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martes, 17 de octubre de 2017

"Hemos arado sobre el mar".

https://www.urgente24.com/267233-la-gran-desilusion-de-guayaquil-arar-en-el-mar





Simón Bolívar y José de San Martín fueron los Libertadores de América. Ambos eran criollos que ambicionaron que cesara el dominio de España sobre los territorios americanos. El problema surgía acerca del Día Después. Bolívar buscaba una República Democrática unificada en todo el territorio, que llamaría Gran Colombia y que presidiría él. San Martín, ya protector del Perú, ambicionaba un Gobierno monárquico. Abel Posse escribió, acerca del encuentro entre Bolívar y San Martín: "Cuando aquel 26 de julio de 1822 San Martín llegó al palacio de Guayaquil para el diálogo decisivo con Bolívar, ya había perdido sus ilusiones sobre el destino de América latina y tenía juicio formado sobre el militarismo heroico y vacuo del Libertador. En efecto, la violencia militar puede liquidar un orden establecido, pero no crearlo. Y éste es el punto crucial al que había llegado San Martín en su experiencia extrema, de retorno a esa América de su primera infancia." Hubo un diálogo, una cena y una partida abrupta de San Martín. Ninguno de los 2 consiguió concretar su ambición sobre el futuro de América para el Día Después. San Martín falleció de viejo, al final de un exilio autoimpuesto, el 17/08/1850. Hacía 20 años que ya había muerto Bolívar, víctima de la turculosis, el engaño y la traición, el 17/12/1830.


José de San Martín había ingresado a Lima y declarado la Independencia del Perú el 28/07/1821, asumiendo la jefatura del gobierno con el título de Protector del Perú.

Pero en el interín ocurrió un acontecimiento que dañó la imagen de San Martín ante los otros líderes militares criollos de la región, por ejemplo Simón Bolívar.

San Martín le ordenó a Juan Antonio Álvarez de Arenales incursionar por 2da. vez en la sierra al mando de 3 batallones de infantería, y el regimiento de Granaderos a Caballo: 2.500 soldados. La división de Arenales ocupó Pasco el 21/05/1821.

Los españoles contaban con 900 hombres pero lograron demorar la ofensiva patriota. Luego ocurrió el armisticio de Punchauca, que permitió a Arenales aumentar su división a más de 4.000 soldados, cortando la retirada del virrey José de la Serna camino de Lima al Cuzco.

El capitán general francés pero a órdenes de España, César José de Canterac Orlic y Donesan, al mando de una fuerza de 2.000 hombres, consiguió reunirse con José Manuel de Carratalá Martínez -el militar español que enfrentó a Martín Miguel de Güemes en Salta y en el interín se casó con Ana de Gorostiaga y Rioja- y fueron en busca de Arenales, quien se retiró a Jauja, y bajo instrucciones de José de San Martín, abandonó la sierra para entrar en Lima el 26/07/1821 que ya había sido ocupada por José de San Martín.

Fue un error decisivo que permitió al virrey José de la Serna rehacer el Ejército Real del Perú, que había quedado desarticulado durante su repliege camino al Cuzco, tras abandonar Lima el 06/07/1821.

Mientras tanto, Bolívar había vencido a los monárquicos o realistas (que no siempre eran españoles pero habían jurado fidelidad al Rey de España) en la Batalla de Boyacá y en Carabobo, asegurando la libertad del virreinato de Nueva Granada y la de Caracas.

San Martín pidió ayuda al Río de la Plata y aunque algunos caudillos como Estanislao López y Francisco Ramírez, y el gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos, mostraron su apoyo, el gobierno de Buenos Aires, que era el único capaz de financiar la operación, le negó al general la ayuda solicitada. Además, Lord Cochrane abandonó a San Martín por discrepancias acerca de las ideas monárquicas, quien además sufrió el abandono de Juan Gualberto Gregorio de Las Heras, porque disgustado con la inactividad del ejército que comandaba regresó a Buenos Aires.

San Martín sólo tenía una opción: unir sus fuerzas con Bolívar.

En octubre de 1820, Guayaquil proclamó su independencia de España quedando José Joaquín de Olmedo como jefe político de la provincia. Pero hubo una ofensiva española y el general Antonio José de Sucre, entró con sus tropas pero fueron derrotadas.

Por ese motivo Bolívar le pidió su apoyo a San Martín, quien envió a la División del Norte y los Granaderos a Caballo, para sumarse a las fuerzas al mando de Sucre, derrotando a los españoles, luego controlaron Quito y la incorporaron a la República de Colombia.

