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domingo, 13 de septiembre de 2015

Militares: sigue la polémica.




https://www.informadorpublico.com/narcotrafico/militares-y-narcotrafico/


Militares y narcotráfico 








por José M. García Rozado • 11/09/2015 •  
  

Juan Gabriel Tokatlian, Director del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales (UTDT), lleva adelante un debate en “Clarín” que, además de pecar de “¿ingenuo?” -por no decir “interesado y parcial”-, niega con argumentaciones propias de las pseudo organizaciones de DDHH la “posibilidad concreta” de recurrir a las FFAA en la lucha antidrogas. En el IP, Carlos Pissolito propone, por el contrario, aquella “posibilidad” en su artículo “Seguridad: ¿Militarizar o no militarizar?” (cliquear: http://www.informadorpublico.com/seguridad/seguridad-militarizar-o-no-militarizar/). Este debate da para mucho pero lo único seguro es que “lo que hoy es ilegal por las leyes de Defensa y de Seguridad mañana puede dejar de serlo”.

Vaya uno a saber por qué motivos políticos o ¿de qué índole? Tokatlian avanza en una aseveración tan dura respecto de la militarización de la lucha contra la droga o el narcotráfico, pues aseverar como hace él que “las experiencias de militarización de la “guerra contra las drogas” es ilegal… En la contienda electoral, bajo la noción de “seguridad ampliada” y con el fin de “declararle la guerra al narcotráfico”, Sergio Massa -el único candidato presidencial que no se quedó en simples denuncias sino que propuso alguna medida- propuso involucrar a las FF AA en labores antidrogas. La idea no es original -por lo menos reconoce-, lo novedoso es que ahora el Frente Renovador anuncia un plan en la materia”. ¡Increíble! y más proviniendo de quien dice ser un “especialista en Estudios Internacionales”, pues además de ser falaces la mayoría de sus afirmaciones son también temerarias y falsean la realidad al achacárseles a los militares los desaguisados de los políticos que los involucraron en aquellas actividades de “guerra”, en algún caso de “ocupación territorial” por parte del Imperialismo estadounidense o en otro en la lucha constitucional del mantenimiento de la integridad territorial atacado por la narcoguerrilla.


Desconociendo, u ocultando -vaya uno a saber por qué intereses sociopolíticos- la realidad internacional y de cada uno de los países elegidos para poder respaldar una postura anacrónica e ahistórica, Tokatlian llega al paroxismo de la barbaridad de aseverar muy suelto de cuerpo: “La propuesta es “temeraria” y equívoca y parece ser producto de la impaciencia y la ignorancia…”, dándose el lugar del poseedor de la “verdad revelada” sobre el tema grave y candente de la invasión absoluta del narcotráfico y la producción de drogas duras en el país, producto de la absoluta inacción del Estado, tanto nacional como provincial y de la llegada de diversos “carteles” bolivianos, peruanos, paraguayos, colombianos y mejicanos que activan a plena luz del día en casi todas las provincias argentinas, pero se destacan por su importancia delictual y de víctimas las provincias de Santa Fe -Rosario a la cabeza-, Buenos Aires con el conurbano bonaerense permeado e infiltrado casi totalmente, la Ciudad Autónoma donde estos carteles se han adueñado de la totalidad de las “villas de emergencia o barrios carenciados” -para no ser considerado un discriminador-, Córdoba y su área del gran Córdoba, así como otras localidades importantes como Mar del Plata, La Plata, Santa Fe capital, Salta, Jujuy, Resistencia, Catamarca, Formosa, Tucumán Mendoza, La Rioja, San Juan y la casi totalidad de las ciudades importantes de la Patagonia argentina, sin olvidar a Misiones y la Triple Frontera, donde el narco se halla nexado con los grupos fundamentalistas musulmanes.

