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martes, 11 de octubre de 2016

La decadencia de la Unión Europea y el fracaso de USA.










Jakub Grygiel


Europa actualmente se encuentra a sí misma en la agonía de su peor crisis política desde la 2da. Guerra Mundial. Por todo el continente, partidos políticos tradicionales han perdido su atractivo como populistas. Movimientos euroescépticos han atraído un amplio apoyo. La esperanza para la unidad europea parece desaparecer día a día. La crisis del Euro ha expuesto profundas líneas divisorias entre Alemania y los Estados europeos endeudados del sur, incluyendo a Grecia y Portugal. Alemania e Italia han chocado por temas tales como control en las fronteras y regulaciones bancarias. Y el 23 /06, el Reino Unido se volvió el primer país en la historia en votar para irse de la Unión Europea; un impactante golpe al bloque.

Al mismo tiempo que se descarrilan las políticas internas, Europa ahora se enfrenta a peligros externos. En el este, una Rusia revanchista; habiendo invadido Ucrania y anexado a Crimea; acecha con aire siniestro. Al sur de Europa, el colapso de numerosos Estados condujo a millones de inmigrantes hacia el norte y crearon el terreno para los terroristas islámicos. Ataques recientes en Paris y Bruselas han mostrado que estos extremistas pueden golpear en el corazón del continente.
Tal desastre ha subrayado el precio de ignorar las luchas geopolíticas que rodean a Europa. Aun así la UE, lisiada por la crisis del euro y la divisiones sobre cómo repartir a los refugiados, ya no parece ser lo suficientemente fuerte o unida como para dirigirse a los problemas domésticos o las amenazas de seguridad en sus fronteras. Los líderes nacionales de todo el continente ya están mirándose a sí mismos, concluyendo que la mejor forma de proteger sus países es a través de más soberanía, no menos. Muchos votantes parecen acceder.



Mientras que la historia de Europa se vuelve dolorosamente clara, un regreso al agresivo nacionalismo puede ser peligroso, no sólo por los países pero también para el mundo. Sin embargo, una Europa de Naciones sería preferible al desarticulado, ineficaz e impopular esquema de la UE de hoy día. Hay una buena razón para creer que los países europeos harán un mejor trabajo chequeando a Rusia, manejando la crisis de migrantes y combatiendo el terrorismo por su cuenta de lo que han hecho bajo el auspicie de la UE.

La Unión siempre más lejos
En los años después de la 2da. Guerra Mundial, numerosos líderes europeos ofrecieron un convincente argumento de que sólo a través de la unidad el continente puede escapar de su sangriento pasado y garantizar la prosperidad. En consecuencia, en 1951, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Holanda y Alemania Occidental crearon la Comunidad Europea de Carbón y Acero. En las siguientes décadas, la organización mutó en la Comunidad Económica Europea y, eventualmente, la Unión Europea; y sus miembros crecieron de ser 6países a 28. En el camino, mientras el miedo a la guerra se alejaba, los líderes europeos empezaron a hablar sobre integración no solamente como una fuerza de paz sino también como una forma de permitir que Europa pudiera posicionarse al lado de China, Rusia y USA como una gran potencia.

Los incentivadores de la UE sostuvieron que los beneficios de pertenecer -un mercado integrado, fronteras compartidas, un sistema transnacional legal- era evidencias por sí mismas. Por esta lógica, expandir la unión hacia el este no requeriría fuerza o coerción política; simplemente requeriría paciencia, ya que los estados no miembros pronto reconocerían los puntos a favor de ser miembros y se unirían tan pronto como pudieran. Y por muchos años, esta lógica se mantuvo, mientras que los países del centro y este de Europa corrían para unirse a la unión después de que la Unión Soviética se colapsara. 8 países -la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia- se volvieron miembros en 2004; Bulgaria y Rumania siguieron en 2007.

Después vino la crisis de Ucrania. En el 2014, la gente de Ucrania salió a las calles y destronaron a su corrupto presidente, Viktor Yanukovych, después de que él, abruptamente, canceló un nuevo acuerdo económico con la UE. Inmediatamente después, Rusia invadió Ucrania y se anexó Crimea a la Federación Rusa, y poco después envió soldados y artillería al este de Ucrania. Los líderes de la UE habían esperado que los incentivos económicos inevitablemente aumentaría la unión de los miembros y traería paz y prosperidad a un público incluso mayor. Pero ese sueño probó no ser un rival lo suficientemente vigoroso para los tanques rusos y los famosos'pequeños hombres verdes' (integrantes de las fuerzas armadas de Rusia, que patrullan con uniformes de color verde las calles de Crimea pero, según el presidente Vladimir Putin se trata de miembros de "grupos de autodefensas". ¿Cómo llamar a la gente que oficialmente no está allí?).

