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sábado, 28 de enero de 2017

¿Ya estamos en 1984?


















por Carlos Pissolito


Lo hemos sostenido siempre: la buena literatura es mejor que cualquier estudio científico para conocer la realidad y anticipar el futuro.

Pero, hay obras como "1984" del genial Geoge Orwell que se llevan las palmas. No en vano, esta novela editada en 1949 ha vuelto, tras el triunfo de Donald Trump, a la lista de los best-sellers. Pues, no son pocos los que detectan paralelismos nuestra sociedad actual y la que denominaos como orwelliana.  Entendiendo por orwelliano a aquellas que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela.

Concretamente, Orwell a través de una intrincada trama, introdujo la posibilidad de que mediante técnicas como el lavado de cerebro y la manipulación del lenguaje se pudiera llegar al control político, social y cultural de toda una sociedad.

Particularmente importante en esta trama es el denominado "Ministerio de la Verdad". Uno que se dedica a manipular documentos históricos de todo tipo  para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con el relato oficial sostenido por el Estado.


Pues, como atestigua Orwell a caballo de la Guerra Civil Española: "En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido»."

En la novela esta tarea de censura y manipulación estaba a cargo de un ejército de escribas que expurgaban millones de documentos en forma manual. Lo que no sabía Orwell es que la tecnología de la información haría de este hercúleo procedimiento, algo posible.

Desde siempre, pero especialmente con el advenimiento de las redes de noticias globales en los 90, un grupo de personas denominados editores seleccionaban entre miles de noticias diarias, aquellas pocas que merecerían la cobertura periodista y que, en consecuencia, serían del conocimiento del gran público.

Llegado  este punto no puede escapársele a nadie el inmenso poder informativo que detentaban estas personas.  Pues, como sostiene el propio Orwell en una carta a un sindicalista amigo: "También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias."

Más recientemente, el auge de las noticias pasó de estas cadenas globales a las redes sociales. Especialmente, en lo relacionado a la noticias, a Facebook. Una red que comenzó a ser la preferida a la hora de informarse.

Pero Facebook no quería editores, vale decir seres humanos con un criterio determinado. Ya que los reemplazó por programas informáticos basados en algoritmos.

¿Qué es un algoritmo? Un conjunto de instrucciones que permite llevar a cabo una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba hacer dicha actividad.

Para el buen funcionamiento de un algoritmo dedicado a seleccionar noticias es fundamental contar con un amplia base de datos. No solo de las noticias en sí, sino de los gustos y preferencias del público. Pues, no se trata de distribuir noticias a granel como el pasado, sino personalizadas a gusto del lector.

Para ello son fundamentales las tecnologías de la información y la comunicación que permiten el almacenamiento de grandes cantidades de datos que permiten encontrar patrones repetitivos dentro de esos datos.

Por ejemplo, una persona que tenga por profesión la carpintería y por hobby la confección de aviones a control remoto, apreciará historias vinculadas al uso de drones en la selección de árboles precisos en un bosque amazónico.

Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. Es más, es una realidad de la que todos podemos dar testimonio. No es casual que si efectuamos una serie de compras por Internet, nos comiencen a llegar ofertas sobre productos muy bien relacionados con nuestros gustos personales.

Pues, esta tecnología no se quedó en lo meramente comercial, ya que migró al mundo de las noticias, entre otros posibles. Uno que hoy tiene la capacidad de entregarnos aquellas noticias que nos gustan y por las que sentimos cierta afinidad.

Llegado a este punto nos aproximamos a los denominados criterios de verdad periodística. Si estos en el pasado, como vimos, estaban regulados por unos pocos editores.  Podemos creernos que hoy, según nos dicen, que están siendo controlados por procesos basados en un diagrama de flujos matemático.
Al respecto es el profético Orwell quien nos alerta, advirtiendo que:

"El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas..."

La guerra informativa ya está desatada. Por un lado, los viejos, costosos y poderosos medios tradicionales de información como las cadenas globales estilo CNN y los medios en papel como  The New York Time; y del otro lado, las humildes, pero omnipresentes redes sociales.

A los primeros de los acusa de representar solo los intereses de los poderosos, a los segundos el haber promocionado revoluciones imaginarias como la Primavera Árabe.

¿A quién creerles?

Amigo lector, llegado a este punto, creo que no nos queda otra cosa que volver a apelar a la buena literatura. Es William Shakespeare quien nos dice que no hay nada bueno o malo -per se- sino en nuestro pensamiento.

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