Ante la liberación definitiva de Guayaquil, en la Provincia surgieron 3 partidos políticos:

> Los colombianistas: Buscaban que Guayaquil integrara la Gran Colombia, como también quería Bolívar.
> Los peruanistas: Defensores de que Guayaquil se incorporase a la República del Perú.
> Los independientes: Querían que la Provincia Libre de Guayaquil fuese un Estado soberano e independiente.

Bolívar aceptó la invitación de San Martín y escogió la ciudad de Guayaquil como sede de la entrevista que ocurriría el 26/07/1822.​

Pero Bolívar hizo trampa: él ingresó antes a la ciudad, el 11/07/1822 y al descubrir que la voluntad popular no estaba con la incorporación del territorio a Colombia, asumió todos los poderes y tomó la ciudad bajo la protección de la República de Colombia.

Así Bolívar borró 1 de los temas de la agenda bilateral. Y lo hizo de forma agresiva.

Hay sólidos argumentos suficientes para sostener que Bolívar no estaba interesado en la unificación de fuerzas que proponía San Martín. Por lo tanto, el resto de la agenda era una ficción.

Abel Posse escribió en el diario La Nación una muy interesante descripción de aquel encuentro:

"(...) San Martín era circunspecto, poco sonriente. Adusto como el mismo Escorial. Llegaba a ese encuentro sin esperanza de cambiar su destino. Sentía seguramente que sería un milagro que Bolívar pudiese compartir un tema opuesto por completo a la visión del triunfo militar que lo exaltaba como estratego genial. San Martín había dejado todo preparado para regresar inmediatamente a Perú y reembarcarse hacia Chile.

Bolívar hacía de todo fasto una fiesta. Convocó a las familias distinguidas y al cabildo de Guayaquil a rendir homenaje al héroe sureño. San Martín la debe de haber pasado muy mal cuando Carmen Garaycoa, la adolescente hija de una amante del libertador, se acercó a él como una vestal griega y le colocó una corona de laureles y oro.

Desconcertado, se la quitó y se la devolvió a la niña murmurando que no merecía semejante homenaje. Luego, los héroes dialogaron a solas durante el almuerzo y al día siguiente se reunieron cuatro horas que serían para siempre famosas para nuestra historia.

Desde ese día en Guayaquil faltaban ocho años para la muerte trágica de Bolívar. San Martín, como un ángel premonitor, de algún modo le adelantó la frase que el libertador pronunciaría como un triste reconocimiento al expirar: "Hemos arado en el mar". (...)".

Todo esto condicionó la reunión y en la madrugada del 28/07/1822, San Martín abandonó Guayaquil y luego de 20 días de viaje llegó a Lima, dónde renunció a su cargo de Protector y siguió viaje rumbo a Chile, dónde no fue bien recibido y volvió a Buenos Aires, donde era esperado para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales.

Sin duda, ya por entonces los porteños eran incapaces de mirar más allá de su propio ombligo.

Es más: con San Martín en Buenos Aires, los unitarios se encargaron de difamarlo y amenazarlo, hasta que él decidió abandonar el país en compañía de su hija Mercedes, rumbo a Europa.

En cuanto a Bolívar, logró derrotar a los españoles pero nunca pudo concretar su ambición de la Gran Colombia. Tal como le dijo en una carta su compañero Libertador: “Lo único que se puede hacer en América es emigrar”.

El general Jerónimo Espejo, quien integró el Ejército de los Andes y participó en batallas como Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, escribió sobre aquellos sucesos en Guayaquil:

"(...) Voy a hacer referencia para que nuestros compatriotas conozcan este hecho hasta en sus minuciosidades. Mas, no obstante conservarlas frescas en la memoria, cual sucede por lo general con toda ocurrencia que hondamente impresionan en la juventud, algunos años después escribí al coronel don Rufino Guido pidiéndole datos sobre el particular, como testigo presencial que había sido en esa ruidosa escena y tuvo la amabilidad de responderme con lo que sigue, cuya descripción autógrafa conservo original entre mis papeles. Ella refiere: “Que tan luego como el general San Martín llegase a Puná y se le instruyera de la situación, le ordenó embarcarse en un bote con doce remeros, encargándole fuese a felicitar al Libertador por su feliz arribo y anunciarle que al siguiente día tendría el gusto de hacerle una visita. A vela y remo navegó toda esa noche llegando a Guayaquil como al mediodía, y en acto de desembarcar se encaminó a la morada de Bolívar a cumplir su comisión”.

