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martes, 1 de septiembre de 2015

Información e Inteligencia Estratégica.






EL PROCESO DE LA INFORMACIÓN : FACTOR CRÍTICO EN LA INTELIGENCIA ESTRATÉGICA.






Guillermo Lafferriere


La inteligencia estratégica es aquella que emplean los estados para anticipar amenazas, detectar oportunidades y en definitiva, coadyuvar a una toma de decisiones en el más alto nivel que esté basada la misma en la mejor y más confiable información disponible sobre el asunto que se debe atender.
En el pasado, y nos referimos a uno que con algunas reservas podemos colocar en el período previo a la 2da Guerra Mundial, el obtener información era indudablemente el aspecto más complejo a la hora de poder contar con datos válidos para decidir. En esos días obtener la misma significaba poseer acceso a documentación clasificada o la infidencia de colaboradores en los países que eran de interés.  Ello todavía tiene importancia aunque se ha relativizado desde la 2da Guerra Mundial con los recursos que proporcionaba el reconocimiento estratégico por medio de imágenes, el inicio de las operaciones electrónicas y la introducción de incipientes computadores para manejar volúmenes crecientes de información a mayor velocidad.
Todo esto se aceleraría con la aparición de la tecnología que los satélites de reconocimiento portan, los que no solamente están al servicio de los países más desarrollados, otras naciones que poseen tecnología satelital disponen al menos en teoría de plataformas para poder hacer ese tipo de reconocimientos; a lo que se le suma el empleo de drones para ese tipo de operaciones y sin dudas el ciberespacio es otro ambiente donde se desarrollan actividades de relevamiento de información.  Algunas de estas tecnologías están también a disposición de compañías privadas y OONNG, las que hacen uso de las mismas en cosas tan diversas como detectar amenazas a poblaciones por grupos que hacen limpieza étnica o el seguimiento del comportamiento de diversos indicadores que ayudan a seguir el tema del cambio climático y también efectuar evaluaciones de riesgo de diferentes zonas del mundo para todo aquel que pueda pagarlas.



