espirituales ideados por Ignacio para endurecer su carácter. Y a la completa formación que recibían sus miembros, una en la que no eran excluidos los conocimientos aportados por las ciencias del Renacimiento de la época.

Como no podía ser de otra forma, este éxito atrajo envidias. Pronto se los estigmatizó como simples buscadores de poder. Se llegó a hablar de instrucciones secretas (la Monita Secreta) que circulaban en la Orden. De hecho, uno de sus miembros de la rama inglesa de la Orden, Henry Garnet fue detenido, torturado y ahorcado por su supuesta participación en la Conspiración de la Pólvora dirigida por Gay Fawkes. Y quien diera origen a la conocida historieta “V de Vendetta”, cuya máscara blanca y con una sonrisa sardónica se usa hoy como un símbolo en todas las marchas de protesta alrededor del mundo.

Pero, más allá de las leyendas y de las historias comprobadas, los jesuitas siempre trataron de cambiar al mundo en función de sus ideales. Obviamente, algo de lo que Francisco no puede ser excluido. Mucho más si consideramos su vida sacerdotal en la Argentina antes de ser coronado Papa. Al respecto, ver el excelente artículo de Pascual Albanese: “Francisco, el peronismo y la doctrina social de la Iglesia.”

Volviendo a nuestro título, me pregunto qué necesidad puede existir hoy de frecuentar áridos textos geopolíticos. Llenos de explicaciones esotéricas. Como los de Rudolf Kjellén, Halford Mackinder o Friedrich Ratzel. Para tratar comprender una realidad mucho mejor explicada en las obras clásicas de Tucídides o de Francisco de Vittoria. Conocimientos puestos en acto por Ignacio de Loyola y su orden religiosa. Y quien sabe, probablemente, por el Papa Francisco. Ya que como decía un viejo y querido profesor, repitiendo al genial Miguel de Unamuno: “para novedades, los clásicos.” Pero, si ustedes no son lectores asiduos y estos textos los aburren, les propongo que vean la famosa película de “La Misión”. Una que explica bellamente como se ejerce el poder desde la más absoluta inferioridad física y numérica. Solo apelando a un conocimiento superior.

Claro, si la ven. Tendrán que elegir si quieren ser como el jesuita blando (Jeremy Irons) o como el duro (Robert de Niro).

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