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viernes, 10 de marzo de 2023

Los Estados Unidos tiene demasiado miedo del mundo multipolar











The U.S. Must Adapt to a Multipolar World (foreignpolicy.com)




por Stephen M. Walt (*)

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden,
 reacciona durante una reunión sobre
"Reconstruir un mundo mejor (B3W)",
como parte de la Cumbre de líderes mundiales de la
 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
COP26 en Glasgow, Escocia, el 2 de noviembre de 2021.

Después de que los Estados Unidos pasara de la oscuridad de la Guerra Fría al agradable resplandor del llamado momento unipolar, una gran variedad de académicos, expertos y líderes mundiales comenzaron a predecir, anhelar o buscar activamente un regreso a un mundo multipolar.  No es sorprendente que los líderes rusos y chinos hayan expresado durante mucho tiempo el deseo de un orden más multipolar, al igual que los líderes de las potencias emergentes como India o Brasil.

 Más interesante aún, también lo han hecho importantes aliados de EE UU. El excanciller alemán Gerhard Schröder advirtió sobre el “peligro innegable” del unilateralismo estadounidense, y el excanciller francés Hubert Védrine declaró una vez que “toda la política exterior de Francia… tiene como objetivo hacer que el mundo del mañana se componga de varios polos, no solo de uno.” El apoyo del actual presidente francés, Emmanuel Macron, a la unidad europea y la autonomía estratégica revela un impulso similar.

Sorpresa, sorpresa: los líderes estadounidenses no están de acuerdo. Prefieren las amplias oportunidades y el estatus gratificante que provienen de ser el poder indispensable, y han sido reacios a abandonar una posición de primacía indiscutible. En 1991, la administración Bush preparó un documento de orientación de defensa que pide esfuerzos activos para evitar el surgimiento de competidores similares en cualquier parte del mundo. Los diversos documentos de la Estrategia de Seguridad Nacional emitidos por republicanos y demócratas en los años posteriores han ensalzado la necesidad de mantener la primacía de los EEUU, incluso cuando reconocen el regreso de la competencia entre las grandes potencias. Destacados académicos, también, han opinado, algunos argumentando que la primacía de los EEUU es "esencial para el futuro de la libertad" y buena tanto para los Estados Unidos como para el mundo. Yo mismo contribuí a esta opinión, escribiendo en 2005 que “el objetivo central de la gran estrategia de los EEUU debería ser preservar su posición de primacía durante el mayor tiempo posible”. (Sin embargo, se ignoró mi consejo sobre cómo lograr ese objetivo).

Aunque la administración Biden reconoce que estamos de vuelta en un mundo de varias grandes potencias, parece nostálgico por la breve era en la que los Estados Unidos no se enfrentó a competidores similares. De ahí su vigorosa reafirmación del “Liderazgo de los EEUUU”, su deseo de infligir una derrota militar a Rusia que la dejará demasiado débil para causar problemas en el futuro y sus esfuerzos para sofocar el ascenso de China restringiendo el acceso de Beijing a insumos tecnológicos críticos mientras subsidia la industria de semiconductores de los EEUU.

Incluso si estos esfuerzos tienen éxito (y no hay garantía de que lo hagan), probablemente, sea imposible restaurar la unipolaridad. Vamos a terminar en 1) un mundo bipolar (con los Estados Unidos y China como los dos polos) o 2) una versión desequilibrada de multipolaridad donde los Estados Unidos es el primero entre un conjunto de potencias importantes desiguales, pero aún significativas (China, Rusia, India, posiblemente Brasil, y posiblemente un Japón y Alemania rearmados).

