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domingo, 16 de octubre de 2016

MALVINAS DE TONTOS Y DE REALISTAS.




por Carlos Pissolito

Un viejo y famoso coronel argentino, parafraseando a los griegos, decía que la única verdad es la realidad. Yo le agrego que para novedades, los clásicos.

La escuela de Atenas es una de las pinturas más destacadas del artista Rafael Sanzio.
Si queremos entender el juego de las relaciones internacionales lo mejor es remitirse a Tucídides, quien en su obra "Las Guerras del Peloponeso" sostuvo la realista consigna de que está en los poderosos mandar y en los débiles obedecer.

Todo esto viene al caso de la ópera bufa desatada en torno al lanzamiento de un miserable misil anti-aéreo por parte de los ocupantes de nuestras Islas Malvinas.


Tal como vírgenes ultrajadas se escucharon las voces de nuestros políticos, periodistas e intelectuales que salieron a vociferar a coro: "violan nuestra soberanía".

Me recuerdan un chiste de una prostituta que exclamó algo similar al comprobar que el cheque con que le pagara uno de sus clientes no tenía fondos.

Pero, poniéndonos serios y el tema lo merece. Hay que empezar diciendo que es inmoral desear algo y no poner los medios para obtenerlo.

En el caso concreto de Malvinas, si es un objetivo nacional su recuperación. No solo porque lo proclame un artículo provisorio de nuestra Constitución, sino porque en un anhelo profundo de nuestro pueblo. Es que deberíamos poner todos los medios necesarios para recuperarlas.

Llegado a este punto, deberíamos preguntarnos cuáles deberían ser estos medios. Y es aquí donde siguen nuestros problemas.

Pues, son esos mismos políticos, periodistas e intelectuales los que afirman que solo usaran medios pacíficos y que descartan toda forma de violencia, especialmente, el apelar a la guerra para lograrlo.

Y es aquí donde cometen dos errores al precio de uno. Y de la hsiteria pasan rápidamente a la tontería.

Pues, si realmente fuera nuestra decisión no emplear la guerra como un medio para recuperar Malvinas, no deberíamos decírselo de antemano, ya que ello les otorgaría una ventaja enorme y gratuita a nuestros adversarios.

Y si fuera el caso que decidiéramos ir a la guerra. ¿Cuál sería el problema?

Como Nación hemos apelado a ella en otras ocasiones. Para conseguir nuestra Independencia por ejemplo. Para ocupar nuestro territorio patagónico o para detener al expansionismo paraguayo.

Obviamente que estamos en el siglo XXI y la guerra tiene otra valoración y otros costos que por aquellas épocas.

Hoy Tucídides si viviera, probablemente, no nos aconsejaría ir frontalmente a la guerra. Sí nos explicaría que sería mejor que negociáramos desde una posición de fuerza. Para lo cual, agregaría que nos hace falta poder, algo que se ha conseguido siempre mediante buenas alianzas y con fuerzas miliares aptas, completaría.

Lo de las alianzas creo que los políticos, los periodistas y los intelectuales lo han comprendido. Ya que contamos con el apoyo, al menos formal, de nuestros vecinos. No así la necesidad de disponer de un instrumento militar que respalde nuestras alianzas y negociaciones aunque más no sea desde el hipoalergénico campo de la disuasión.

Espero que todo esto forme parte del proceso de aprendizaje que algún día nos lleve a la necesaria madurez que como Nación nos merecemos.