Presentado a éste, fue recibido del modo más cumplido y caballeresco; y así que le expresó la enhorabuena que le dirigía el general San Martín por su intermedio, contestó: “Que estimaba mucho la atención y el anuncio de la visita, que podría haber excusado, pues que él ansiaba por verlo; que inmediatamente iba a mandar dos ayudantes que le encontrasen en su camino a darle la bienvenida en su nombre y que le acompañaran hasta el puerto. En seguida ordenó se le sirviera un buen almuerzo. Le hizo muchas preguntas sobre distintas cosas y, terminado el desayuno, se despidió para regresar con la respuesta, esparciéndose por la ciudad como la luz del relámpago la noticia de la llegada del general San Martín.

”A su regreso a la Macedonia, encontróla cerca de Guayaquil, y cuando subió a bordo, ya vio allí los dos edecanes que le indicara el Libertador, dando cuenta al general de su comisión e instruyéndole de cuanto había ocurrido y observado”.

”Poco rato después, fondeó la goleta en el puerto, y algunos momentos más tarde llegaron otros dos edecanes de Bolívar a saludar de nuevo a San Martín, y a anunciarle en su nombre que deseaba verle cuanto antes. Como desde la mañana todos estaban listos para desembarcar, lo verificaron por el muelle que hay frente a la casa del señor Luzárraga en que debía hospedarse. El general bajó a tierra con toda su comitiva, y desde el muelle hasta aquélla se hallaba formado un batallón de infantería en orden de parada, el que hizo los honores correspondientes a su alto rango”.

“Bolívar, de gran uniforme y acompañado de su estado mayor, lo espraba en el vestíbulo de la misma y al acercarse San Martín, se adelantó unos pasos y, alargando la diestra, dijo: ‘Al fin se cumplieron mis deseos de conocer y estrechar la mano del renombrado general San Martín’. Este contestóle congratulándose también de encontrar al Libertador de Colombia, agradeciendo tan cordial demostración, pero sin admitir los encomios. Juntos subieron la escalera, siguiéndole ambas comitivas, hasta el gran salón de la casa en que tomaron asinto. En seguida se retiró el batallón que había hecho los honores, dejando a la puerta una guardia de honor mandada por un oficial.”

“Bolívar presentó a los generales que le acompañaban, principiando por Sucre, y a pocos momentos, empezaron a entrar las corporaciones de la ciudad a felicitar a su nuevo huésped. Luego apareció un grupo considerable de señoras con igual objeto, dirigiéndole una alocución la matrona que las encabezaba. San Martín contestó con aquella cortesana galantería con que acostumbraba tratar al bello sexo, y pasado un momento de silencio, adelantándose una joven como de diez y siete años, dirigió a éste, (que al lado del Libertador se mantenía en medio de la sala) un discurso lleno de encomios patrióticos, y al concluir colocó sobre sus sienes una corona esmaltada de laurel. Sonrojado por su natural modestia con aquella demostración inesperada, quitándosela con aire de simpática amabilidad, expresó a la señirita que estaba persuadido que él no merecía semejante muestra de distinción; pues había otros cuyo mérito era más digno de ella; pero que tampoco pensaba deshacerse de un presente de tanto mérito, ya por las manos de quien venía, como por el patriótico sentimiento que lo había inspirado, y que se proponía conservarlo como uno de sus más felices días. Terminada aquellla escena, se retiraron las corporaciones, la reunión de señoras y el cuerpo militar, qeudando el Libertador con sólo dos edecanes. Los coroneles Guido y Soyer invitaron a éstos a pasar a otra habitación a efecto de dejar solos a los dos grandes personajes que tanto habían ansiado verse reunidos.”

“Ellos cerraron las puertas por dentro y los edecanes estaban a la mira de que nada les interrumpiera; así permanecieron por hora y media, siendo este el primer acto de la entrevista, que según la expresión de ambos, había sido por tanto tiempo deseada.”

Callan los apunto que voy reproduciendo, acerca de los tópicos de que se ocuparon en esta vez, ni si el general San Martín, en la condición reservada que le era característica, en ese día o siguientes, se le escapara el más leve indicio sobre la materia.

“Que terminada dicha conferencia abrieron las puertas del salón y el Libertador salió para retirarse a su morada, seguido de sus dos edecanes, acompañándole San Martín hasta el pie de la escalera, donde le hizo un cumplimiento de despedida”.