¿Qué clase de mundo sería ese? Los teóricos de las relaciones internacionales están divididos sobre esta cuestión. Los realistas clásicos como Hans Morgenthau creían que los sistemas multipolares eran menos propensos a la guerra porque los estados podían realinearse para contener agresores peligrosos y disuadir la guerra. Para ellos, la flexibilidad de alineación era una virtud. Los realistas estructurales como Kenneth Waltz o John Mearsheimer argumentaron lo contrario. Creían que los sistemas bipolares eran, de hecho, más estables porque se reducía el peligro de errores de cálculo; las dos potencias principales sabían que la otra se opondría automáticamente a cualquier intento serio de alterar el status quo. Además, las dos potencias principales no dependían tanto del apoyo de los aliados y podían mantener a raya a sus clientes cuando fuera necesario. Para los realistas estructurales, la flexibilidad inherente a un orden multipolar crea una mayor incertidumbre y hace más probable que una potencia revisionista piense que puede alterar el statu quo antes de que los demás puedan combinarse para detenerlo.

Si el futuro orden mundial es uno de multipolaridad desequilibrada y si tales órdenes son más propensos a la guerra, entonces hay motivos para preocuparse. Pero la multipolaridad podría no ser tan mala para los Estados Unidos, siempre que reconozca las implicaciones y ajuste su política exterior de manera adecuada.

Para empezar, reconozcamos que la unipolaridad no fue tan buena para los Estados Unidos y, especialmente, para esos países desafortunados que recibieron la mayor parte de la atención de los Estados Unidos en las últimas décadas. La era unipolar incluyó los ataques terroristas del 11 de septiembre, dos guerras estadounidenses costosas y finalmente infructuosas en Irak y en Afganistán, algunos cambios de régimen desacertados que llevaron a Estados fallidos, una crisis financiera que alteró drásticamente la política interna de los Estados Unidos y el surgimiento de una China cada vez más ambiciosa cuyo ascenso fue facilitado en parte por las propias acciones de los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos no ha aprendido mucho de la experiencia, dado que todavía está escuchando a los genios estratégicos cuyas acciones desperdiciaron el triunfo de la Guerra Fría de Washington y aceleraron el fin de la unipolaridad. La única restricción a las acciones de un poder unipolar es el autocontrol y el éste no es algo que una nación estilo cruzado como los Estados Unidos haga muy bien.

El regreso de la multipolaridad recreará un mundo donde Eurasia contiene varias potencias importantes de diferentes fuerzas. Es probable que estos Estados se miren con cautela, especialmente cuando estén muy cerca. Esta situación le da a los Estados Unidos una flexibilidad considerable para ajustar sus alineamientos según sea necesario, tal como lo hizo cuando se alió con la Rusia estalinista en la Segunda Guerra Mundial y cuando se reconcilió con la China maoísta durante la Guerra Fría. La capacidad de escoger y escoger a los aliados apropiados es el ingrediente secreto de los éxitos pasados de la política exterior de los Estados Unidos: su posición como la única gran potencia en el hemisferio occidental le dio una "seguridad gratuita" que ninguna otra gran potencia poseía, e hizo los Estados Unidos un aliado especialmente deseable cada vez que surgían problemas serios. Como escribí allá por la década de 1980: “Para las potencias medias de Europa y Asia, Estados Unidos es el aliado perfecto. Su poder agregado asegura que su voz se escuchará y sus acciones se sentirán… [pero] está lo suficientemente lejos como para no representar una amenaza significativa [para sus aliados]”.

En un mundo multipolar, las otras grandes potencias gradualmente asumirán una mayor responsabilidad por su propia seguridad, reduciendo así las cargas globales de Estados Unidos. India está aumentando su fuerza militar a medida que crece su economía y el pacifista Japón se ha comprometido a duplicar su gasto en defensa para 2027. Por supuesto, no son del todo buenas noticias, porque las carreras armamentísticas regionales tienen sus propios riesgos y algunos de estos Estados pueden, eventualmente, actuar en formas que son peligrosas o provocativas. Pero a propósito de mi primer punto anterior, no es que Estados Unidos haya hecho un gran trabajo manteniendo el orden en el Medio Oriente, Europa o incluso Asia en las últimas décadas. ¿Estamos 100 por ciento seguros de que los poderes locales lo harán peor, o que a los estadounidenses les importaría si lo hicieran?

(*) S Waltz es columnista de "Foreign Policy" y profesor de relaciones internacionales Robert y Renée Belfer en la Universidad de Harvard.

Traducción: Carlos Pissolito


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