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miércoles, 14 de noviembre de 2018

¿Qué pasó con la teología de la liberación?


COMENTARIO: "The Economist" es una revista de pensamiento liberal a favor del Capitalismo y del Nuevo Orden Mundial que siempre ha buscado influir en las élites políticas y empresarias. Se encuentra controlada por las familias Rothschild y Agnelli.  

Resultado de imagen para the economisthttps://www.economist.com/the-economist-explains/2018/11/05/what-happened-to-liberation-theology









Resultado de imagen para teología de la liberaciónLos católicos se dividieron, el mes pasado, en Roma, entre dos conclusiones opuestas mientras observaban la ceremonia de canonización de Oscar Romero, un arzobispo que fuera asesinado en el altar por un escuadrón de la muerte de la derecha en 1980 en El Salvador. Fue una reivindicación de la teología de la liberación o fue el último estertor terrenal de un movimiento que ha pasado a la historia.

La teología de la liberación se remonta a la América Latina de los años 50 y 60. Fue un llamado a encontrar un lugar para la Iglesia entre los pobres y marginados, en lugar de hacerlo entre las élites religiosas y seculares. Los clérigos se empeñaron en resistir la desigualdad y la opresión política que afectó a la región durante el Concilio Vaticano II, una reunión histórica de clérigos católicos celebrada entre 1962 y 1965. El pensamiento católico radical sobre economía, política y sociedad fue reforzado perversamente por las dictaduras que se adueñaron de gran parte del continente, dominando Brasil desde 1964 hasta 1985 y la Argentina desde 1976 hasta 1983. Teólogos de la liberación como Gustavo Gutiérrez de Perú y Leonardo Boff de Brasil se apoyaron abiertamente en el marxismo para desarrollar una crítica severa de las estructuras de poder de su continente, empezando por la Conquista colonial. Ellos redefinieron conceptos religiosos como la encarnación de Dios y el reino de los cielos para darles una connotación más terrenal. Controversialmente, sugirieron que Dios se revelaría más con la acción revolucionaria que con la especulación metafísica. Se inspiraron en las propiedades comunes de los profetas hebreos y de las comunidades cristianas primitivas que desafiaron el orden existente.



La elección en 1978 de un papa polaco anticomunista, Juan Pablo II, dio inicio a una reacción contra las inclinaciones cuasi marxistas de los clérigos con mentalidad de liberación que, a los ojos de los críticos, parecían más cercanos a la política terrenal que al arrepentimiento individual. Miguel d'Escoto Brockmann, quien se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores en la administración de la extrema izquierda de Nicaragua, fue uno de varios clérigos en el revolucionario movimiento sandinista que fue disciplinado y suspendido luego de negarse a una orden del Vaticano para elegir entre servir a la iglesia y la política terrenal. . En 1985, el cardenal Joseph Ratzinger, futuro papa Benedicto,  que era por entonces el perro guardián doctrinal del Vaticano, le ordenó al señor Boff que guardara un año de silencio teológico. En 1992, el señor Boff recibió otra demanda de silencio, pero decidió abandonar a la orden franciscana y volver al estado laico. En el 2001 su ruptura con el Vaticano se amplió cuando acusó al cardenal Ratzinger de "terrorismo religioso". Sin embargo, en el 2013, la entronización del Papa Francisco, quien provenía de Argentina y articuló las quejas "del sur" contra el norte capitalista, ofreció esperanza a los defensores de la teología de la liberación de que había llegado el momento. De manera llamativa, Francisco ha retomado los temas del movimiento llegando a los marginados, incluidos los migrantes, las víctimas de la trata de personas y los afectados por el cambio climático. Sus mensajes ambientales han sido vinculados con una crítica más amplia del capitalismo, especialmente de la industria de los combustibles fósiles. Muchos sintieron que el movimiento de liberación disfrutó de un dulce triunfo cuando se le pidió a Gutiérrez que hablara en un prestigioso evento del Vaticano en 2015.

Hasta cierto punto, la crítica de los liberacionistas a la desigualdad se ha convertido, ahora, en el pensamiento estándar del Vaticano, que ha llegado a mezclar ideas tradicionales sobre moralidad y estructuras familiares con puntos de vista bastante radicales sobre la economía global. Esta combinación ha sido evidente con los últimos dos papas. Sin embargo, la capacidad de la Iglesia católica para provocar un cambio social ha disminuido a medida que segmentos de su rebaño en América Latina dejan su seno por el pentecostalismo o la indiferencia religiosa. Los predicadores pentecostales ponen más énfasis en el progreso individual y menos en la acción colectiva de los pobres. Este nuevo énfasis ha obligado a la Iglesia católica a tomar prestado el estilo pentecostalista.


El cambio ha sido vertiginoso. En 1970, cuando los teólogos de la liberación encontraban su ritmo, América del Sur era 90% católica. En una década, más o menos, la parte católica de las almas de la región podría ser menos de la mitad. Si, en el futuro, los pobres de América Latina se levantan contra sus amos, parece menos probable que lo hagan bajo una bandera católica.

Traducción: Carlos Pissolito

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