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jueves, 10 de julio de 2014

Malvinas: una estrategia para su recuperación.






MALVINAS O LA NECESIDAD DE INCLUIR AL TERCERO EXCLUIDO.

Por Lucio Falcone.

A modo de introducción

Nada hay más perverso en política que desear algo y no poner los medios efectivos para obtenerlo. Tal parece ser el caso de nuestras Islas Malvinas. Ya que, por un lado, perdimos una guerra destinada a recuperarla y; por el otro, nos hemos embretado en una larga negociación que no progresa desde hace años.

Así como están las cosas, es poco probable que alguna vez consigamos el objetivo deseado: la plena vigencia de nuestros derechos, materializados con la posesión efectiva de nuestras Islas.

Habiendo renunciado a la guerra y no estando dispuestos a romper con el status quo de limitarnos a reclamar los derechos legítimos en foros internacionales, estamos perdidos, no tenemos una salida a la vista.

Entonces, ¿Cómo salir de esta situación? Debemos apelar al tercero excluido. Veamos.

Desde un principio, la posición argentina se ha basado en la existencia de un conflicto bilateral por la soberanía de las Islas Malvinas, otras islas cercanas y sus aguas adyacentes entre la República Argentina y el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Por su parte, Gran Bretaña sostiene que existe un tercer actor: la población local. Una que recientemente, mediante un referéndum, expresó su voluntad de formar parte de un territorio británico de ultramar.

La postura argentina ha negado siempre la existencia de este tercer actor. Agregando que las resoluciones de la ONU solo la obligan a tener en cuenta sus intereses. Esta postura ha asumido, a priori, que los intereses de los isleños estarán siempre del lado de la Gran Bretaña. Por historia y por tradición. Pero, ¿qué sucedería si esto pudiera ser modificado?

Para reforzarla, algunos han llegado a la exageración de considerar como traición a la Patria cualquier contacto con esta parte y la intención de querer modificarla. Llegando a extremos ridículos como el del fetichismo de considerar un acto de aceptación de soberanía británica el simple trámite administrativo de hacerse sellar el pasaporte por parte de las autoridades isleñas.

Sin embargo, no pareciera haber otro camino que este. Conquistar la mente y los corazones de los isleños. En principio, para que acepten la presencia argentina, sea esta laboral o bajo la forma de servicios que puedan prestarse en las Islas o en el continente. Y finalmente, en un status que vaya reconociendo los derechos soberanos argentinos en forma progresiva.



A modo de desarrollo
En estrategia, el contexto lo es casi todo. Analicemos el que rodea al conflicto Malvinas.

Lo primero, a tener en cuenta, son nuestros enemigos del pasado y los contendientes de hoy. Los británicos. Baste decir, como lo afirman sus mejores expertos militares, que hoy carecen de las capacidades militares de antaño. Ya no disponen de portaaviones ni de aviones de despegue vertical. Tampoco, su base militar en Malvinas es algo impresionante. Ya que solo está equipada con 4 aviones de combate, un avión tanquero para reabastecimiento en vuelo, una o dos fragatas o destructores misilístico, reforzada ocasionalmente un submarino nuclear de ataque y menos de un batallón en fuerzas terrestres.

Más importante que lo anterior es señalar que, hoy, América del Sur es importante para la política exterior británica. Las frecuentes visitas de los jefes de la Cancillería de ese país, especialmente, a Brasil y a México así lo prueban. Así como sus declaraciones públicas. En estas últimas, los funcionarios británicos reconocen que el principal obstáculo para una mejor integración con nuestra región, es el conflicto Malvinas. Un dato más a nuestro favor, ya que su remoción implicaría una ganancia para nuestros adversarios. Por lo que es de esperar que estén más dispuestos a negociar en un contexto adecuado.

