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viernes, 13 de marzo de 2015

EE.UU., Israel e Irán.




Obama y Netanyahu frente a Irán



El premier israelí habló frente al Congreso de los Estados Unidos y, sobre este discurso y las circunstancias que lo rodearon, el autor hace un análisis pormenorizado de los detalles en los que coincide y en los que no. Y los porqués.


Por Thomas L. Friedman 

 Ahora que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha expuesto su argumento sobre Irán ante el Congreso estadounidense, con toda la atmósfera circense que eso involucró, vayamos a las cuestiones serias: ¿Cuál es el interés de Estados Unidos en cerrar un trato con Irán?

Esto porque nuestros intereses y los de Israel no están plenamente alineados. ¿Cuál es el mínimo que necesitamos para satisfacer nuestros intereses? ¿Y cómo deberíamos equilibrar las críticas de nuestra estrategia por parte del Bibi serio versus el Bibi cínico?

En lo que coinciden tanto Estados Unidos como Israel, y yo ciertamente, es en que se debe impedir que Irán fabrique una bomba nuclear porque ésta podría ser usada para amenazar al Estado judío y, una vez cargada en un misil, a Europa y a los Estados árabes también.

Lo que es más, si Irán obtiene una bomba, Arabia Saudí, Turquía y Egipto con seguridad serían tentados a hacerlo igualmente, y repentinamente se tendría un Oriente Medio, que ya está lleno de guerras sectarias por representación, también lleno de armas nucleares; con pocas de las salvaguardas disuasivas que había durante la Guerra Fría entre Washington y Moscú.

Hay actores en Oriente Medio para los cuales la “destrucción mutua asegurada” es una invitación a una fiesta, no un sistema de disuasión mutua. Además, si Irán obtiene una bomba, hay buenas probabilidades de que todo el régimen nuclear de no-proliferación en el mundo, de por sí desgastado, se deshiciera totalmente, lo cual sería sumamente desestabilizador.

Aquí, el presidente Barack Obama y Netanyahu comparten las mismas inquietudes. Y, con franqueza, dudo que hubieran existido las sanciones y negociaciones que tenemos actualmente con Irán si Bibi no hubiera amenazado con ir con todo, al estilo “Dr. Strangelove”, en contra de Teherán.

Sin embargo, Bibi argumenta que cualquier trato debe eliminar todas las centrifugadoras de Irán y componentes relacionados que puedan enriquecer material para una bomba. Yo no le guardo resentimiento por ese deseo. La mayoría de mis amigos israelíes lo comparten. Pero, como Robert Einhorn, ex integrante del equipo negociador de Estados Unidos con Irán, observó en un artículo de opinión en el Times, esa posición “no es alcanzable ni necesaria” para salvaguardar nuestra seguridad o la de nuestros aliados en Oriente Medio.



Netanyahu nunca expuso un argumento convincente con respecto a por qué alejarse del trato de Obama con Irán daría como resultado ya fuera un mejor trato, más sanciones o una capitulación iraní, y no una situación en la que Irán seguiría construyendo con miras a una bomba y nuestra única alternativa sería aceptarlo o bombardearlo, con todo el caos que eso pudiera implicar.

En ese sentido, el discurso de Bibi fue perfecto para el Congreso: Yo tengo un mejor plan, y no costará nada ni requerirá de sacrificio alguno por parte del pueblo estadounidense. El tipo podría ser integrante del Congreso.

La posición estadounidense -compartida por China, Rusia, Alemania, Reino Unido y Francia- es: dado que Irán ya ha dominado las técnicas para fabricar una bomba y se las ha ingeniado para importar todos los componentes para hacerlo, a pesar de las sanciones, es imposible eliminar las capacidades de ese país para producir bombas. Lo que es posible es exigir que reduzca su enriquecimiento y otras tecnologías para que, si decidiera algún día fabricar una bomba, le llevara un año, tiempo más que suficiente para que Estados Unidos y sus aliados la destruyan.

Creo que un trato de esa naturaleza estaría en el interés de Estados Unidos si incluyera que Irán acceda a inspecciones constantes, invasivas y sin aviso ni límites de todas las capacidades para producir bombas y si, incluso después de los 10 años especificados, hubiera más inspecciones de lo acostumbrado. Yo también le daría la bienvenida a que el Congreso estadounidense acompañara el trato otorgándole al presidente la autorización formal -justo ahora- para usar “cualquier medio necesario” para responder si Irán intentara romper el trato.

Estas condiciones satisfarían inquietudes estratégicas de Estados Unidos, al tiempo que abrirían la posibilidad -nada más- de que Irán se integre más al sistema global. A fin de cuentas, la única salvaguarda en contra de las ambiciones nucleares de Irán es un cambio impulsado desde adentro en la naturaleza del régimen iraní.

Mi problema con Netanyahu es que él advirtió que el trato provisional que Obama negoció con Irán -que congeló y redujo partes del programa nuclear de Irán y creó estas negociaciones- conduciría a un colapso de las sanciones y sería violado por Irán. Nada de eso ocurrió.

Lo que es más, el mensaje de Bibi fue que nada reviste mayor importancia que disuadir a Irán. De acuerdo. Pero, si esa fuera mi máxima prioridad, ¿crearía yo una invitación para hablar ante el Congreso haciendo uso solo del Partido Republicano y lo haría sin siquiera informarle al presidente, quien está dirigiendo las pláticas con Irán?

Además, ¿lo haría dos semanas antes de las elecciones israelíes, cuando todo parece indicar que estoy utilizando al Congreso de EEUU como telón de fondo para un anuncio de campaña, haciendo que surja la pregunta de si mi oposición a Irán es parcialmente una pose política?

Y si necesitara que los europeos estuvieran de mi lado para sanciones más estrictas, ¿acaso no anunciaría yo un alto a más construcciones de asentamientos en Cisjordania, en áreas que todos saben que formarán parte de cualquier Estado palestino que se negocie? Un movimiento así tendría un alto costo político para Bibi con su base, pero ciertamente incrementaría el apoyo a Israel desde Europa.

Ay, Bibi es Churchill cuando se trata de aislar a Irán, pero está ‘ausente sin licencia’ cuando se trata de arriesgar su propio futuro político para hacer que eso suceda. Aún no sé si apoyaré este trato con Irán, pero también me crea un problema que mi propio Congreso aúlle su apoyo hacia un fallido líder extranjero que intenta echar por tierra las negociaciones de mi propio gobierno antes de que hayan terminado. Eso simplemente no me gusta.