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jueves, 19 de noviembre de 2015

¿ES DAESH LA VANGUARDIA DEL PROLETARIADO ISLÁMICO?









por Carlos Pissolito

Un poco de historia
Siempre he creído que quien quiera entrever el futuro, debe primero entender la historia. Y la del islam es una verdaderamente impresionante.

¿Pueden las teorías revolucionarias de Lenin servir de
inspiración a Daesh?
Muchos logros podrían mencionarse en su nombre. Baste con unos pocos para ilustrar este punto.  Para empezar, hay que reconocer que Mahoma, a diferencias de otros profetas religiosos, era uno armado. A su muerte ya había conquistado a la totalidad de la Península Arábiga.  Luego, sus seguidores, fieles a este espíritu, permanecieron por 800 años en España. Y en dos oportunidades golpearon las puertas de Viena.

Sus logros culturales no se quedaron a la saga de sus conquistas guerreras. Entre ellos, baste mencionar la invención del Álgebra (con el número 0 incluido, lo que permite el código binario que es el lenguaje de la computación moderna), las primeras universidades y la posibilidad de que Occidente conociera a Aristóteles, la brújula, la pólvora y la carabela. Todos elementos que le permitieron a España, una vez reconquistada, descubriera y colonizara un Nuevo Mundo.

Despreciar al islam por la impresión que hoy nos causan algunos de los lugares que ocupa en el mundo. A la par de un error, sería suicida. Dadas las presentes circunstancias.



Un poco de ideología
En el pasado, como rápidamente hemos enumerado, el islam conquistó buena parte del mundo conocido bajo la forma de invasiones tradicionales. Obviamente que eso hoy no podría ser repetido. Simplemente, porque carece de la masa crítica de poder para hacerlo.

El problema es que ahora no lo necesita. Esas fuerzas ya están desplegadas e instaladas. Son las grandes minorías musulmanas que viven en Europa desde hace tres generaciones. Y que hoy están recibiendo un importante refuerzo por parte de los cientos de miles de refugiados que ingresan a Europa desde el Levante.

Ante este marco de situación los movimientos fundamentalista como Daesh solo deberían proceder en forma análoga a la que propusiera V. I. Lenin para las vanguardias de su partido.  Básicamente, acelerar las contradicciones del sistema para conducir a las masas, en este caso los musulmanes moderados, por el camino de la Revolución.  Léase, la conquista religiosa.

Si este esquema tuviera cierto viso de realidad, las reacciones occidentales, las que hasta el momento se han limitado a la represión física de este movimiento en Siria y en Irak; podríamos anticipar que el camino a esta conquista religiosa estaría casi asegurado.

Esto es así porque todo conflicto implica el combate en tres planos superpuestos. El físico, el psicológico y el moral. El primero se verifica con el choque de las armas en el campo de batalla; el segundo, tiene lugar en las mentes y en los corazones, tanto de los que luchan como los de los que los apoyan y el tercero, se libra en la etérea esfera de lo que está bien y de lo que no lo está.
El moral, es por lejos el más importante de esta trilogía, le sigue psicológico y termina con el físico. Un error común es no advertir que uno muy bien puede demoler físicamente a su adversario y terminar derrotado moralmente. Que es lo que en definitiva cuenta.

Esta premisa ha quedado patentemente demostrada con los recientes atentados del 13N en París y con su correspondiente set de represalias francesas.

Mientras que los terroristas se han movido en el plano psicológico; ya que han buscado sembrar el terror, el que opera en ese plano. También, a la par, han proclamado una victoria moral. Dicen tener la razón. Nada menos porque su propio Dios se lo ha comunicado.

Por su parte, los occidentales han transitado en el mero plano físico de las represalias aéreas con sus bombardeos de precisión.

Puestas así las cosas no es muy difícil intuir quien de los bandos en pugna tiene en sus manos las cartas ganadoras.

Los propulsores de las soluciones físicas seguramente argumentarán que con sus medios pueden erradicar al Terrorismo de la faz de la tierra como a una mala hierba. Lamentablemente, las evidencias históricas y recientes demuestran todo lo contrario.

Un principio de solución
Si este esquema pudiera ser correcto. Es obvio que una estrategia confinada a la aniquilación física no es suficiente para vencer moralmente a los grupos fundamentalistas. Todo lo contrario; ya que producirán el efecto inverso. Como ya lo demostraron las invasiones a Irak y a Afganistán en el pasado reciente.

Esto no implica que el Terrorismo no deba ni pueda ser castigado. Pero debe serlo en forma inteligente. Lo que implica no alinear, en el proceso, la buena voluntad de la mayoría de los musulmanes. A quienes asumimos como personas de paz, pero -a la vez- potenciales simpatizantes de los fundamentalistas.

Por ejemplo, no sería insensato, para empezar,  controlar y neutralizar sus fuentes de financiamiento del Terrorismo. Por otra parte, bien conocidas y rastreables. Y, para seguir, terminar con el mito del multiculturalismo que cree que confinar minorías en guetos es la mejor forma de respetar sus identidades.

Tampoco, sería una mala idea que las represalias físicas contra los grupos terroristas quedaran en manos de su propia gente. Por ejemplo, una tarea militar que sea responsabilidad de una coalición conformada por países de la región. Pues sería una forma de comprometerlos con la solución del conflicto, a la par de no alinearlos con los fundamentalistas.

Para terminar y para que este ejercicio nos sirva para algo. Como argentinos no podemos ni debemos sentirnos al margen de este conflicto global. Nuestra propia historia nos alerta sobre el hecho de que ya sufrimos dos atentados vinculados con los problemas del Levante. Y nuestro reciente cambio de alianzas internacionales a favor de Irán no mejoran esta situación. Todo lo contrario.

En el futuro, temas como éste deberán integrar nuestras políticas de estado y sobrepasar los gustos personales de nuestros circunstanciales administradores. La seriedad de la situación y sus graves consecuencias así lo exigen.