En este último sentido, hay algo que reconocer: esta administración ha obtenido el apoyo de la región a nuestra causa. Al negarse sus países integrantes a que buques que partan de las Islas puedan tocar sus puertos. Ello ha elevado el nivel del conflicto de bilateral a regional. Lo que es bueno. Sin embargo, hay que reconocer que esta actitud de apoyo no permanecerá por siempre, si es que no median incentivos concretos. También, es condición que la Argentina deponga actitudes francamente hostiles con nuestros vecinos. Como es el caso del boicot argentino a los puertos uruguayos y al dragado del Río de la Plata.

Lo segundo, es analizar el contexto internacional. Se puede afirmar, que este, después de muchos años, se inclina favorablemente hacia la situación de países como el nuestro. Ya que por un lado, los EE.UU. han dejado de ser una hiperpotencia que fija una única agenda mundial. Y por el otro, están surgiendo nuevas potestades, como las de China, la India y Brasil. Todas ellas, por una causa u otra, con buenos vínculos con la Argentina.

Lo tercero y más importante es analizar la postura de los kelpers. Hay que comenzar diciendo que no cabe duda de que ellos necesitan de la proximidad argentina más que nadie. Una presencia que tendrá que ser benéfica, basada en la posibilidad de que ellos usen nuestros sistemas sanitarios y educativos. Por lejos, los mejores en esta parte del mundo.

Actualmente, la autoridad de las Islas formó un Fondo de Desarrollo de Reserva para la explotación petrolera por un monto de U$ 13 M. Pero, su mayor fuente de ingresos proviene de la venta de los cánones de pesca a unos 500 barcos por año de todo el mundo, especialmente de Europa y Asia.Todo ello ha permitido que sus ingresos anuales per capita (U$ 60.000) de sus 3.100 habitantes estén entre los más altos del mundo.

Se suma a esta bonanza económica, la voluntad política de los isleños por manejar su futuro según su mejor conveniencia. Aspecto que los coloca, por derecho propio, en un actor ineludible a ser tenido en cuenta. No serían pocos los isleños que sueñan con un futuro independiente, lejos de Gran Bretaña y cercano a la Argentina. Como lo atestiguan las declaraciones del isleño John Fowler al diario local, “Penguin News”.

Finalmente, nos toca analizar nuestra situación. Casi desde siempre la Argentina ha basado su reclamo, casi exclusivamente, en una cuestión de soberanía territorial. Hoy este sólido argumento no basta por sí mismo. Los conflictos y los contextos evolucionan para todos. Nos encontramos en una posición favorable para negociar. Pero, siempre y cuando la basemos en apreciaciones realistas y que transformemos a las mismas en políticas de Estado.

Ello no implica dejar de lado lo territorial. Pero si ponerlo en contexto. Especialmente con los escenarios presentes y futuros y que siguen en secuencia al de Malvinas. A saber, la discusión que se está dando en la Convención de la ONU sobre los Derechos del Mar en relación a los fondos marinos y al muy posible reparto de soberanía sobre el Continente Antártico en un futuro cercano.

Para ambos casos, hay que tener presente que los derechos son importantes. Pero, lo es aún más la presencia efectiva que materialice esos derechos. Para lo cual, es ineludible disponer de una Cancillería informada y eficaz en la defensa de nuestros intereses. Además, de fuerzas armadas con una capacidad de disuasión creíble. Ya que ambas, la diplomacia y lo militar, son la necesaria contracara de nuestra política exterior.

En muy pocas palabras: nos tenemos que presentar como la solución del problema, no como su causa principal.

A modo de conclusión
Probablemente, algún mal intencionado o alguien mal informado podrían confundir esta posición con una caracterizada por el facilismo. Nada más alejado de la realidad. Ya me lo decía un diplomático versado en estos temas. La cuestión Malvinas no será fácil de resolver; ya que nos enfrentamos a una de las mejores diplomacias del mundo.

Le contesté, que mejor. Ello nos obligará a perfeccionar nuestras destrezas.

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