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lunes, 21 de septiembre de 2015

China y la Región.




http://thediplomat.com/2015/09/china-south-america-and-regional-integration/?utm_source=Active+Subscribers&utm_campaign=8b261b5e70-MR_092115&utm_medium=email&utm_term=0_35c49cbd51-8b261b5e70-64063349

China y la integración sudamericana.





Bruno Gomes Guimarães y Diogo Ives

El viaje a Brasil, Perú, Colombia y Chile del Premier chino Li Keqiang en mayo de este año hay que verlo como un plan de cooperación entre China y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) y que fuera anunciado en enero de este año. Los objetivos de este plan son el incremento del comercio bilateral a U$ 500.000 millones y la inversión directa china en la región de unos U$ 250.000 millones antes del 20125.

Keping y Bachelet saludan a las cámaras. 

Ambos objetivos están unidos, a partir de que China espera que el comercio bilateral crezca, así como sus inversiones en infraestructura en América Latina. La estrategia, también, busca impulsar las relaciones económicas con los países de Europa, Asia y África. Trenes, caminos, puertos y aeropuertos serán construidos o mejorados para permitirle a Beijing comprar materias primas y vender sus manufacturas en una forma más barata a todo el mundo
Las inversiones prometidas por Li Keqing durante su viaje a América del Sur están en esa línea estratégica. El mayor proyecto es un ferrocarril de U$ 10.000 que conectará a Brasil con Perú y sus puertos del Atlántico con los de Pacífico. Ello hará más fácil y barato la exportación de soja, carne y mineral de hierro desde el interior brasileño. Actualmente, esas exportaciones deben llegar primero al puerto brasileño de Pará o Maranhão antes de atravesar el Canal de Panamá para llegar al Pacífico y a China.



En Colombia, China ha prometido modernizar el puerto de Buenaventura, el segundo en importancia y construirá una autopista de 600 Km para unir el centro colombiano con la frontera venezolana. Se supone que el camino cruce la región de la Orinoquía, rica en productos agropecuarios, petróleo y minerales. China y Colombia, también, están negociando un tratado de libre comercio.
Estos anuncios se unen a una larga lista de proyectos logísticos sudamericanos propuestos por China en años recientes. Ejemplos que incluyen la construcción de un puerto en Surinam, el cual se conectará con un ferrocarril y un camino que unirá Paramaribo con Manaos para facilitar la exportación de minerales brasileños, la expansión del puerto venezolano de Palúa en el delta del Orinoco, como un elemento vital de las inversiones en Colombia, la mejora del puerto chileno de Desierto para exportar mineral de hierro desde las minas de Atacama y la expansión del puerto de San Antonio Oeste en Argentina, para permitir la exportación de productos agropecuarios cultivados en tierras administradas en ese país por los propios chinos.
Durante su visita a Chile, Li Keqiang firmó una serie de acuerdos financieros que son muy importantes para la estrategia china para América Latina. Se anunció un swap de monedas por 22.000 yuanes (unos U$ 3500 millones), junto con el establecimiento de un clearing bancario en yuanes, el que será el primero en funcionar en la región. Ambas iniciativas buscan reducir el uso del dólar en el comercio bilateral, restringiendo la influencia de los EE.UU. en las relaciones comerciales. China y Chile, también, acordaron expandir sus relaciones comerciales bilaterales mediante un acuerdo a ya firmado en el 2005.
Por supuesto, algunos de esos proyectos no llegarán a materializarse, pero la estrategia detrás de ellos revela las intenciones chinas. Beijing busca profundizar sus lazos con la América del Sur y sus inversiones se orientan hacia el transporte de commodities hacia las áreas costeras, conectando los puertos con las minas y las tierras de cultivo del interior. Esto es lo que históricamente se ha hecho en la América del Sur. China puede estar tratando de mejorar el modelo de cooperación, pero será una decisión de los países sudamericanos usar efectivamente las ganancias y las inversiones chinas para evitar la desindustrialización, tal como ella ocurrió en el pasado.
Mientras tanto, un cambio significativo en las dinámicas regionales está ocurriendo. Hay una clara intención china de redirigir la producción sudamericana hacia el Pacífico. Lo que económicamente beneficiará a los países con costas en ese océano. Keqiang visitó los tres países con esas características (Perú, Chile y Colombia) y con los cuales se está articulando la Alianza del Pacífico. Este bloque comercial facilitará el comercio y los flujos financieros, haciendo más fácil para China desarrollar su presencia en le región en contraste con el más proteccionista Mercosur, liderado por Brasil y la Argentina. Para las naciones sudamericanas que dan al Atlántico y al Mar Caribe (la mayoría de ellos miembros del Mercosur), China buscará crear corredores bi-oceánicos hacia el Pacífico, como el ferrocarril Brasil-Perú y el nuevo Canal de Nicaragua.
Este escenario sugiere y es especialmente importante para Brasil (pero también para otros países de la región) en todo lo relacionado con la integración de sus economías domésticas. Será necesario desarrollar un plan nacional y regional que proyecte mitigar los efectos negativos de las inversiones chinas (o de cualquier otro país), considerando que: "(...) la promoción de la infraestructura focalizada en el desarrollo económico y comercial no garantiza que ellas sean útiles para los objetivos geopolíticos y estratégicos de los Estados de la región, a partir de que ellos pueden estar condicionados por intereses privados y externos." (Jaeger, 2014, p. 87). Sin duda, estas inversiones incrementarán el comercio entre la América del Sur y China (o el este asiático) como un todo, pero por sí mismas no aseguran el desarrollo y la integración intra-regional.
Con certeza se producirán impactos sociales, ambientales y de desindustrialización. Sin embargo, los países de América del Sur necesitarán de estrategias de desarrollo y establecer reglas que les permitan un uso más efectivo de sus recursos y de los que vengan de Beijing en defensa de sus propios intereses. Las inversiones en infraestructura no modernizarán a las economías locales ni garantizarán la integración regional por sí mismas; pero podrían ser muy útiles si estos paises tuvieran políticas para el desarrollo de largo plazo que permitieran negociar con los EE.UU. y con la UE, así como con la misma China. De hecho, la CELAC afirma que la infraestructura logística que proveerá China estimulará el comercio intrategional y la formación de cadenas de valor. Pero, será decisión de los Estados sudamericanos como usar las inversiones chinas en beneficio de su propio desarrollo y de la integración regional.

Bruno Gomes Guimarães es investigador en el ISAPE (Instituto Sudamericano de Políticas y Estrategia) y Diogo Ives es master en Ciencia Políticas en la Universidad Federal de Ciencia de Rio Grande do Sul.

 Traducción Carlos Pissolito.

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