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domingo, 19 de enero de 2020

No todos los gatos son pardos.








por Carlos Pissolito

Foto reciente de un gato andino,
al que se lo creía extinto.
Muchas veces los mitos son más reverenciados que la verdad misma. Especialmente, cuando ese destructor del criterio propio que son la ideologías toman el lugar del sentido común. Que cómo ya sabenos es el menos común de los sentidos.

Por estos días, varios mitos parecen volver a cobrar vida. Uno de ellos sostiene, por ejemplo, que el Justicialismo es un movimiento de Izquierdas u otro que dice que no tenemos más remedio que ser aliados incondicionales de los EEUU.



Para hacer corta una historia larga, podemos comenzar diciendo que son bien conocidas las diferencias que durante el 3er gobierno de JD Perón nos llevaron a un virtual estado de guerra civil. Por aquellas épocas, que no es el caso actual, estábamos en plena Guerra Fría y el mundo se dividía entre el Mundo Libre y los aliados de la URSS.

Perón en el exilio y luego de acontecimientos violentos como el bombardeo de la Plaza de Mayo, alentó a la denominada resistencia peronista, la que con la ayuda de la Iglesia y de otras instituciones evolucionó bajo las formas de una guerrilla terrorista. De vuelta en el país un Perón, ya anciano, quiso ponerle fin al entuerto para lo que creó a las AAA y luego, su viuda, le dió plenos poderes a las FFAA para combatirla.

Lamentablemente, las FFAA hicieron el golpe de 1976 para combatir una guerrilla que estaba, prácticamente, derrotada. Una que no era exclusivamente peronista, ya que los radicales de la coordinadora se habían agrupado en el ERP 22 de agosto.

Con la derrota de la Guerra de Malvinas, volvieron los gobiernos democráticos, pero esta vez lo harían con una receta nueva: la de los DDHH, fogoneada no desde Moscú, sino desde Washington (J Carter) y desde Londres (M Tatcher). Era la socialdemocracia con un objetivo común: desarmar al partido militar, de paso, cortarle las garras a las capacidades de sus FFAA, las que bien habían sido demostradas en Malvinas, ya que con poco hicieron mucho daño.

A partir de allí, muchos quedaron confundidos con quien era el enemigo, aunque en 1989 desaparecería la URSS. La OTAN necesitaba tener enemigos, 1ro los buscó en Medio Oriente (Irak y Afganistán), donde fueron derrotados con todo éxito.

Ahora parece ser que estarían en el empobrecido Sur (Doctrina neo-Monoroe mediante) en Venezuela, en Bolivia y, por que no, en una Argentina peronista.

Para terminar, se acusa de peronista a un gobierno que difícilmente lo sea, ya que es tan socialdemócrata como los anteriores, vale decir que tiene con el corazón a la izquierda, pero con la billetera, bien agarrada, con la derecha. Pero, los muchachos del Norte no quieren correr riesgos. Con la Argentina nunca se sabe.

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