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domingo, 9 de septiembre de 2012

El Mundo de Mitt Romney.

por Thomas L. Friedman

Criticando duramente las declaraciones sobre política exterior del candidato presidencial republicano Mitt Romney, el columnista analiza los grandes temas del mundo global actual.

09/09/2012 | Mitt Romney ha sido criticado por no hablar sobre política exterior. Denle un respiro, probablemente él supone que ya ha dicho todo lo que necesita decir durante las elecciones primarias: tiene un gran garrote, y va a usarlo desde el Primer Día. O en su propias palabras: “Si me convierto en el presidente de Estados Unidos, el Primer Día declararé que China es un manipulador de divisa, lo cual me permitiría aplicarle aranceles a productos en los que ellos se estén robando empleos estadounidenses injustamente”.

Eso está realmente bien. Darle un golpe a China desde el Primer Día. Tan solo me pregunto qué pasará el Segundo Día, cuando China, el mayor comprador extranjero de instrumentos de deuda de Estados Unidos, anuncie que no participará en la siguiente subasta de la Tesorería, enviando nuestras tasas de interés por los cielos.

Eso haría que el Tercer Día fuera realmente muy bueno. Bienvenidos a la política exterior de Romney, que yo llamaría: “George W. Bush en el extranjero; versión animada”.

Sé que Romney no cree una sola palabra de lo que está diciendo sobre política exterior y que todo está enfocado a ganar más votos: hay un poco de críticas duras hacia China para ayudarse en la región norcentral de EEUU, un poco de duras palabras hacia árabes para ganarse a los judíos, un poco de ataques verbales en contra de Rusia (nuestro “principal enemigo geopolítico”) para atraer el voto polaco, más un toque de testosterona para mantener alejado de sí a los neoconservadores.

Lo que resulta raro es que Romney estaba en una posición de sonar inteligente con respecto a política exterior, no como un automático halcón militarista.

Tan sólo necesitaba explicar lo que cada líder mundial de negocios aprendió mucho antes que los gobiernos: que desde el final de la Guerra Fría, el mundo no sólo se ha interconectado más sino que se ha vuelto más interdependiente y esta nueva realidad estructural requiere de un nuevo tipo de liderazgo estadounidense. ¿Por qué?

En este mundo cada más interdependiente, tus “aliados” pueden hacerte tanto daño como tus “enemigos”. Después de todo, las mayores amenazas a la reelección del presidente Barack Obama son si Grecia sale de la Eurozona y desata un sobrecalentamiento económico por el mundo o si Israel ataca Irán y hace lo mismo.

En este mundo cada vez más interdependiente, tus rivales pueden amenazarte casi lo mismo colapsando que ascendiendo. Pensemos qué le ocurriría a los mercados y empleos de Estados Unidos si el crecimiento de China se desacelerara casi por completo y hubiera inestabilidad interna allá.

En este mundo cada vez más interdependiente, tenemos ya pocos “enemigos” puros: Irán, Corea del Norte, Cuba, Al Qaeda, el talibán. Sin embargo, tenemos muchos “aminemigos”, o mitad amigo mitad enemigo.

Mientras el Pentágono se preocupa por una guerra con China, el Departamento de Comercio está intentando lograr que China compre más aviones Boeing y cada universidad estadounidense que vale algo está abriendo un campus en Pekín; en el ínterin, los chinos están invirtiendo en empresas estadounidenses a diestra y siniestra.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es la mayor espina en el costado de Estados Unidos en América Latina y una vital fuente de nuestro petróleo importado. Estados Unidos y Rusia están de lados opuestos en Siria, pero EEUU apoyó la unión de Rusia a la Organización Mundial de Comercio y negocios estadounidenses están cabildeando al Congreso para que levante restricciones de la era de la Guerra Fría que pesan sobre Rusia, para que así puedan aprovechar su mercado más abierto.

Pensemos en Egipto. Yo critiqué al nuevo presidente de Egipto, Mohammed Morsi, de la Hermandad Musulmana, por asistir a la reunión cumbre del Movimiento de los No-Alineados celebrada en Irán.

Argumenté que él le estaba dando legitimidad a un régimen iraní que había aplastado el mismo tipo de movimiento democrático que llevó al poder a Morsi. Pero Morsi me sorprendió, para bien, al aprovechar su visita a Teherán para hacerle un llamado a la dirigencia iraní por apoyar al “opresivo” régimen de Siria.

Los iraníes estaban lívidos. Pueden tener la certeza de que, en otros días, Morsi dirá y hará cosas que nos producirán indigestión. Aún necesitamos el respaldo estratégico de Egipto en la región. Y este país necesita nuestra ayuda económica.

Sin embargo, Egipto más democrático y dirigido por la Hermandad Musulmana no se comportará como el aliado automático que era antes. Vamos a necesitar un nuevo tipo de relación. Será complicado. Sin embargo, ese es el mundo actual, y es fácil describir el desafío que presenta a la dirigencia, pero difícil de lograr.

Si el mundo es más interdependiente, ¿cómo creamos interdependencias saludables para que subamos juntos, en vez de interdependencias nocivas y que caigamos? La crisis mundial de economía de 2008 fue un ejemplo de una interdependencia nociva.

Lo mismo el fracaso para alcanzar cualquier tipo de acuerdo mundial sobre el clima. Cuando llevamos a Rusia a la Organización Mundial de Comercio, estamos creando una interdependencia sana. Cuando Rusia protege al dictador sirio, incluso al tiempo que él está aplastando a su propio pueblo, está creando una interdependencia dañina.

La mejor forma de que un presidente estadounidense forje interdependencias sanas consiste en, primero, poner en orden nuestra propia casa a fin de adquirir la influencia -en términos de recursos y autoridad moral- que vienen de guiar con el ejemplo. Por ejemplo, Romney está en lo correcto: existen aspectos poco saludables en la interdependencia entre Estados Unidos y China que requieren de trabajo, pero no todos son responsabilidad de China.

Nosotros tendríamos mayor influencia para formar una relación más saludable si ahorráramos más, consumiéramos menos, estudiáramos con mayor ahínco y convenciéramos a nuestros propios bancos de comportarse de manera menos imprudente.

A los republicanos les encanta criticar a Obama por “guiar desde atrás”. Sin embargo, si no se está guiando con el ejemplo en un mundo interdependiente, se puede guiar desde el frente o desde atrás; nadie te seguirá por demasiado tiempo. .

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