La apuesta de Moscú no fue, por su parte, suficiente como para lisiar a la UE. Pero pronto, otra crisis golpearía, y empuja a la UE a casi su punto de quiebre. En 2015, más de 1 millón de refugiados; casi la mitad de ellos huyendo de la guerra civil en Siria, entraron a Europa, y desde entonces, muchos más los han seguido. Al principio, varios países, especialmente Alemania y Suecia, mostraron recibirlos muy bien, y los líderes en esos estados criticaron rabiosamente a sus vecinos que trataron de mantener a los inmigrantes fuera. En 2015, después de que Hungría construyera un alambrado de púas a lo largo de su frontera con Croacia, la canciller Angela Merkel condenó ese movimiento como un movimiento típico de la Guerra Fría, y el ministro extranjero de Francia, Laurent Fabius, dijo que “eso no respetaba los valores comunes de Europa”.

Sin embargo, a principios de 2016, muchos de los mismos líderes cambiaron su parecer y empezaron a presionar a los países fronterizos de Europa para que incrementen las medidas de seguridad de sus fronteras. En enero, varios gobiernos europeos le advirtieron a Grecia que si no encontraba una solución para reducir el flujo de inmigrantes, la expulsarían del 'área Schengen', la zona libre de pasaportes para los ciudadanos comunitarios vigente dentro de la UE (y de la que está saliendo el Reino Unido a causa de su Brexit).

Consciente o no, los políticos europeos defensores de la frontera abierta fallaron en priorizar a sus propios ciudadanos ante los extranjeros. Las intenciones de los lideres pueden ser nobles, pero si un Estado falla en limitar su protección a un determinado grupo de gente -sus ciudadanos nacionales-, ese gobierno se arriesga a perder legitimidad.

De hecho, la principal medida del éxito de un país consiste en que tan bien puede asegurar a su pueblo y sus fronteras de amenazas extranjeras, ante sus vecinos hostiles, terrorismo o inmigración en masa. En esto último, la UE y sus defensores están fallando. Y los votantes se han dado cuenta. El pueblo británico emitió una fuerte reprimenda al bloque en junio, cuando votaron salir de la UE por un margen del 52% contra el 48%, ignorando las advertencias del Fondo Monetario Internacional, el Banco de Inglaterra y la Tesorería del Reino Unido, que al hacer eso provocaría un desastre económico. En Francia, de acuerdo a la reciente encuesta, el 61% de la población mantiene un punto de vista no favorable a la UE; en Grecia el 71% de la población comparte esa visión.
Cuando Europa no enfrentaba ninguna amenaza de seguridad -tal como ocurrió en la mayor parte de las últimas 2 décadas- los miembros de la UE podían darse el lujo de perseguir objetivos más altruistas: disolver las fronteras dentro de la Unión. Ahora que los peligros han vuelto, sin embargo, y la UE ha mostrado que no es capaz de enfrentarse a esos riesgos, los líderes de las naciones de Europa deben cumplir con su responsabilidad más básica: defender cada uno a los suyos.

De Vuelta a lo Básico
Los arquitectos de la UE crearon una cabeza sin cuerpo: crearon una burocracia política y administrativa unida, pero no una nación europea unida. La UE aspiraba a trascender a los estados-naciones, pero su error fatal han sido sus fallas en reconocer la persistencia de las diferencias nacionales y la importancia de identificar y bloquear las amenazas en sus fronteras.

Una consecuencia de este descuido es el crecimiento de partidos políticos que apuntan a restaurar la autonomía nacional, generalmente apelando a los sentimientos de ultraderecha, populistas y algunas veces xenofóbicos. En 2014, el Partido de Independencia del Reino Unido ganó el voto popular en una elección para el Parlamento Europeo; la primera vez desde 1906 que cualquier partido en el Reino Unido derrotó al Partido Laborista y al Partido Conservador en una elección nacional. El diciembre 2015, en Francia, el Frente Nacional de la ultra derechista Marine Le Pen ganó en la primera ronda en las elecciones nacionales del país; en marzo 2016 en Alemania, un partido euroescéptico de derecha, Alternativa para Alemania, ganó casi el 25% de los votos en Saxony-Anhalt. Y en mayo 2016, Norbert Hofter, candidato del partido liberal de ultra derecha, perdió por poco las elecciones presidenciales. La Corte Constitucional de Austria anularía ese resultado, forzando a repetir las elecciones en octubre 2016.

