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viernes, 13 de noviembre de 2015

La Defensa en Argentina hacia el futuro.



http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4932&Itemid=38





por Guillermo Lafferriere


Desde esta columna hemos descripto en anteriores trabajos la situación de las Fuerzas Armadas en Argentina. (1) Otros analistas han hecho lo propio en diversas publicaciones o presentaciones.  También hemos dado nuestra opinión respecto a que por diversas razones, muy específicas de la compleja historia de Argentina el tema está relegado a un grupo disperso y muy pequeño de especialistas y no ocupa ningún lugar de relevancia en el debate político argentino.  Esto es muy posible que en nada cambie en el futuro previsible, pero simultáneamente, no debiera ser un óbice para que una futura administración enfrente esta temática. No desde una posición que busque colocar la defensa en un lugar que la sociedad no prioriza, sino desde uno desde el cual se parta de entender que a pesar de su falta de presencia en la discusión esto en modo alguno significa que la defensa no sea un aspecto crítico para el estado y que requiere de una mirada que vaya creando situaciones que permitan al país ir recomponiendo su sistema de defensa y hacerlo de una manera progresiva sin que se pretenda dar una imagen de un resurgir de posturas que pudieran ser interpretadas como militaristas.

Hechas estas consideraciones, nos proponemos aportar algunos aspectos que pensamos requieren de ser considerados por cualquier administración que llegue a la responsabilidad de gobernar el país a partir del 10 de diciembre de 2015.



Se requiere con prioridad contar con un sistema moderno y eficiente para el control del espacio aéreo del país. Ello implica varias acciones: Por un lado continuar con el desarrollo alcanzado en las capacidades de construir radares localmente, pero simultáneamente, no demorar el proceso de radarización y adquirir los sistemas que se requieran para proporcionar al país con esta herramienta crítica en el menor tiempo posible.  Al mismo tiempo, debe adquirirse aunque más no sea una pequeña pero moderna capacidad de intercepción supersónica. La Argentina carece hoy de ninguna aptitud para interceptar incursor hostil alguno que ingrese al espacio soberano. El lector puede pensar que esto no es necesario, que nadie nos atacará. Lo invito a pensar en las medidas que otros estados vecinos toman para que sus espacios sean controlados, seguros y con alternativas ante una amenaza aérea; la cual pareciera debe recordarse no necesariamente puede provenir de un agresor estatal clásico, tal como los atentados del 11 de septiembre de 2001 claramente lo demuestran.
El inmenso espacio aeronaval sobre el cual la Argentina ejerce soberanía también es escasamente patrullado tanto desde el aire como por buques. Ello hace que ese territorio argentino sea fácil presa de quienes usufructúan de sus recursos sin un control efectivo de nuestra parte.  Este tema debiera tener una prioridad similar a la anterior, y debe encarárselo con los medios que hoy existen. Los que con sus no pocas limitaciones, pueden sin embargo prestar un indispensable servicio de presencia en nuestro mar. No puede esperarse a que el país alcance a modernizar su maltratada flota para ejercer un mínimo control del mar. Y esto tiene que encararse con una inteligente interacción entre los medios de la Armada y la Prefectura. No hay lugar para pujas entre esos servicios y la política debe recurrir a los escasos medios disponibles para al menos paliar la grave deficiencia existente en el control del mar. Y esto no se refiere a un cruzamiento indebido de responsabilidades entre una fuerza armada y otra de seguridad, sino insistimos, en que haya una presencia estatal lo más continua posible en preservación del interés argentino en el mar.
El tercer aspecto que debe a nuestro criterio ser priorizado tiene que ver con la Antártida e involucra dos cuestiones. En primer lugar, la Argentina debe contar con la capacidad naval propia para incursionar en el continente antártico sin depender de elementos provistos por contratistas extranjeros. En segundo lugar, tiene que finalizar lo más pronto posible con los procesos de upgrade de sus transportes C-130. Estas aeronaves son críticas para asegurar la comunicación con la Península Antártica ya que actualmente sus operaciones se están haciendo con severas limitaciones. La Argentina no puede, si es que pretende ejercer derechos en ese continente algún día, descuidar nada de lo relativo a la presencia permanente de conciudadanos en ese territorio y hacerlo con medios propios. Todo ello es una clara muestra de la determinación política hacia ese espacio que tomará en el futuro un carácter estratégico crítico.
Los tres aspectos que mencionamos son los que no pueden soslayarse y deben ser merecedores de los mayores esfuerzos posibles para ser mejorados sensiblemente en el menor tiempo posible compatible con los procesos administrativos que ello pueda demandar. Y mencionamos estos y no los políticos porque creemos que los tres objetivos enunciados cuentan con un consenso político suficiente como para lograr los apoyos necesarios para su implementación.