“Desde la llegada de éste a Guayaquil, se veía una inmensa masa de pueblo agrupada al frente de la casa en que se hospedó, la que aclamaba sin cesar al Libertador del Perú, y después que el general Bolívar se retirase, saliendo a los balcones, saludó la reunión con palabras de benevolencia y gratitud, por las expresiones patrióticas con que se le distinguía. En ese momento se anunciaron otras visitas de vecinos notables de la ciudad, por lo cual tuvo que dejar el balcón para pasar al salón a recibir aquellas nuevas atenciones de conocida simpatía”.

“Así que esos señores se retiraron, aprovechando el paréntesis de tan incesante afluencia, salió el general acompañado de sus edecanes a visitar al Libertador Bolívar en su casa. Este cumplimiento duraría media hora, más o menos, después del cual regresó, acercándose la hora de comer, lo que hizo en su morada sin más compañía que sus edecanes y el oficial de la escolta; y por la noche recibió otras visitas y entre ellas algunas de señoras.

“Al día siguiente, a la una de la tarde, volvió el general a casa de Bolívar, pero dejando ya arreglado y listo el equipaje y la escolta, con la orden de que se embarcaran en la Macedonia, a las once de la noche, pues en esa misma debía verificarlo él también, al salir del baile a que estaba invitado. Luego que llegó a lo del Libertador, después de los cumplimientos sociales, ambos se encerraron en el salón, encargando que no se les interrumpiera. Así permanecieron cuatro horas aproximadas, siendo este el segundo acto de la entrevista. Serían las cinco de la tarde cuando abrieron la puerta, porque a esa hora empezaban a llegar los generales y otros señores, como hasta el número de cincuenta, a un gran banquete con que el Libertador obsequiaba al general San Martín. En seguida pasó la reunión al comedor que estaba espléndidamente preparado y la mesa cubierta con suntuosidad. El primero ocupó la cabecera colocando al segundo a su derecha. Llegada la ocasión de los brindis, los inició Bolívar; parándose con la copa en la mano e invitando a que lo acompañaran los señores concurrentes, dijo: ‘Brindo, señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo’. Pasado un momento, llenado éste su rol, contestó con la modestia que le era característica: ‘Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas Repúblicas del Continente Americano y por la salud del Libertador’. A éstos siguieron dos o tres brindis de los generales y siendo como las siete de la noche, se levantaron de la mesa.

“Después del banquete, nuestro general regresó a su casa a descansar, volviendo a salir a eso de las nueve para asistir al baile a que había sido invitado por la Municipalidad. Cuando llegara, ya estaba allí el Libertador, con sus generales y el cuerpo de jefes y oficiales”.

Para llenar mejor, por mi parte, la descripción de esa fiesta, me permito copiar literalmente la que se hace en los apuntes que me sirven de base.

“Fue muy agradable, -prorrumpe Guido- la impresión que nos hizo la casa del Cabildo por el brillante conjunto del adorno de los salones y aposentos. La iluminación era sobresaliente y profusa, pero, sobre todo, la hermosura de las damas guayaquileñas que realzaba tanto más la elegancia y el esmerado gusto de sus trajes y cuyos encantos y méritos son reconocidos en toda la costa del Pacífico. Este fascinador golpe de vista formaba un incombinable contraste con el grupo de oficiales colombianos, de aspecto poco simpático, de modales algo agrestes y que así cortejaban y bailaban con aquellas preciosas criaturas. El vals era su danza favorita. (…)

“El general San Martín (continúan los apuntes) se conservó puramente como espectador sin tomar parte en el baile, preocupada su cabeza, al parecer, de cosas de otra magnitud, hasta que, a la una de la noche, se acercó a Guido, diciéndole: ‘Llame usted al coronel Soyer. Ya no puedo soportar este bullicio’. El general hizo su despedida del Libertador sin que nadie se apercibiera de ella, lo que probablemente así había sido acordado entre ambos para no alterar el buen humor de la concurrencia. Un ayudante del segundo, dirigiólos por una escalera secreta, por donde salieron a la calle, acompañándolos hasta el muelle en el que los esperaba un bote de la Macedonia. San Martín se despidió del edecán, se embarcó, y en cuanto montó a bordo, la goleta levó sus anclas y se hizo a la vela. Al otro día llegó a Puná y sólo se detuvo el tiempo necesario para que se trasbordaran los generales que habían ido en la comitiva, y sin más, continuó su navegación al Callao.