Algunos de estos partidos han sido beneficiados por el entusiasta apoyo de Rusia, como parte de su campaña para comprar influencia en Europa. Hasta hace poco, Moscú podía confiar en los líderes europeos que eran amistosos con Rusia, incluyendo al ex canciller alemán Gerhard Schröder y al ex primer ministro Silvio Berlusconi. Pero ahora, tal como los nuevos partidos ocupan los lugares de los que eran el 'establishment' político, el Kremlin necesita nuevos compañeros. Le ha dado dinero al Frente Nacional, y el Congreso de USA le ha reclamado a James Clapper, el director de inteligencia nacional, que investigue los lazos del Kremlin con otros partidos marginales, incluyendo Amanecer Dorado de Grecia y el Jobbik de Hungría. Sin embargo, tales partidos podrían estar surgiendo incluso sin el apoyo de Rusia. Muchos europeos están enojados con los políticos que han apoyado la integración de la UE, la apertura de fronteras y la gradual disolución de la soberanía nacional, ellos tienen profundos y duraderos deseos de reasegurar la supremacía de sus estados naciones.

Por supuesto, la mayoría de los políticos euroescépticos de Europa no buscan disolver la unión por completo; de hecho, muchos de ellos continúan viendo su creación como una victoria histórica para el oeste. Ellos, sin embargo, quieren mayor autonomía nacional en políticas sociales, económicas y extranjeras, especialmente en respuesta a la extralimitación de los mandatos de la UE sobre los inmigrantes y la demanda de controversiales leyes en todo el continente en temas tales como el aborto y el matrimonio. Muchos en el Reino Unido, por ejemplo, pidieron que Gran Bretaña saliera de la UE. (Brexit) a causa de la frustración ante el número de leyes británicas que habían venido desde Bruselas en lugar del Palacio de Westminster.

La apuesta contra la soberanía falló. Pero el resurgimiento de la soberanía ha conjurado memorias oscuras del nacionalismo que 2 veces llevó al continente al borde de la aniquilación. Muchos observadores se preocupan de que las políticas de Europa se están asemejsndo a aquellas a las de los años '30, cuando los líderes populistas se escupían odio para avivar el apoyo de las masas. Tales miedos no son totalmente infundados. La estridente xenofobia del Partido Liberal de Austria recuerda los primeros tiempos del fascismo. El anti-semitismo se ha levantado a través de Europa, haciendo brotar partidos que abarcan un amplio espectro ideológico, desde el Partido Laborista del Reino Unido al Jobbik de Hungría. Y en Grecia, algunos miembros del partido radical de izquierda Syriza, proclaman que Grecia se retire de NATO, un gran ejemplo del creciente espíritu anti-estadounidense que puede socavar el organismo clave de la seguridad europea.

Sin embargo, afirmar la soberanía nacional no requiere de un virulento nacionalismo. El apoyo para el Brexit del Reino Unido, por ejemplo, fue menos una expresión de hostilidad hacia otros países europeos que un reclamo del derecho del Reno Unido de auto gobernarse. Un retorno a los estados-naciones no implica un nacionalismo, sino patriotismo, o lo que George Orwell llamó “devoción a un lugar y una forma de vida particular”.También cabe destacar que una de las mayores amenazas que enfrentó Europa en el siglo XX fue de carácter transnacional: Comunismo, el cual dividió al continente en 2 por 45 años y llevó a la muerte de millones de personas.

Historia de la Unión Europea
La renacionalización de Europa puede ser la mayor esperanza de seguridad para el continente. Los fundadores de la UE creían que el esquema de unidad garantizaría una estable y próspera Europa; y por un tiempo, parecía de esta forma. Pero hoy, a pesar de que la UE ha generado riquezas a través de su mercado común, es una creciente fuente de inestabilidad. La crisis del euro ha expuesto la inhabilidad de la unión para resolver conflictos entre sus miembros: los líderes alemanes han tenido poco incentivo para dirigirse a las preocupaciones griegas, y viceversa.

La UE también sufre lo que la Corte Constitucional Federal de Alemania ha llamado “un déficit democrático estructural”. De sus 7 instituciones, apenas 1 -el Parlamento Europeo- es elegido directamente por la gente, que no puede iniciar proyectos de legislaciones. Finalmente, la reciente dominancia alemana en la UE ha alienado a pequeños estados, incluyendo a Grecia e Italia.
Mientras tanto, la UE ha fallado en mantener a Europa segura. Desde 1949, Europa ha confiado en la OTAN o NATO; y particularmente, en USA; para asegurar sus fronteras. El gasto anémico en la defensa de la mayoría de los países Europeos solo ha incrementado su dependencia en la presencia física de USA en Europa. No es probable que la UE organice su propio ejército, al menos en un futuro cercano, mientras sus miembros tengan diferentes prioridades estratégicas y poco deseo de ceder soberanía militar a Bruselas.

