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martes, 25 de abril de 2017

BANDOLERISMO.
















por Carlos PISSOLITO

 Desde hace tiempo que este tipo de cosas viene siendo anunciada bajo diversas etiquetas y formatos. El Papa Francisco, por ejemplo, la ha llamado la Tercera Guerra Mundial en Pedacitos.

Una ametralladora pesada de uso militar fue utilizada
por los bandoleros como arma de apoyo.
Nosotros, por nuestra humilde parte, hemos especificado que el pedazo del Norte ella tiene colocada la máscara del terrorismo islámico, pero que bien puede volver a vestir la de los ataques quirúrgicos. Los que puedan devenir en un intercambio clásico y hasta nuclear.

Acá en el Sur su rostro es otro. Es el del bandolerismo. Expresado bajo las formas del narcotráfico o el de algunas de sus franquicias del crimen organizado; tales como: el contrabando calificado, el tráfico de personas y el trabajo esclavo.


Ambos lados, comparten -aunque con distinta intensidad- las consecuencias de las agresiones permanentes al medio ambiente. Más elegantes en el Norte, más salvajes en el Sur.

El reciente golpe tipo comando a una aseguradora ubicada en Ciudad del Este, Paraguay. No es un hecho casual. Ni desde el punto de vista geográfico ni del conceptual.

Cualquiera sabe qué todo tipo de guisos delictivos se cocinan en ese lugar. Desde la comercialización de productos truchos hasta la compra-venta de drogas, armas y autos mellizos.

Allá por el 2001 las alarmas internacionales sonaron cuando en una cueva de los talibanes afganos se encontró un hermoso poster de nuestras Cataratas del Iguazú. Investigaciones posteriores permitieron descubrir que mientras en el lado brasileño organizaciones de superficie del Islam recaudaban fondos para su Guerra Santa, en el lado paraguayo bien podía haber células dormidas.

La progresiva cartelización del narcotráfico y del crimen organizado en Brasil es el origen del nuevo peligro. El del bandolerismo. Uno que amenaza con extenderse a los otros lados de la frontera. Hacia Paraguay como necesaria base operativa y hacia Argentina como fértil campo de operaciones.

Todo ello comprueba lo que venimos diciendo desde hace tiempo: que el crimen será librado como una guerra y la guerra como un crimen.

En consecuencia, las viejas categorías de amigo y enemigo y que enmarcaban las guerras en las que los Estados dirimían sus diferencias está siendo reemplazado por la más perversa de inocente y culpable.

Si antes las poblaciones, especialmente en la figura de los más débiles eran obligatoria y civilizadamente dejadas afuera de la pelea. Hoy conforman el objetivo principal. Es el crimen y/o la guerra adentro del pueblo.

Ante ello, los Estado habrán de reaccionar. Pero para ello será menester que sus respuestas sean inteligentes y hasta prudentes. Deben responder a una estrategia.

Una que por su propia definición deberá ser integral. Por ejemplo, sabemos que no alcanzará con la simple militarización de las fuerzas policiales.

Harán falta buenos profesionales, buenas ideas y fierros. Y en ese estricto orden.

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