Por otra parte, las Fuerzas Armadas en Argentina requieren de una reforma de segunda generación urgente.  El término urgente no implica que deban encararse medidas sin una base en análisis serios y multidisciplinarios. Lo que queremos expresar es que no se pueden admitir más dilaciones para encarar en ellas su adecuación a los cambios estratégicos que el mundo y la región han sufrido en los últimos decenios.  Es que las organizaciones y despliegues actuales de las Fuerzas Armadas en Argentina responden a criterios estratégicos que oscilan entre la obsolescencia y la carencia absoluta de un criterio de utilidad para la defensa del país. Esto sin profundizar en las inmensas carencias en todo lo que hace a contar con un sistema de inteligencia para la defensa eficiente y profesional, así como una mirada efectiva sobre la real amenaza que el ciberespacio representa. Llevar adelante este proceso de cambio, no será sencillo, por la natural reticencia de las distintas estructuras burocráticas a cualquier situación que amenace el statu quo. Ello es común en cualquier organización que por décadas no ha adoptado procesos de modernización adecuados y ha sido observable en otros países también.  Deben de aprovecharse a nuestro criterio algunos aspectos positivos que en nuestra mirada coadyuvan a que pueda iniciarse ese proceso. Ellos son:

La consolidación definitiva del control civil sobre las estructuras militares.
La existencia de un plexo normativo importante en el país, que brinda bases al menos teóricas para llevar adelante un proceso de reforma profunda del instrumento militar argentino.
Los consensos políticos alcanzados en el país respecto a lo ámbitos que la defensa y la seguridad interior poseen, reconociendo también los espacios grises que deben ser estudiados como el que representan las amenazas en el ciberespacio y la utilización de fuerzas paramilitares como brazo clandestino empleado por no pocos actores internacionales en nuestros días.
El estado de paz y alto nivel de cooperación con las principales naciones de la región con la Argentina en materia de defensa. Esto último a pesar de los elevadísimos niveles de disparidad que los desarrollos militares de las naciones de la región han alcanzado respecto a la Argentina. Y esto va más allá de lo que usualmente se menciona para los casos de Brasil y Chile. Otras naciones continúan adquiriendo capacidades militares que en la Argentina son conocidas solamente en los ambientes especializados a través de sus análisis, pero que no se cuentan en el país.
La defensa de un país es mucho más que una cuestión de contar con capacidades militares. Es un medio que tiene un país para interactuar con otras naciones y cooperar para hacer de la región y del mundo un lugar más seguro. Es también una forma en que un país envía mensajes, los cuales indican que cosas está decidido a proteger y que colocado en cierta circunstancia, está dispuesto a emplear esa capacidad en preservación de sus intereses.  Esto puede sonar extremadamente realista y hasta alejado de lo que se denomina soft power.  Reconocemos que ello es así. Y lo expresamos de esta manera porque somos de la idea que una nación debe tener una aproximación de buena voluntad para con todos los actores globales, buscando siempre los puntos de interacción y trabajando inteligentemente aquellos aspectos que pudieran ser fuente de una potencial crisis. Pero desafortunadamente, los asuntos internacionales no siempre tienen la suerte de contar con la buena voluntad de todos los actores en la solución de los problemas. Muchos observadores en nuestro medio, miran al mundo convencidos que es un lugar donde solamente la agenda de negocios y cooperación es lo que cuenta;  cuando en la práctica parece bastante evidente que existen actores quienes no tienen intención alguna de ser siempre amables y pacíficos; y mantienen pretensiones que están dispuestos a alcanzar por los medios que estén a su disposición.

Abogamos que la Argentina cuente con la madurez necesaria para comprender que el hecho que la defensa coadyuve junto a otras acciones estatales,  a la preservación de sus intereses, no es sinónimo de militarismo o prepotencia; sino una muestra de prudencia frente a un mundo que aparece repleto de incertidumbres.


(1) Ver "Fuerzas Armadas: ¿Para qué?" en http://www.nuevamayoria.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4809&Itemid=30.