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domingo, 1 de marzo de 2015

Los prejuicios y el uso de la FFAA frente a emergencias.







EMERGENCIAS Y FUERZAS ARMADAS.








Por Carlos Pissolito.

Nadie está exento de sufrir una situación de emergencia o de catástrofe. Es más, la prudencia indica la necesidad de estar preparado para las más probables.

Los municipios, la provincias, la nación misma no son una excepción a esta regla general. Ergo, deben tener alistados los medios necesarios para enfrentarlos. Al menos unos pocos para la contención inicial del fenómeno y hasta que se reúnan medios mayores.

Las fuerzas armadas deben estar preparadas para hacer la guerra. En este sentido, su principal condición es la de poder operar en situaciones caracterizadas por la fricción y la incertidumbre. En función de ello, sus medios, materiales y humanos, se encuentran especialmente endurecidos para sortear estas condiciones. Especialmente, su personal recibe una educación destinada a tomar decisiones en situaciones limite para el comportamiento humano.

Por otro lado, enfrentarse con una situación de catástrofe o de emergencia implica una actividad integral que incluye al planeamiento, a las previsiones logísticas, como las actividades previas al suceso; y a la coordinación y al control, como aquellas a desarrollar durante la respuesta a las mismas.

Lo descripto hasta ahora se parece bastante a una operación militar. Con la única diferencia de que en las emergencias no hay que lidiar contra una voluntad adversa de un enemigo humano. Estas características y otras ponen a las fuerzas armadas como una herramienta altamente capacitada para lidiar con ellas. Con lo dicho no decimos nada nuevo. Ni algo que no se practique en casi todo el mundo. Pues, es lo habitual que ellas intervengan en la mitigación y e la respuesta de estas situaciones.

Lo que nos llama la atención es que, en nuestro país, se emplean los medios de estas fuerzas, pero no su capacidad de conducción. Las mismas, según las políticas vigentes, solo se convierten en proveedoras de recursos humanos y materiales. Pero, no pueden conducir su empleo. El que queda en manos de la autoridad civil correspondiente.

Tal como lo vemos en los incendios en la zona del Comahue o en las inundaciones en Córdoba, las FFAA se limitan a entregar sus medios. Tales como: helicópteros, camiones, puentes, etc. Pero, no participan de la conducción de al emergencia.

Con ello se confunde el lógico y necesario control civil sobre las fuerzas armadas con la conducción efectiva de sus medios. Lo primero, es una actividad política, una que es atribución ineludible de las autoridades nacionales. Lo segundo, que es una actividad operativa, que debe ser dejada en manos de las fuerzas desplegadas sobre el terreno.

La primera se materializa en la fijación de objetivos y en la imposición de límites al accionar de las fuerzas. La segunda, en la conducción operativa y concreta de los medios militares y otros puestos a disposición.

Concretamente, lo mejor para enfrentar una emergencia o una catástrofe, es hacerlo con unidad de comando. Vale decir con un organismo central que tenga a su cargo la conducción de las actividades, que por su propia naturaleza, son complejas y se realizan en forma descentralizadas.

Se suma a ello la necesidad de coordinar los esfuerzos de varias agencias con distintos niveles de dependencia administrativa. Tales como, elementos de ejecución de diversos ministerios y/o secretarías, fuerzas de seguridad y policiales, fuerzas armadas entre muchos otros. Además, no hay que descartar, en el caso de catástrofes de gran magnitud, la concurrencia y colaboración de medios extranjeros.

Todo ello nos lleva a concluir que lo más práctico es crear una zona de emergencia colocando a la máxima autoridad política como su responsable civil y al comandante militar como el responsable de la conducción de todos los medios afectados. Dichos medios podrán ser conducidos bajo distintas formas de dependencia que respeten sus respectivos marcos legales.

A modo de conclusión: las fuerzas armadas cuentan con el adiestramiento, la cultura organizacional y los medios para lidiar con estas situaciones. No emplearlas de ese modo es dejarse guiar por un nefasto prejuicio. Uno que ya tiene consecuencias concretas y palpables.

1 comentario:

Emilio Arias dijo...

Es muy importante la participación de las FFAA en los desastres,no obstante los protocolos internacionales de comando, si bien son muy similares, no son iguales, además requieren del conocimiento en detalle de los a comunidad afectada, de las organizaciones de la sociedad civi y de los recursos tamto locales como de las comunidades aledañas,instituciones provinciales, nacionales e internacionales. Todo esto se logra con capacitación, estructuras,recursos y especialmente con continuidad en las funciones. lo que es difícil en las FFAA por los cambios de destino y por la gran variedad de actividades diferentes que realizan.