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lunes, 30 de noviembre de 2015

¿Quién paga las mezquitas?








Muchos temen que los petrodólares que sufragan las mezquitas traigan consigo la difusión de la corriente wahabí: una visión muy conservadora del islam suní.


El español musulmán Yihad Sarasua preside la mezquita Ishbilia de Sevilla, un pequeño local de 150 m2 en el barrio de Cerro-Amate. “Este es un lugar pequeñito”, dice con marcado acento andaluz, “aquí los viernes apenas nos juntamos entre 80 y 90 personas”, cuenta a El Confidencial. Según explica, los gastos del centro se costean íntegramente con la aportación de los fieles. “En la entrada pongo una cajita y la gente va echando dinero, cuando no tenemos suficiente se lo pedimos a los hermanos… aunque siempre tenemos deudas con el casero. Casi todos los feligreses, yo diría el 90%, están en el paro”, concluye Yihad.



Como en esta de Sevilla, la “autofinanciación” es la fórmula económica de la mayoría de las más de 1.200 mezquitas que hay en España. Los musulmanes no reciben ninguna contribución pública para sus actos religiosos, por lo que gran parte de estos pequeños “templos” se mantienen con sus propias aportaciones. Son locales de barrio, modestos oratorios a los que los fieles de la zona acuden diariamente a rezar. Cada una de ellas cuenta con los servicios del Imán y del Khutbah, quien pronuncia el sermón de los viernes. “El islam de España es un islam pobre”, explica Yihad. “Pero nosotros no queremos injerencia extranjera. Un hombre rico que viene aquí y te construye una mezquita. Y luego quedamos todos al servicio del jeque”, sentencia.

Los millonarios mecenas del islam

Una imagen muy diferente, en cambio, ofrece la mezquita más conocida de nuestro país, la coloquialmente apodada como la “mezquita de la M-30”. Un lujoso complejo de más de 12.000 m2 y 6 plantas construido íntegramente con dinero saudí. El país árabe entregó 12 millones de euros para erigir su más fiel representación en España: relucientes muros de mármol, un espléndido minarete y exposiciones de la vida del profeta o de las diferentes versiones del Corán. Varios guardas custodian el recinto y hombres trajeados entran y salen sin parar. La gestión del centro corre a cargo del país arábigo, que envía a su propio personal y enseña su doctrina de interpretar el islam.

Y es que Arabia Saudí ha financiado varias mezquitas en nuestro país. Algunas de las más lujosas son la de Málaga, la de Fuengirola o la de Marbella, que el propio príncipe Abdul Aziz Al-Saud mandó construir para poder orar durante sus vacaciones. Pero dentro de la propia comunidad, muchos temen que los petrodólares traigan consigo voluntades ideológicas, es decir, la difusión de la corriente wahabí: una visión muy conservadora del islam suní, que apuesta por la imposición estricta de la Sharia (ley islámica) o la interpretación rigorista del Corán. Una versión que gobierna en el reino saudí y que invierte sus importantes recursos económicos en propagar su ideología a través de institutos de formación, asociaciones caritativas o de la construcción, como en España, de deslumbrantes mezquitas.

El reino marroquí también pretende dominar el islam español, fundamentalmente en Cataluña, Ceuta y Melilla. “En Melilla envían sus propios imanes, a los que les dictan los sermones; también pagan la construcción de mezquitas, el mantenimiento, la limpieza…”, explica a El Confidencial Yasin Puertas, del partido Coalición por Melilla. Incluso, las fuentes consultadasaseguran que Marruecos intentó controlar todas las federaciones musulmanas de España. Puertas se queja de que el Estado apenas aporta dinero a una comunidad que, en la ciudad autónoma, supone el 50% del total. “Muchas familias están dejando que Marruecos eduque a sus hijos en la enseñanza primaria”, porque en los otros colegios públicos, según explica Puertas, no se ofrece como asignatura la religión del islam.

