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domingo, 21 de agosto de 2016

La foto de Omran, una 'coincidencia' que no es casual











Carlos Esteban - ábado, 20. Agosto 2016 - 10:56

Los correos filtrados por WikiLeaks y convenientemente ninguneados por la prensa al uso de la fundación de George Soros explica cómo este titiritero internacional se ha propuesto quela invasión musulmana de Europa sea vivida como "la nueva normalidad", es decir, que nos hagamos a la idea de que no hay más cera que la que arde y digamos "amén", y para ello cuenta con abundantes fondos que reparte con liberalidad.



Pero el trágala islamizador de un continente que se ha ido definiendo históricamente por su prolongada lucha contra el Islames un hueso duro de roer, incluso para los europeos lobotomizados por una prensa servil, así que más que a la razón, nuestros globalistas apuntan al blando corazón de Occidente. Y aquí es donde entra el joven Omran, protagonista de la primera de El País este viernes y de otras cabeceras y coprotagonista en El Mundo.

Omran es un niño sirio de 5 años, víctima de un bombardeo, que aparece sentado, cubierto de polvo de la cabeza a los pies, con una brecha sangrante en la frente y un conmovedor gesto de desamparo y desconcierto. No hay explicación de por qué lo dejan ahí rodeado de flashes en vez de atenderle, pero se entenderá en seguida.

Omran es el nuevo Aylan Kurdi. Aylan, recordarán, es el niño apenas uno o dos años menor que Omran que apareció en las portadas de la prensa de todo el mundo ahogado en una playa turca. Aylan fue en su día esencial para que los europeos tragáramos la amarga píldora de la primera avalancha islámica sin rechistar, incluso con entusiasmo buenista.

Cabe señalar que el autor de la celebérrima instantánea es Mahmoud Rslan. Es posible que hayan visto otra obra suya en las redes, el vídeo de unos rebeldes sirios -de esos moderados que apoyan, financian y arman Estados Unidos y sus aliados- degollando a un niño de unos 12 años, supuesto espía del régimen de Damasco. En él sale el propio Rslan bromeando y confraternizando con los asesinos.

Cualquier manipulador que valga su sal sabe que un niño vale por muchos adultos, q
ue presentarle solo conmueve más que sacar un grupo entero de infantes traumatizados y, sobre todo, que lo que va a acabar de comprometer nuestra empatía es decir su nombre.

Y funciona, no saben cómo. Gente cuyo criterio por lo general respeto y aun admiro reaccionaban a la foto exigiendo de forma perentoria una intervención. ¿Qué puede salir mal, después de todo? ¿No han dado nuestras últimas intervenciones bélicas un magníficoresultado? Recuerdo cómo se nos preparó con lanoticia de unos centenares de kurdos masacrados por Sadam para una guerra que acabaría con unos centenares de miles de muertos, un país destruido, una mitad entregada al Irán de los ayatolás y la otra convertida en el régimen más cruel y peligroso del planeta. Misión cumplida, supongo.

Las víctimas del terror islámico, de Bataclan, de Niza, de Alemania, no tienen nombre. Sí, uno puede entrar en la noticia y quizá haya un párrafo que ofrezca unas iniciales. Pero nunca son portada. Son solo números. Meses después de la masacre de París nos enteramos de que muchos de los caídos fueron horriblemente torturados, mutilados y humillados antes de morir. ¿Por qué la prensa, nuestra prensa, nos hurtó esa información?

Por respeto, alertaban cuando lo de Niza. Por atención a las familias, para no caer en el morbo y la demagogia nos imploraban que no compartiéramos imágenes de los muertos y heridos en redes sociales. A la prensa ni se le pasó por la cabeza hacerlo. ¿No les llama la atención? ¿El morbo no importa con Aylan? ¿La demagogia es lícita con Omran?

No hará un mes vi un vídeo de unos rientes guerrilleros 'moderados' que habían capturado a un crío que no llegaría a los 12 años. Por sus sonrisas y el modo de bromear, el ambiente de ligero jolgorio, se diría que están jugando con él. Pero no, lo que hacen a continuación es degollarle.

Miren, les voy a contar la verdad, si quieren oírla. Hay en el mundo, en este mismo momento, miles, decenas de miles, quizá cientos de miles de niños que sufren destinos espantosos, en muchos casos por guerras de variada intensidad. Las bombas mutilan y matan niños cada día, o les dejan huérfanos. En África pueden convertirles en niños soldados, endureciéndoles por el sencillo procedimiento de obligarles a matar a sus propios padres. En Nigeria, poco antes del secuestro de las niñas que tanto revuelo causó y que vuelve a la carga ahora, los guerrilleros de Boko Haram quemaron vivos a decenas de adolescentes cristianos. Y así, lo que quieran.

No, Omran no es, ni de lejos, 'la imagen más cruel'. Ha vivido una experiencia espantosa, pero si se fijan bien no necesita más que unos puntos en la frente, un baño y ver a sus padres, que están vivos los dos