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sábado, 10 de octubre de 2015

La educación militar.





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¿Cómo aprenden los ejércitos? 






por Guillermo Lafferriere - Oct-07-15

Hay una idea muy difundida entre quienes no se encuentran cerca de los temas de la defensa, y la misma no imagina que hacen los ejércitos cuando no están empeñados en operaciones, sean estas de combate o las que más recientemente se denominan en no pocos países como "operaciones de no guerra": aquellas mayormente enfocadas al auxilio de la población o asistencia humanitaria en casos de catástrofes.   Y en esa mirada, suele ponerse el acento en la actividad de esos ejércitos en los, por suerte, mayoritarios tiempos de paz, y se piensa que los mismos  están dedicados a una suerte de extendido ocio sin mayor aplicación a la producción de un servicio concreto a la sociedad.  Este trabajo pretende aportar algunas observaciones a esa percepción.


En principio, y quienes sigan esta columna lo han leído en no pocas ocasiones, una fuerza militar, en este caso un ejército, es una organización muy particular, que no produce un bien tangible que pueda ser claramente percibido por la mayor parte de la población.  El servicio que produce es uno que solamente puede ponerse en evidencia en el momento que se requiera el empleo de ese ejército. Posiblemente en una acción de apoyo humanitario la población que reciba la ayuda podrá juzgar la disciplina de las tropas, la eficiencia con que se dispuso el socorro y otros aspectos que podrán darle un indicio de esa fuerza militar. Normalmente el público que recibe esa ayuda será comparativamente menor al que no lo requiere, y por lo tanto la percepción sobre esa fuerza militar, cualquiera sea la misma, quedará reducida a los que fueron testigos de la misma y quizás al reflejo que los medios de comunicación puedan dar de la misma.  Sin embargo, y con lo relevante que la ayuda humanitaria que un ejército pueda dar en un desastre humanitario, ello en modo alguno se compara con las destrezas, capacidades y exigencias que las operaciones de combate pueden demandar del mismo.  Y aquí en este último caso, no son pocas las veces en que ese ejército puede surgir victorioso de la prueba pero sin embargo haber evidenciado fallas importantes en su preparación; mientras que pudo haber sufrido una derrota y simultáneamente haber realizado un esfuerzo inmenso y ponderable en ese momento de prueba, pero que resulta opacado para su población al no haber alcanzado a imponerse en el combate contra quienes enfrentó.

Pero volvamos al principio del trabajo. ¿Qué hace un ejército en tiempo de paz? La respuesta dependerá siempre del nivel de profesionalidad de sus líderes militares y en no poca medida de lo que la política espere del mismo.  Supongamos la circunstancia que exista un liderazgo militar profesional, uno que tenga presente que la preparación de un ejército no es algo que puede obtenerse en semanas, ni meses; sino que es el producto de un complejísimo sistema de enseñanza que se va transmitiendo de generación en generación militar. En ese caso, ese ejército tendrá su mirada colocada en alcanzar estándares precisos de capacitación. Ellos obligarán a sus organizaciones a llevar adelante programas de adiestramiento factibles de ser evaluados y comunes a organizaciones similares, que permitirán contar con fuerzas militares que posean niveles de capacitación operativas relativamente elevados. Los mismos, por razones de costos, podrán ser mucho más altos en aquellas organizaciones destinadas a ser las primeras en ser desplegadas en caso de una crisis, mientras que el resto de la organización, puede alcanzar esos niveles de capacitación en cortos períodos, mientras los primeros son empeñados.

