Problemas para Dilma / Tensión en un momento crítico
Con
protestas e incidentes, crece la convulsión social en Brasil
Alberto
Armendariz | LA NACION
En San Pablo, las marchas contra la
suba del costo del transporte público terminaron en enfrentamientos con la
policía y fuertes cuestionamientos al gobierno; la movilización se extendería.
RÍO DE JANEIRO.- El flamante estadio de Brasilia envuelto en una
columna de humo proveniente de neumáticos quemados. Manifestantes con carteles que se preguntan
"¿El Mundial para quién?" Informes de más
de 200 detenidos y un centenar de heridos por la brutal represión en San Pablo
de la protesta por el aumento de las tarifas de transporte, anteanoche, y duros
reclamos de organizaciones internacionales de derechos humanos por la ola de
violencia que agita al país.
No era la imagen
que Brasil quería dar a punto de comenzar la Copa de las Confederaciones, un
año antes de ser sede del Mundial de fútbol.
La convulsión
social de la última semana sorprendió tanto al gobierno de Dilma Rousseff como
al resto de los brasileños, un pueblo poco inclinado a las grandes marchas
violentas. Pero dejó al descubierto el fuerte grado de insatisfacción de la
sociedad con el alto costo de vida en un país que, pese a sus avances
recientes, aún sufre profundas diferencias sociales, carece de adecuados
servicios públicos de transporte, salud y educación, mantiene una deficiente
infraestructura, y es víctima constante de la corrupción.
"El pueblo
brasileño se está despertando. Las manifestaciones ocurren ahora que tenemos
condiciones económicas mínimas, somos más conscientes de lo que pretendemos;
queremos un mejor uso del dinero público, mayor participación política y
decidir nuestro destino", afirmó a LA NACION Lucas Monteiro, de 29 años,
profesor de Historia en escuelas secundarias y uno de los líderes del
Movimiento Pase Libre, que organizó las cuatro protestas de la última semana en
San Pablo en rechazo del alza de las tarifas de colectivos, metro y trenes.
El aumento en sí
no fue mucho, de 3 a 3,20 reales (1,5 a 1,6 dólares). Pero fue la gota que
colmó la paciencia de los paulistas y la de los habitantes de otras ciudades
que enfrentaron nuevos aumentos, como Río de Janeiro, Porto Alegre, Curitiba,
Maceió y Natal, donde también hubo manifestaciones.
Ninguna fue tan
violenta como la de anteanoche en San Pablo. Los enfrentamientos con la
policía, que recurrió a balas de goma, gases lacrimógenos y golpes contra los
más de 5000 manifestantes, dejaron allí 237 detenidos y 105 heridos.
Amnistía
Internacional y Reporteros Sin Fronteras emitieron contundentes comunicados de
preocupación por la violencia policial frente a manifestantes y periodistas.
Hubo casos de periodistas detenidos por cargar botellas de vinagre -para
quitarse la irritación en los ojos que produce el gas lacrimógeno- y de
periodistas del diario Folha de S. Paulo a los que se les disparó balas de goma
en el rostro.
Voceros del
Movimiento Pase Libre -que incluye a jóvenes, estudiantes, sindicalistas,
anarquistas, feministas y personas ligadas a agrupaciones de izquierda, como el
Partido Socialista, el Partido Comunista Brasileño y el Partido de la Causa
Obrera- advirtieron que las protestas seguirán hasta que no bajen las tarifas
de transporte.
Frustración
Las manifestaciones
estallaron en momentos en que Brasil está frustrado por su bajo crecimiento
económico -previsto en 2,5% para este año-, enfrenta una creciente inflación
-6,5% en los últimos doce meses- y teme un aumento del desempleo -5,5% el año
pasado-. Pero también llegan justo cuando el país se apresta a mostrar su mejor
cara con vistas al Mundial de fútbol 2014, con el comienzo esta tarde de la
Copa de las Confederaciones, que se desarrollará hasta dentro de dos semanas y
es considerado el mayor test de cara al Mundial.
Y ayer por la
mañana, cuando el país intentaba recuperarse de la resaca de violencia de la
noche anterior, nuevas protestas explotaron en el entorno del estadio Mané
Garrincha de Brasilia, escenario del partido inaugural de la Copa de las Confederaciones
entre Brasil y Japón. Unos 500 miembros del Movimiento Sin Techo quemaron
neumáticos y reclamaron por los 15.000 millones de dólares que el gobierno está
invirtiendo en los megaeventos futbolísticos mientras más de 50.000 brasileños
viven en las calles.
La manifestación
tuvo su réplica en San Pablo, donde unas 400 personas desfilaron con carteles
en los que se leía "¿El Mundial para quién?", y desafiaban sin miedo
a los policías que los observaban.
"La
sociedad está en un período de ebullición. Hay un desencanto con los mecanismos
tradicionales de participación y de hacer política que está estimulando las
protestas", explicó a LA NACION el sociólogo Sergio Adorno, quien recordó
que no se veían estas manifestaciones desde el movimiento estudiantil que en
1992 obligó al presidente Fernando Collor de Mello a renunciar, jaqueado por
acusaciones de corrupción.
Rousseff,
contra el "terrorismo informativo"
La mala prensa
que tiene por estas horas Brasil a raíz de las violentas manifestaciones que
sacudieron al país no le cayó muy bien a la presidenta Dilma Rousseff, quien
acusó a los medios de ejercer un "terrorismo informativo".
"Todos tenemos la humildad de aceptar críticas, pero terrorismo no. No voy
a permitir que se haga terrorismo informativo sobre Brasil", advirtió la
mandataria durante una visita a la favela de Rocinha, la más grande de Río de
Janeiro. Rousseff rechazó que Brasil esté en problemas y subrayó que pese a
algunos indicadores económicos decepcionantes, tiene "la menor tasa de
desempleo del mundo", del 5,5% el año pasado..
Del editor: cómo sigue.
Las protestas son un desafío para Dilma un año antes de las elecciones,
pero también para la oposición, que gobierna el estado de San Pablo.
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