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miércoles, 31 de enero de 2018

TERRENO, ENEMIGO y PROPIA TROPA.













...Sea esto lo que fuere, la triste realidad es que los indios están ahí amenazando constantemente la propiedad, el hogar y la vida de los cristianos. ¿Y qué han hecho estos, qué han hecho la civilización en bien de una raza desheredada que roba, mata y destruye, forzada a ello por la dura ley de la necesidad?
¿Qué han hecho?...


Una Excursión a los Indios Ranqueles’. Epílogo.





por Carlos A. PISSOLITO


El autor frente al hito fronterizo que
separa a la Argentina de Chile al oeste
del Lago Puelo, Chubut. 

En una de las sentencias mejor conocidas y repetidas del filósofo de la guerra, Sun Tzu, aconseja a todo comandante que antes de embarcarse en una guerra debe conocer tres elementos. A saber, la naturaleza del terreno de las operaciones, las capacidades de su enemigo y las suyas propias. Terminaba la recomendación, diciendo, que si éste conocía a los tres su victoria estaba garantizada. En cambio, el saber de solo dos la hacía dudosa y la ignorancia de todas era una certeza de su segura derrota.

No tuve la suerte de Lucio V. Mansilla de entrevistarme  con el cacique Panguitruz Guor (Zorro Cazador de Pumas), que se hacía llamar Mariano Rosas. Tal como lo relata en su magnífico libro: ‘Una Excursión a los Indios Ranqueles’ y que fuera publicada como apostillas por el diario ‘La Tribuna’.  Sin embargo puede pasar varios días en lo que ellos denominan ‘la comarca’.

Para empezar por el principio, veamos el terreno. Al mismo se lo puede definir, en muy pocas palabras, como un territorio de frontera. Es más de varias de ellas, pues en él se interceptan varios límites. Empezando por los políticos de tres provincias (Neuquén, Río Negro y Chubut) y de dos países (Argentina y Chile). También, se distinguen distintos terrenos, los que van de las relativamente suaves estribaciones de los Andes Patagónicos, salpicadas por largas agujas de granito, en un terreno boscoso -nativo o forestado- interceptado por lagos, ríos y arroyos.



Se suma a esta complejidad orográfica, la humana. La que se ve representada por distintas culturas y por distintas formas de ganarse la vida. Por ejemplo, en ‘La Comarca’ como la denominan los lugareños, florecen distintos estilos. La bohemia hippie en Epuyén, la de los productores de fruta fina en El Hoyo y en El Bolsón como la capital ad hoc del turismo alternativo.

Pasando al segundo de los factores, vale decir al enemigo, podemos afirmar que sería prematuro asignarle esa categoría a cualquier grupo, incluido el tristemente famoso de los mal llamados mapuches.

Por ahora, solo se trata de una sedición de baja intensidad. ‘Los indios están cabreros, pero no alzados’, nos dice un amigo que conoce la zona.

Sin embargo, el quid de la Estrategia es el de anticipar y prevenir los conflictos. Y éste muy bien puede agravarse si el presidente electo de Chile, Sebastián Piñeira, cumple, como lo esperamos, lo de tratar a su problema mapuche como a una amenaza terrorista.

Una acción que, entre otras cosas, impulsará la migración de los combatientes y los no combatientes de ese grupo hacia nuestro propio territorio. Una actividad que casi no encontrará barreras físicas ni técnicas en nuestra porosa frontera.

Personalmente, pude comprobar lo fácil que sería este tránsito, cuando me demandó menos de una tarde el unir la localidad argentina de Lago Puelo con la chilena de Segundo Corral, usando para ello solo los servicios de una lancha turística y mis pies.

El tercer factor, el de la propia tropa es, paradójicamente, el más difícil de explicar. Para resumir podríamos repetir lo que venimos diciendo sobre el Estado ausente, pero después de esta breve excursión, prefiero usar la expresión del Estado bobo.

Ya lo hemos dicho que en todo conflicto hace falta atender sus dimensiones físicas, psicológicas y morales. Empezando por las primeras, que son las más obvias, pero menos importantes, podemos decir que el tema central pasa por la posesión de la tierra.

Cabe aclarar que el mismo está lejos de quedar confinado a las publicitadas usurpaciones mapuches, ya que hay extensas zonas usurpadas por una variedad increíble de actores. Los que van desde coquetos ‘hippies con OSDE’ hasta empresas madereras y agropecuarias ilegales.

Lo psicológico se manifiesta en la ausencia de una narrativa nacional que dé unidad al variopinto conjunto de comunidades. No hay proyecto nacional, no hay políticas de Estado, no hay estrategias. Solo una superposición de intereses sectoriales que son el caldo de cultivo ideal para el surgimiento de un conflicto que no tardará en asomar su cabeza.

Finalmente, el Estado bobo se expresa en su plenitud en su incapacidad de imponer y en hacer respetar los principios básicos que conforman sus cimientos. Vale decir su legitimidad republicana basada en el respeto a la Ley.

En este sentido, ¿se puede hablar de ‘territorios sagrados’ que no reconozcan ni se sometan al plexo legal argentino, empezando por su propia Constitución Nacional?

Seguramente que no, pero el problema no termina ahí. Si ser innecesariamente conspirativos no podemos dejar de mencionar que un mundo con creciente hambre y sed, esta es una zona que está siendo codiciada desde lugares históricamente acostumbrados a arbitrar diferencias étnicas en su propio beneficio.

Desconocerlo solo sería una torpeza más.
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