Ante tamaña “politización” de un tema de seguridad grave y delicado, que debiera ser abordado con un intercambio de opiniones, y no con aseveraciones omnipotentes, inexplicables en un Director de un departamento universitario nacional, Carlos Pissolito explica, no sin razón: “Desde hace un tiempo a esta parte se consolida la tendencia de la militarización de la seguridad en varios países, tanto del mundo, pero especialmente los de nuestra región. Ello se verifica por dos caminos convergentes. Por un lado, el que consiste en la progresiva militarización de las fuerzas policiales, aspecto que se evidencia en su adiestramiento y equipamiento, el que es cada vez más parecido al de los militares. Y por el otro, con el empleo de fuerzas militares, ya sea en trabajos de apoyo a las fuerzas policiales o en la realización de tareas propiamente policiales”. Aquí además de mi propia opinión, se encuentra la de otro colega que también es un estudioso de la problemática de la “guerra contra la narcocriminalidad”; y ante la verdadera estupidez de que “esta iniciativa viola la legislación existente que separa nítidamente las cuestiones de defensa externa, que corresponden a las fuerzas armadas, de las de seguridad interna que corresponden a la policía y otros cuerpos de seguridad”, lo que menos podemos explicarle a este seudo académico, es que a una Ley de la Nación se la deroga con otra Ley de la misma nación y parlamento.

Lo que Tokatlian ignora y parece conocer Pissolito, es que por un lado la Ley de Defensa fue votada por el parlamento nacional en 1998, en medio de una situación totalmente diferente y distinta de la actual; y dónde la narcocriminalidad no era un problema grave y de “gravedad institucional” como lo es ahora, porque Argentina aún se encontraba entre las naciones donde el tráfico de estupefacientes era eso: “un tránsito entre los productores -Bolivia, Colombia, Perú y en menor medida Paraguay- y los consumidores internacionales -Europa y los EEUU-“. Hoy por el contrario Argentina pasó a ser un país productor y de cocina de los estupefacientes que ingresan por fronteras totalmente permeables desde Bolivia y Paraguay, además de Brasil, se consume la resaca de la producción de drogas duras -“paco” principalmente- y el resto se exporta hacia los destinos ya enumerados, pero ahora “¡somos consumidores!” y nuestra juventud ha caído, como bien lo realza el Papa Francisco quien cuando era el cardenal Bergoglio ya anticipaba esta infiltración a través de los curas villeros, en manos de la narcocriminalidad aumentando sustancialmente el delito y la “violencia inusitada” dentro del delito propiamente dicho. Es inconcebible que Tokatlian desconozca semejante realidad argentina, como para llegar a expresar muy suelto de cuerpo: “Por el otro, desconoce -Massa y Pissolito, Francisco, el padre Pepe y tantos otros- los resultados de cuantiosos casos de militarización de la “guerra contra las drogas”, opina y realiza un sobrevuelo muy tendencioso y sesgado de intervenciones militares “no contra las drogas y sus mafiosos” en Afganistán, mezclando informes de ONU y OTAN con ejemplos de Méjico y Colombia.

Colectivero amputado en mano en la tarde del viernes 4 de septiembre de 2015 en Gonzáles Catán y colectivero de Córdoba atacado en Barrio Las Flores. Violencia demencial del narcoconsumo juvenil.

Pissolito, mientras tanto, aclara: “Los justificativos para estas tendencias -de militarización- son varios. Empezando por una creciente virulencia del crimen organizado, especialmente el narcotráfico, que viene exigiendo -a partir de sus propias capacidades- una mayor capacidad operativa a las fuerzas que lo enfrentan. Por otro lado, tampoco pueden negarse las objeciones a la materialización de esta tendencia. Mayormente provenientes de sectores motivados ideológicamente en teorías progresistas, abolicionistas o garantistas extremas, que sostienen la doctrina de una “división tajante” entre la Defensa (enemigo externo) y la Seguridad (enemigo interno). Aunque, no en pocas ocasiones, es la misma conducción de esas fuerzas militares la que se muestra reacia a ese empleo, en función del denominado paradigma clausewitziano. Como vemos nos encontramos ante un tema complejo y que merece y debe ser analizado” concluye con sabiduría. “Es indudable que el “problema” de las drogas en la Argentina creció. Es evidente que la opinión pública -esa que los intelectuales (intelectualoides) desprecian en su propia soberbia- identifica al narcotráfico como una “fuente de inseguridad”. Es usual que en época de campaña algunos candidatos recurran a la promesa de “mano dura” para lograr adhesiones que de otro modo no obtendrían” teoriza sesgada y falazmente Tokatlian.

