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domingo, 24 de julio de 2016

EL REGRESO DE LOS ASESINOS O LA PRIVATIZACIÓN DE LA YIHAD.
















por Carlos Pissolito

Cuenta una de las leyendas más intrigantes del Levante como un grupo de iluminados ejercieron el poder mediante la administración de una silenciosa muerte a sus enemigos. También, sostiene la misma que esos servicios podían ser alquilados por los poderosos de la época, incluso por aquellos que no respondían al credo de la secta.
Caligrafía shiita simbolizando a los Asesinos como tigres.

Los "Assassins" o simplemente Asesinos eran un grupo medieval derivado de la facción musulmana chiita de los Ismaelitas dirigida por un personaje, al que se lo conocía con el poco tranquilizador nombre de "Viejo de la Montaña"  y que operaba una serie de fortalezas estratégicamente distribuidas por las montañas de Siria y Persia.

Quisieron los azares de la historia que los Asesinos tomaran contacto con otro grupo misterioso, pero de origen occidental. Los Templarios eran, inicialmente, un pequeño colectivo de caballeros franceses que terminaron construyendo una poderosa red de influencia, tanto en Levante como en Europa.
También quiso la historia que ambos grupos tuvieron finales similares. Los Asesinos fueron, finalmente, masacrados por un príncipe mongol, cuando éste se enteró de que su cabeza estaba en su lista de pedidos. Por su parte, los Templarios perecieron en los cadalsos levantados por el Rey de Francia, quien según dicen, lo hizo para no tener que devolverles a la famosa orden la plata que ésta le había prestado.

Dos scaballeros templarios a caballo, simbolo de su unión.
Explican los historiadores que, tanto los Asesinos como los Templarios habían descubierto desde temprano el poder del terror y del dinero y de los beneficios derivados de administrarlos a ambos en secreto.

Finalmente, parece ser que fue su propio poder secreto la causa de sus respectivas caídas. Una que se produjo no sin que antes ambas asociaciones esparcieran sus conocimientos por sus lugares de influencia. Y como según dicen algunos, con una legión de imitadores que aprendieron la lección y que siguieron operando por centurias sin siquiera ser descubiertos.

Salvando la distancia que otorgan los siglos que nos separan de estos personajes; pero unidos por el escenario común; a la par de lo eterno de la naturaleza humana. Podemos trazar algunas analogías con el presente.

Bien podemos comparar a los Asesinos con la red terrorista al´Queda y a sus contrapartes, los Templarios, con las fuerzas especiales -principalmente norteamericanas- destinados a combatirla; pero que, de paso,  terminaron imitándola.

En este marco, Osama bin Laden pude ser comparado con el nuevo Viejo de la Montaña y los sucesivos presidentes norteamericanos -Bush hijo y Obama- con el príncipe mongol que lo aniquiló.

En el proceso, sus fuerzas especiales no solo le dieron caza. De paso, leyeron sus libros, aprendieron sus tácticas y hasta le copiaron la moda de su rostro barbado. Pues, hay nada más cercano que un enemigo y si quieres derrotarlo, primero debes conocerlo.

Nada de esto ocurrió por casualidad; pues, en realidad, todos ellos eran viejos conocidos desde la invasión soviética a Afganistán en los años 70. Cuando las fuerzas especiales norteamericanas predicaban la Yihad de los muyahidines y los proveían con los misiles Stinger para que dieran por tierra con la superioridad aérea militar rusa. El principio del fin su supremacía militar.

Dado el éxito de la receta, la misma fue exportada, en los años 80, al conflicto Bosnio y a la guerra civil chechena. Llevando el virus de la Yihad a las tierras del bajo vientre europeo de los Balcanes y al seno de la misma Rusia otodoxa.

El resto es historia conocida. Vino el espectacular golpe del 11S y la no tan espectacular, pero efectiva persecución de Osama y sus muchachos. La que llevó a los EEUU a invadir -acertadamente- Afganistán y -erróneamente- a Irak.

Tal como ocurriera con el fin de los Asesinos y de los Templarios la historia no terminó con su aniquilación. Tampoco ha concluido para el terrorismo que ha pasado de organizar megaeventos a la privatización de sus franquicias a través de lobos solitarios o grupos amateurs.

Lejos de ser una ventaja la nueva metodología presente nuevos y mayores desafíos a las fuerzas destinadas a combatir al terrorismo. Pues, de unos pocos actores, hemos pasado a una multiplicidad de ellos, sean éstos reales o potenciales.

¿Qué fue lo que pasó y que podemos predecir de sus contrapartes, nuestros amigos de las fuerzas especiales? Eso, querido lector, es otra historia.