En nuestra visión desde hace ya varios años, la dificultad ya no está tanto en obtener la información sino en cómo procesar el inmenso volumen esa información colectada requiere para transformarse en lo que los especialistas denominan “inteligencia”, base sobre la cual se toman decisiones en el máximo nivel de conducción. Y ¿qué es pues ese proceso de la información que se ha recolectado?
Ese proceso es una serie de actividades que se llevan a cabo para que esa información que se reunió pueda ser cotejada con otra que se dispone en diferentes tipos de registros. En ese proceso, altamente complejo interactúan cuestiones medibles con otras menos tangibles. Así se valora no solamente a la información obtenida sino que se hace lo propio con el medio que la obtuvo: ¿ha sido confiable en el pasado? o ¿es esta la primera vez que provee una información de tanto valor?.  Y también se le da  relevancia a esa información obtenida en función de lo que se está buscando esclarecer. Por otra parte, la inteligencia que se produce de todo ese proceso de la información obtenida, debe ser colocada en el contexto de la intención que puede tener el oponente. Una cuestión que también lleva una inmensa carga de subjetividad. Permítasenos dar un  par de  ejemplos que nos ayuden a entender un poco mejor lo que estamos expresando:
Cuando en 1962, la inteligencia de Washington detecta sin lugar a dudas el emplazamiento de misiles soviéticos en Cuba, los decisores estratégicos de ese país estaban frente a un verdadero dilema. ¿Guiarse por la capacidad de esos misiles o por la intención de los líderes soviéticos? Si tomaban la opción de decidir en base a las capacidades de los misiles, los decisores de EE.UU. deberían atacar a los soviéticos de inmediato, pues el alcance de esos misiles era suficiente para golpear blancos en una parte importante de la costa Este del país. Eso llevaría sin dudas a que se iniciara una guerra con la Unión Soviética, la que en breve podría escalar a un intercambio nuclear masivo entre las dos naciones.  Si en cambio se optaba por tomar la intención de los soviéticos, el asunto cambiaba, pues la interpretación al máximo nivel podía indicar que los primeros estaban sondeando la fortaleza de la administración Kennedy para atender una clara amenaza a su país y evaluar de ese modo si podía forzar a esta última a adoptar un camino de concesiones futuras a la política de Moscú.  Por suerte la administración Kennedy apostó por enfocarse en la intención soviética y no en las capacidades. Esto en modo alguno no quiere decir que no tomara disposiciones para la eventualidad de tener que enfrentar a los soviéticos, pero mantuvo la suficiente autolimitación para adoptar un camino que evidenciara fortaleza y determinación al tiempo que abría los suficientes canales de comunicación para llegar a un acuerdo y evitar la guerra. El final les dio la razón.
Más cercanos en el tiempo,  antes que desde Afganistán Al Qaeda y Ben Laden decidieran realizar los ataques del 11 Set 2001, los servicios de inteligencia de Occidente, y fundamentalmente los de EE.UU. tenían diferentes informaciones sobre Al Qaeda y su líder, incluso de los ataques que previamente habían desarrollado contra objetivos occidentales en el mundo. Pero toda esa data que “estaba” en el sistema, no fue o bien debidamente procesada para extraer de ella la “inteligencia” que permitiera prever un ataque masivo en territorio continental de EE.UU. o quienes si la valoraron en su peligrosidad no tuvieron la suficiente aptitud para hacer llegar el alerta a las autoridades con real poder de llevar adelante medidas preventivas.  Este ejemplo, nos desnuda claramente, el riesgoso cuello de botella que se ha tornado el procesamiento adecuado de los inmensos volúmenes de información de valor estratégico que se manejan en naciones donde existe una larguísima tradición en la atención de este tipo de temáticas.
La credibilidad de los servicios de inteligencia es también un tema crítico, que hace directamente a la aptitud de los mismos para producir asesoramientos creíbles al máximo nivel de decisión. Un claro ejemplo de ello ha sido el inmenso error cometido en relación a las armas de destrucción masivas que Irak supuestamente poseía y que estuvo en el núcleo de la decisión de invadir el país en 2003 por parte de EE.UU. y el Reino Unido.  Sea por un gravísimo error de apreciación o por un deliberado accionar para “desinformar” y a partir de allí crear el apoyo necesario para atacar Irak, lo cierto es que la credibilidad de las agencias de inteligencia de EE.UU. está hoy cuanto menos sujeta a una grave cuestionamiento, el cual llevará un prolongadísimo tiempo el modificar esa situación; más allá de los logros que en otros campos han tenido, fundamentalmente en la reducción del riesgo de recibir un nuevo ataque masivo y la inteligencia proporcionada a las fuerzas militares encargadas de combatir a las organizaciones terroristas islámicas en distintos lugares del mundo y la colaboración que con otras agencias europeas, de Rusia, China, India y Pakistán desarrollan de manera permanente.
A pesar de los inmensos recursos económicos a disposición, de los medios tecnológicos disponibles en el planeta y en el espacio, lo que mayormente se ha logrado es una inmensa capacidad de obtener información y posiblemente una no menor capacidad de analizar la misma en función de la información que se posee con anterioridad. Sin embargo, se mantiene la necesidad crítica que el hombre sea el que efectúe la evaluación final de la misma, y hecho esto la presente a los decisores políticos de una manera convincente que ellos acepten y la empleen en la toma de decisión.  Como hemos visto a lo largo de este trabajo, la subjetividad fue y sigue siendo parte del análisis que sufre cualquier información obtenida, y el manejo de la misma, básicamente el comprender su inherente presencia, es otro de los aspectos críticos de esta actividad vital que hace a la preservación de los intereses de los estados desde tiempos inmemoriales: el contar con información sensible y oportuna antes que otros. Y el término “antes” es la piedra de toque de todo este “juego”.  ¿Por qué? Pues porque tener la información antes significa deberá sacrificarse cierto nivel de certeza. Si se quiere poseer una seguridad absoluta, se requerirá de un período de tiempo mayor, el cual no necesariamente puede dar esa certidumbre buscada y casi con seguridad puede tener como resultado que la información obtenida carezca de todo valor para la toma de una decisión estratégica.
El lector puede ahora quizás comprender las intrincadas sutilezas que se encuentran inmersas en este juego de contar con información crítica para la toma de decisiones. Un juego que en definitiva viene desarrollándose desde hace siglos, y que en modo alguno dejará de jugarse, al menos allí donde se considere que hay intereses nacionales que preservar.