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miércoles, 13 de enero de 2016

Un espejo lejano para el calamitoso siglo XXI.













por Carlos Pissolito

Siguiendo los consejos de nuestro amigo y experto en guerras no convencionales, William Lind, cuando le pedíamos que nos aconsejara qué leer para entender las guerras presentes y del futuro. El, muy suelto de cuerpo, nos respondía: las claves están en el pasado, lean, "Un espejo distante: el calamitoso siglo IVX" de Bárbara Tuchman.

Ese consejo me vino a la mente mientras repasaba las noticias sobre la escalada de tensión entre Arabia Saudita e Irán por la ejecución de un clérigo chiita a cargo de los sauditas. Precisamente, me pareció ver un paralelo entre esta ejecución con la defenestración de los mensajeros del Emperador Fernando II, en Praga, y que marcó el comienzo de la hoguera de la Guerra de los Treinta  Años. Allá por el año de 1618 de una Europa ya dividida entre Católicos y Protestantes, desde hacía un siglo antes.

Por aquellos días los problemas comenzaron cuando los protestantes bohemios, los responsables de la defenestración, fueron fácilmente aplastados por las poderosas fuerzas imperiales de Fernando II.  Pero la cosa se puso fea, cuando el Emperador quiso vengarse de los bohemios mediante la confiscación de sus tierras. Lo que puso en alerta a otros reinos protestantes. Primero, fue Dinamarca , a la que le siguió Suecia. Su belicoso monarca y buen soldado que era Gustavo Adolfo,  pronto se anotó varios triunfo militares, antes de ser muerto él  mismo en combate.



Por supuesto que el tema iba mucho más allá que el de unos mensajeros arrojados por una ventana. Incluso que las sutiles y complejas razones teológicas que dividían a los católicos de los protestantes. Por ejemplo, Francia que era una nación católica financió a  los suecos y luego se pasó, abiertamente, al campo protestante. También, había varios protestantes que peleaban al lado del emperador católico, ya que ellos se dividían,-a su vez,- en calvinistas y luteranos- y tenían sus propias cuentas pendientes.
Obviamente, además, había intereses territoriales en juego; tales como que los suecos querían controlar al Mar Báltico, mientras que Francia ambicionaba a Alsacia y Lorena.  Y que por su parte, España ya llevaba 18 años empantanada en su provincia protestante de los Países Bajos.

Hasta aquí la historia, vamos con las semejanzas.  La primera, son las semejanzas entre la Reforma Protestante con la Revolución Iraní. Pues, ambas cambiaron el balance de poder y obligaron a otros a reaccionar en consecuencia.  Entre ellos a quienes inicialmente no tenían nada que ver, pero que terminaron interviniendo. Como fue el caso de Suecia que lo hizo diciendo que quería defender a los protestantes de los atropellos de un emperador católico. Y el de los EEUU  quienes lanzaron su invasión a Irak con la ilusión de llevar la religión de la democracia a toda la región.

La segunda, es que los conflictos religiosos, una vez que se inician, son muy difíciles de controlar por las pasiones que desatan. De hecho, solo el mutuo agotamiento fue lo que llevó al fin de la Guerra de los Treinta  Años y no otra cosa.

Y el tercero, es que luego de un conflicto prolongado no hay verdaderos vencedores.  Así como la influencia de los Austrias se vio severamente reducida después del conflicto iniciado por uno de sus monarcas, la influencia de los EEUU es, hoy, menor que a principios del siglo XXI.

+ Inspirado en el artículo: What happened in the Thirty Years War? THE ECONOMIST.