Esos ejércitos, pueden suplir la falta de experiencia directa de combate de distintas maneras. Por ejemplo manteniendo un sistema de creación de doctrina, es decir la idea que ese ejército tiene de como luchará, muy "horizontal" en su concepción. Esto quiere decir que no es un órgano que elabora ideas sino que es uno que genera las mismas en función de un intercambio fluido con la mayor parte de los miembros de la organización, fomentando además que desde los niveles más bajos de mando se generen ideas que permitan innovar y mejorar así los procesos de formulación de esa doctrina.  Al mismo tiempo, esos ejércitos mantienen equipos profesionales diversos, multidisciplinarios que incluyen a civiles también; todos los cuales siguen de cerca no solamente el desarrollo de los conflictos que se llevan adelante en distintas partes del globo, sino también los desarrollos tecnológicos que se evidencian. Ambos aspectos son importantes para alimentar al sistema de doctrina de esos ejércitos de experiencias concretas, las cuales en su interacción con las que surgen del propio entrenamiento, permiten contar con una fuerza militar actualizada en sus procedimientos.

Otra forma de actualización es el intercambio de militares con otras naciones. Esos intercambios no pueden estar fundados en otras razones que lograr capacitar al personal para que el mismo a su regreso al país contribuya durante un tiempo no menor a la diseminación de la experiencia obtenida con los equipos de doctrina de ese ejército.  No hacerlo de esa manera, se trasunta en un verdadero dispendio de los recursos de la nación que así lo hace.

Si esos ejércitos proceden de la manera en que se ha expresado, o de otras que sirvan al mismo propósito, los países tienen cierta mínima seguridad que los cuantiosos fondos que se erogan en el mantenimiento de esa organización militar responden a una finalidad útil, y en caso de una crisis, esos países tendrán no la garantía del éxito; eso nadie lo puede jamás garantizar; sino que poseerán una herramienta que podrá absorber razonablemente bien el tremendo choque que significa enfrentar el combate real, y de esa experiencia generar rápidamente la adaptación de su doctrina para poder proporcionar a las autoridades políticas resultados tácticos que coadyuven a una solución políticamente aceptable de la crisis.

Podrá decirse que es un dispendio muy grande de recursos y energías para contar con un servicio en un tiempo indeterminado y además sin que ese proveedor del mismo no pueda aportar una garantía de resultado de empleo del servicio requerido. Es cierta esa reflexión si se la formula desde la perspectiva de una situación donde no se perciban las crisis. La historia suele dar ejemplos sobre esta temática. Normalmente dolorosos. Baste recordar el ejército francés del período entre 1918 y 1939.  Sufrió quizás el peor de los males: surgir victorioso de una guerra sin comprender cabalmente a la misma. Quedó prisionero tanto de ideas obsoletas como de una falta de promoción de verdaderos talentos; y no eran pocos los que tenía... A ello se sumó un liderazgo político que no hizo hincapié en contar con un ejército acorde para enfrentar eventuales crisis. Un 10 de mayo de 1940 ese ejército tuvo un doloroso despertar, uno que lo sometió a la escuela de aprendizaje más dura que cualquier campo de instrucción: reconvertirse sobre la base de la experiencia que dolorosamente se aprende en la guerra.  Y esto último contando además con la suerte de que tuvieran tiempo para que ese proceso pudiera revertir la derrota. A veces, el destino no suele ser tan generoso.  Sin dudas, quien esto escribe suscribiría que ese ejemplo es uno de un claro dispendio de recursos.

Un ejército es una gigantesca escuela de constante y sistemático aprendizaje en tiempos de paz. No tiene otro objeto, y es casi criminal, pensando en las próximas generaciones, que sus esfuerzos no sean orientados en esa dirección. Y también lo es para las presentes generaciones, cuando se piensa en los costos que en ellos se han invertido para pretender contar con una herramienta militar eficiente. Como siempre, todo dependerá de los hombres. De sus visiones de largo plazo y de su liderazgo para lograr que esas miradas se vayan concretando en el tiempo. Sin visiones y sin liderazgo los ejércitos son un costo enorme para las naciones, y no es extraño que en esos casos alguien se pregunte ¿para qué todo esto? En ese caso, la falta de comprensión de la razón de ser de un ejército no estará más en quien formula la pregunta.