Tokatlian debería enfrentarse a los familiares -miles y miles- de las víctimas del horror de la violencia de “consumidores o soldados” del narcotráfico y de las mafias narco instaladas abiertamente en el país, bajo la mirada complaciente -como mínimo- de las autoridades judiciales, policiales y de los poderes ejecutivos y legislativos nacionales y provinciales. Es indignante que para denostar un candidato (que obviamente no es el suyo) recurra a la bajeza de atacar infundadamente un “tema complejo y que merece ser abordado y analizado con profesionalidad” llegando al absurdo de escribir: “Sin embarfgo, es irresponsable que un líder político proponga una serie de políticas públicas que han sido -según su muy particular visión, como la de Hebe y la de Zaffaroni-, en la región y más allá de Latinoamérica, improductivas en sus objetivos y desastrosas por sus consecuencias” y da rienda suelta a una serie de datos y cifras parcializados y descontextualizados para poder asentar su hipócrita opinión sesgada y personalista. Una opinión que de provenir de organismos seudo progres, sería hasta atendible, pero que llevadas adelante por un “académico”pueden inducir a errores garrafales respecto de una discusión seria y sensata sobre un tema de muy grave actualidad.

E insiste en su ataque personalizado, agregando: “Hay datos al respecto que un aspirante a la presidencia no puede omitir -y mucho menos quien dirige el departamento de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de la UTDT-…“ recurriendo como ya expliqué a datos fuera de contexto y sin relación alguna con el narcotráfico y la narcoguerrilla (que no sólo azota a Colombia, Méjico, Brasil) sino también ya se despliega con una fuerza inusitada en nuestra Patria, mal que le pese al académico Tokatlian. Pissolito, en comunión de ideas co quien esto escribe y lo ha expresado públicamente expresa: “Nuestra “propuesta” se orienta hacia lo siguiente: Misión: Asignarles a las FFAA la misión de colaborar y participar en operaciones de seguridad interior. Específicamente, en aquellas que por su complejidad escapan a las capacidades de las fuerzas policiales y de seguridad. Tales como el control de los espacios aéreos, marítimos y terrestres sensibles para la seguridad nacional, entre otras. Además, darle el comando y el control de las tareas de mitigación en casos de desastres naturales y emergencias y servir de núcleo de elementos interdisciplinarios que tengan por finalidad realizar acciones que reafirmen la presencia del Estado nacional en aquellos lugares que sea necesario y participar en la construcción de obras de infraestructura en lugares de difícil acceso. Cabe señalar que esta misión no será única y será paralela con el mantenimiento de una adecuada capacidad de disuasión contra potenciales enemigos convencionales” termina explicando.

Tokatlian en su artículo del diario “Clarín” termina expresando, como si fuera la Biblia, aspectos negativos (o positivos según Carl von Clausewitz quien dijera: “El mayor reto intelectual que un estadista y un comandante tienen que hacer es establecer la clase de conflicto en el cual se está embarcado; sin confundirse, ni tratar de convertirla en algo contrario a su naturaleza”) supuestos por él de la militarización de la “guerra contra el narcotráfico” llegando al absurdo de negar toda propuesta que se oponga a su sentir y real saber, como hace Cristina Fernández que admoniza y demoniza a todo aquel que la contradiga. “En breve, -apotegma Tokatlian-, la propuesta de Massa es ilegal, inadecuada, inútil e inquietante”, ¿para quién? ¿Para las víctimas de la drogadependencia y la violencia inusitadas? ¿Para el progresismo infantil y abstencionista? Su postura es impropia de un catedrático de una universidad de prestigio, porque termina politizando un tema social y de salud pública inapropiadamente.