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sábado, 29 de diciembre de 2012

La Dama de Hierro no era tan férrea.



Revelaciones de documentos secretos británicos sobre la guerra de Malvinas

James Bond, el mundial y el Belgrano

El Reino Unido desclasificó expedientes que dan cuenta de que Thatcher quería llegar a un acuerdo para evitar la guerra. El plan era de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura argentina como su principal aliada en América latina.

Por Marcelo Justo - Desde Londres
 
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La PM en una visita a las Islas después
de la guerra de 1982.
La Dama de Hierro no era tan férrea. Los documentos declasificados por el Archivo Nacional británico muestran que la ex primera ministra Margaret Thatcher estaba dispuesta a llegar a un acuerdo con Argentina sobre el estatus y soberanía de las Malvinas que evitara el enfrentamiento militar entre las dos naciones.
En contraposición a la imagen intransigente de Thatcher las minutas sobre las reuniones del gabinete de guerra indican que la primera ministra consideró como un “premio considerable” una solución diplomática discutida a solo dos semanas de la toma de las islas el 2 de abril de 1982.

En esta solución se proponía que Argentina estuviera representada en el consejo gobernante de las islas y en una comisión interina que debería expedirse sobre el futuro de las Malvinas a fin de año a cambio de retirar sus fuerzas militares. “La retirada de los efectivos argentinos se conseguiría sin necesidad de recurrir a una acción militar. Argentina ganaría representación en el comité interino y el consejo local y un compromiso a negociar el futuro de las islas, pero sin garantía previa de que el resultado de la negociación será una transferencia de soberanía. Es repugnante que un agresor obtenga algo de su agresión, pero parece un precio aceptable a pagar”, señalaba Thatcher en un documento desclasificado con la rúbrica de “Top secret”.
El plan en cuestión era estadounidense y se planteaba en el marco de la Guerra Fría. El gobierno de Ronald Reagan, que consideraba a la dictadura militar argentina como su principal aliada en América latina, buscaba por todos los medios una solución que le evitara enemistarse con un régimen que consideraba clave en la lucha contrainsurgente regional por el asesoramiento que ofrecían a las fuerzas represivas en El Salvador o a los contras que buscaban derrocar al sandinismo en Nicaragua. Según las minutas del gabinete de Thatcher, el principal obstáculo al plan era la intransigencia de la junta militar argentina. “El presidente Galtieri es un acohólico, aparentemente incapaz de pensamiento racional”, señalan las minutas del gabinete de guerra del 22 de abril.
El hundimiento del General Belgrano (definido durante un almuerzo en la residencia de fin de semana de la primera ministra) y del plan de paz promovido por el presidente peruano Fernando Belaúnde a principios de mayo prácticamente cerraron el camino diplomático, pero aún el 19 de mayo, dos días antes de que las fuerzas británicas desembarcaran en las Malvinas, Thatcher le señaló al gabinete que en “un sincero intento de evitar el derramamiento de sangre, el Reino Unido no ha insistido en que se implementen todas nuestras demandas”.
El presidente Ronald Reagan, que había dado finalmente su apoyo al gobierno británico, intentó a último momento una salida más honrosa para las Fuerzas Armadas argentinas. Una nota de las reuniones del gabinete de guerra revela detalles de la conversación telefónica que tuvo con Thatcher el 1º de junio, 13 días antes de que el general Mario Menéndez se rindiera a las fuerzas británicas comandadas por el general Jeremy Moore. “El presidente Reagan dijo que Estados Unidos consideraba imperativo que el Reino Unido mostrara su disposición al diálogo. Dado que el Reino Unido tiene ahora una clara ventaja militar debería aprovecharla para llegar a un acuerdo”, señala la nota. A lo que Thatcher respondió que el presidente “actuaría igual si Alaska hubiera sido amenazada de la misma manera”.
Los documentos secretos del Archivo Nacional tienen dos curiosidades. En un plan digno de James Bond, el fiscal general británico sir Michael Havers exhortó a la primera ministra a robar los famosos misiles Exocet franceses con que la aviación argentina había atacado exitosamente a la armada británica. En una nota enviada el 1º de junio Havers reconocía que su plan era “digno de James Bond”. La idea era adquirir los derechos de transporte de los Exocet que Francia estaba exportando a Perú –y que de allí se dirigirían a Argentina– para terminar llevándose la carga a las islas Bermudas. Dos días antes, el 30 de mayo, Thatcher le había escrito un telegrama al presidente francés François Mitterrand pidiéndole que postergara la entrega de los Exocet. “Sería un desastre para la alianza (...europea...). Ni usted ni yo queremos eso”, le señaló Thatcher a Mitterrand.
El Mundial de Fútbol de 1982 en España también sufrió el impacto del conflicto. El Reino Unido consideró la posibilidad de retirar a Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte y ejerció presión sobre la FIFA para que Argentina –campeona mundial del ’78– no participara en el evento. El temor era que los equipos tuvieran que enfrentarse en los octavos de final o –muchísimo más improbable futbolísticamente hablando– en la final. Ninguna de las dos cosas ocurrió y hubo que esperar a la copa del mundo en México en 1986 para que Argentina se enfrentara a Inglaterra y la venciera dos a uno, con aquellos dos famosos goles de Diego Maradona, el primero, rebautizado por el jugador (y nunca olvidado por la prensa británica), “la mano de Dios”.

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