Muchos de los que apoyan a la UE siguen insistiendo que en su ausencia, la anarquía se tragara al continente. En el 2011, el ministro de Asuntos Europeos francés, Jean Leonetti, advirtió que la falla del euro podría llevar a Europa ha “deshacerse”. En mayo, el 1er. ministro británico, David Cameron, afirmó que la salida de Bretaña de la UE levantaría el riesgo de guerra. Pero, tal como el teólogo estadounidense, Reinhold Niebuhr, escribió en los '40,“el miedo a la anarquía es menos poderoso al miedo de un enemigo concreto”. Hoy, los enemigos identificables que han surgido alrededor de Europa -desde Rusia al auto proclamado Estado Islámico (también conocido como ISIS)-, parece mucho más preocupante para la mayoría de las personas que el potencial caos que se levanta por la disolución de la UE. Su esperanza consiste en que los países individuales puedan proveer el tipo de seguridad que Bruselas no puede.

La Decadencia de Europa
Desde la perspectiva de USA, el desgaste de la UE presenta un serio desafío; pero no insuperable. En las décadas después de la 2da. Guerra Mundial, Washington DC buscaba contener la Unión Soviética no sólo a través de una disuasión nuclear y una gran presencia militar en Europa sino que también a través de la promoción de la integración europea. Un continente unido pacificaría a Europa, fortaleciendo la economía de los aliados de USA, y alentándolos a cooperar con Washington DC para limitar la amenaza soviética. Hoy, sin embargo, USA necesita una nueva estrategia. Debido a que la UE ya no parece estar lista para la tarea de proteger sus fronteras o competir geopolíticamente, una mayor presión de USA sobre Europa para integrarse simplemente multiplicará el creciente número de europeos que dan su espalda a la UE.

Washington DC no necesita temerle a la disolución de la UE. Estados europeos totalmente soberanos pueden mostrar ser más adeptos que la unión para limitar las variadas amenazas en sus fronteras. Cuando Rusia invadió Ucrania, la UE no tenía respuestas, aparte de sanciones y vagos reclamos a más diálogo. Los estados europeos que bordean Rusia han encontrado poca seguridad en la Unión, lo cual explica porqué han buscado la ayuda de la NATO y las fuerzas de USA. Sin embargo, donde la UE ha fracasado, a los países individuales les puede ir mejor. Sólo el patriotismo tiene el tipo de poder popular que puede movilizar a los ciudadanos europeos para rearmarse contra las amenazas vecinas.

Las personas están mucho más dispuestas a luchar por su país; por su historia, su tierra, su identidad religiosa común; que lo que son para un abstracto cuerpo regional. Una encuesta de 2015 encontró que, en caso de ataque ruso, más de la mitad de los franceses, alemanes e italianos no querrán ir a la defensa de un aliado del NATO; y por ende probablemente también de la UE.

El retorno de los estados nacionales no necesita llevar a Europa a convertirse en una jungla anarquista de gobiernos competidores. Un incremento de la autonomía no impedirá que los estados de Europa sigan negociando o comercializando el uno con el otro. Tal como el supranacionalismo no garantiza la armonía, la soberanía no implica hostilidad entre las naciones.

En una Europa de renacimiento de las naciones-estado, los países continuarán formando alianzas basadas en intereses comunes y preocupaciones de seguridad. Reconociendo la debilidad de la UE, algunos estados ya lo han empezado a hacer. La República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, por ejemplo -normalmente un grupo desarticulado- han unido fuerzas para oponerse a los planes de la UE que los obligarían a aceptar a cientos de refugiados.

USA, por su parte, necesita a un mejor compañero en Europa que la UE. Mientras la Unión se disuelve, la función de la OTAN/NATO de mantener la estabilidad y disuadir las amenazas externas aumentará; fortaleciendo el rol de Washington DC en el continente. Sin la UE, muchos países europeos, amenazados por Rusia y abrumados por la inmigración en masa, seguramente invertirán más en la OTAN/NATO, la única alianza de seguridad respaldada por una fuerza y por ende capaz de proteger a sus miembros.

Es hora de que los líderes de USA y la clase política de Europa reconozcan que un regreso a los estados-naciones en Europa no tiene que terminar en tragedia. Al contrario, Europa será capaz de enfrentarse a sus desafíos de seguridad más urgentes solo cuando abandone la fantasía de una unidad continental y abrase el pluralismo geopolítico.