“Al día siguiente de nuestra partida, se levantó el general, al parecer, muy preocupado y pensativo, y paseándose sobre cubierta, después del almuerzo, dijo a sus edecanes: ‘Pero, ¿han visto cómo el general Bolívar nos ha ganado de mano? Mas espero que Guayaquil no será agregado a Colombia, porque la mayoría del pueblo rechaza la idea. Sobre todo, ha de ser cuestión que ventilaremos después que hayamos concluido con los chapetones que aun quedan en la Sierra. Ustedes han presenciado las aclamaciones y vivas tan espontáneos como entusiastas que la masa del pueblo ha dirigido al Perú y nuestro ejército’. En efecto (agregan los apuntes que voy extractando) esos fueron los sentimientos que los guayaquileños expresaban incesantemente a San Martín en los días de su permanencia en la ciudad y el tema general que los más notables de ellos tomaban para sus conversaciones con aquél y con los edecanes. Pero apenas llegó al Callao y fue general de marina del estado de Lima y de la deposición y extrañamiento del ministro Monteagudo, la escena cambió, y el general, concentrado y taciturno, desembarcó en el acto y pasó a su casa de campo de la Magdalena. Desde ese momento se persuadió San Martín que la anarquía asomaba en el Perú y que las aspiraciones se desencadenarían sin respetar nada. En seguida asumió el mando supremo, y todas las medidas que dictó fueron tendientes a reunir el congreso constituyente, alejarse de los negocios públicos y dejar el país entregado a su propio destino”.

Importante regresar a Abel Posse:

"(...) Los historiadores no se detuvieron en el tema menor del comando para las batallas finales y del consiguiente renunciamiento. No fue el tema: Bolívar estaba ya claramente establecido en la primacía del poder continental y San Martín se había desprestigiado ante sus oficiales al no ordenar a Arenales la destrucción del ejército español cuando abandonaba Lima rumbo a las sierras.

Esa extraña orden, nacida del espíritu e ideología de Punchauca, prolongaría la guerra tres años, hasta la batalla final de Junín y Ayacucho, ya retirado el libertador argentino. ¿Qué visión trastornaba a San Martín?

Sabía que araban en el mar. Consolidaban una independencia sin contenido. Un grupo de militares, clérigos, abogados y propietarios asumían en nombre de la democracia el gobierno de repúblicas vacías.

La violencia de caudillos, señores de la guerra y explotadores era más grave que la placidez de la colonia española en ese siglo de decadencia final. No se podía hacer nada vital con esos pueblos anonadados.

Èl, Belgrano y muchos otros habían mitificado al Incario en el Congreso de Tucumán. América era un desierto apenas poblado por entes vaciados que miraban pasar las tropas de sus libertadores con total indiferencia, esperando que se asentase de una buena vez el polvo alimentado por los cascos.

¿Para qué querían la independencia si no podían reencontrar los dioses que les habían matado? El teocidio fue la clave del genocidio de la conquista.

Para San Martín todo era una desilusión. Esos pueblos vivirían muchas décadas de desastres. Quedaban enfrentados a la nada y a la anarquía.

Como la Argentina, todos nuestros pueblos serían envilecidos en guerras civiles y en el triunfo de caudillos efímeros. Quedarían cortados del mundo de los países centrales sin alternativas culturales eficientes.

Cortados del mundo de la civilización occidental, volveríamos a ser meros desiertos en los confines.

Leguas vacías, alguna posta entre espinillos, jaurías de perros cimarrones y la bendición de alguna torre caleada de campanario señalando la ciudad, con su señoría ignorante y con todo el tedio de la incultura de los universos marginales.

Había que conseguir la independencia, pero organizando monarquías constitucionales con príncipes españoles y europeos para quedar vinculados vitalmente con la cultura y con el progreso del siglo.

(...) El Libertador jugó su última carta ante Bolívar en Guayaquil. Pero para entonces Bolívar ya pensaba en la monocracia vitalicia. Expresó que no admitiría que vinieran Borbones, Austrias ni ninguna otra dinastía europea diferente de nuestra masa.

En cuanto a España, afirmaba que no bastaba romper con España, sino que "era indispensable también romper con todas sus tradiciones de gobierno y administración, y entre ellas con la tradición monárquica".

Todo estaba dicho, y brutalmente dicho. El general San Martín le diría a su yerno Balcarce: "Bolívar me trató con grosería". (...)

Y se embarcó en el Macedonia, hacia Perú, para renunciar a todos sus cargos y emprender después el largo exilio, mientras la anarquía dominaba el continente. (..

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