“Ni un duro para las mezquitas”

“El islam en este país no recibe un duro del Estado español”, reclama a El Confidencial Mounir Benjelloun, el presidente de CIE (Comisión Islámica de España, una de las dos principales confederaciones islámicas), “los musulmanes estamos discriminados en comparación con la Iglesia Católica. Si el Estado es aconfesional, o todos o nadie”, exclama. Benjelloun reconoce que hay otros países islámicos que quieren apoderarse del asunto religioso de España. Él señala directamente a Marruecos y a Arabia Saudí. “Ese es el gran error de que no tengamos apoyo financiero para predicar nuestro mensaje. Así, nuestra comunidad cae en los brazos de países que quieren usar el islam con fines políticos”, espeta.

Juan Ferreiro, antiguo subdirector de promoción y coordinación de libertad religiosa del Ministerio de Justicia, el organismo que decide la partida para las confesiones no católicas, explica cómo se sufragan otras religiones. “La diferencia es que la Iglesia se financia con impuestos, a través del “0,7” que los contribuyentes pueden aportar en su declaración de la renta. Una medida que en principio era coyuntural…”, cuenta a este diario. Años después de que nuestra Constitución definiera la “aconfesionalidad” del Estado, tras el acuerdo de cooperación de 1992, se creó la Fundación “Pluralismo y Convivencia”. Esta entidad canaliza fondos públicos para las comunidades musulmana, judía y protestante en España, pero sólo para actividades de índole cultural, educativa o de integración social. En el año 2013, se destinó 245.311,55 euros a los proyectos propuestos por CIE, que integra a las distintas federaciones musulmanas.
“Los musulmanes de España no reciben financiación para actos religiosos, pero tienen una serie de beneficios fiscales”, explica Ferreiro. “Los edificios religiosos no pagan el IBI (impuesto sobre bienes inmuebles), ni el impuesto de actividades económicas o tienen deducción en las donaciones”, comenta. Además, el Estado paga la asistencia religiosa en las cárceles o los profesores de religión islámica. Las escuelas públicas tienen la obligación de proporcionarlo si lo solicitan más de diez alumnos, pero, en la práctica, algunos de estos beneficios resultan inviables, ya que la enseñanza pública sólo cuenta con 45 maestros de esta especialidad.

El caso de Europa

En Francia, la situación es similar. Según la ley de 1905, “la República no reconoce ni subvenciona ninguna confesión”, pero los alcaldes han hecho un mayor esfuerzo por apoyar algunos proyectos debido a la mayor presencia de los musulmanes en el país (más de 5 millones), o bien para ejercer control o bien para recaudar votos. ¿Cómo? Financiando las actividades culturales del templo, una sala de té, una biblioteca o una exposición. Según el periódico galoLe Figaro, “los poderes públicos contribuyen con el 30% de la construcción de lugares de culto”, según una estimación del Ministerio del Interior francés. El 70% se reparte entre los fieles y “los grandes mecenas”, revela a El Confidencial Jalul Sidiq, trabajador de la Gran mezquita de París, “gobiernos como el de Argelia, Marruecos o Arabia Saudí pagan las grandes obras”.

En el Reino Unido, de nuevo, Arabia Saudí tiene también una importante influencia en los musulmanes del país. Yahya Birt, director del “Círculo de la Ciudad” (The City Circle), una asociación de profesionales musulmanes en Inglaterra, aseguró que “el gasto religioso saudí en el extranjero es de entre 2 y 3 billones de dólares por año. (…) Que ha sido invertido en 1.500 mezquitas, 210 centros islámicos, academias y colegios musulmanes”. De las 1.700 registradas en Reino Unido, también buena parte se financian con la aportación de los feligreses o con “dinero halal”, los beneficios de las empresas que expiden este certificado, que garantiza que el producto es fiel a los preceptos de la ley islámica.

En los demás países europeos con comunidades musulmanes considerables, como Bélgica y Alemania, éstas reciben importantes sumas de dinero de las nacionalidades de su comunidad inmigrante como del Magreb o Turquía, respectivamente.