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domingo, 15 de marzo de 2015

El favor de Obama a Maduro.

Amenaza





Por Santiago O´Donnell 

Si algo puede hacer que Nicolás Maduro salga a festejar, luciendo su mejor gala, en medio de la severa crisis que atraviesa Venezuela, es el inesperado regalito que le mandó Barack Obama.

"Extraordinaria amenaza para la seguridad nacional" de Estados Unidos, los llamó el mandatario norteamericano, a Maduro y a su gobierno, y de algún modo a todos los venezolanos y por qué no, por extensión, a millones de latinoamericanos que se dieron por aludidos.

"Extraordinaria amenaza para la seguridad nacional" , se lee en una orden ejecutiva firmada por Obama el lunes pasado. La orden autoriza a congelar bienes en Estados Unidos de siete militares y funcionarios de seguridad venezolanos señalados por el Departamento de Estado estadounidense como responsables de violaciones a los derechos humanos o de abusos de poder en contra del sistema democrático. La orden y el lenguaje están basados en una ley aprobada por el Congreso estadounidense hace dos meses, al mismo tiempo que el gobierno anunciaba un acercamiento histórico con Cuba

Para el New York Times, o al menos para los funcionarios anónimos citados por ese diario, lo del lunes pasado, más que una acusación de Obama, fue una formalidad. "Funcionarios en Washington dijeron que la declaración de que Venezuela representa una amenaza para la seguridad nacional fue más que nada una formalidad legal requerida para llevar adelante las sanciones, así como la declaración en la misma orden ejecutiva de que la amenaza constituye una emergencia nacional para Estados Unidos."



La explicación de los "funcionarios en Washington" pecó de soberbia, autoritaria, mentirosa y oportunista. Si las leyes dicen que las sanciones unilaterales, por más bienintencionadas que sean, sólo se pueden hacer en caso de "amenaza" y "emergencia", entonces sancionar a Venezuela es ilegal. Porque nadie puede decir con un mínimo de buena fe u honestidad intelectual que Estados Unidos se encuentra en estado de emergencia porque Venezuela lo amenaza. Antes bien, la mayoría de los estadounidenses nunca oyeron hablar de Maduro y ni siquiera saben donde queda Venezuela.

 A esto se le suma que las mismas sanciones habían sido propuestas por la bancada opositora republicana del Capitolio hace más de un año, después de la violenta represión de las protestas en Venezuela de febrero pasado, pero Obama las había frenado. En cambio ahora patrocina las mismas medidas como compensación política por la apertura hacia el régimen comunista de Cuba, el principal enemigo de Estados Unidos en la región desde los tiempos de la Guerra Fría. La decisión de Obama de terminar un bloqueo anacrónico, inútil y repudiado por prácticamente todo el mundo es resistida por los mismos sectores y lobbies que promueven las sanciones contra Venezuela. Entonces a algún cráneo de la Casa Blanca se le ocurrió apaciguar a los conservadores pegándole a Maduro mientras negocian con Cuba, sin reparar demasiado en lenguage que haría falta para hacerlo. No parece que las violaciones a los derechos humanos en Venezuela habían horrorizado a Obama tanto como las decapitaciones del Estado Islámico. Mas bien, da toda la impresión de que se trató de una decisión política.

Entonces tenemos la soberbia de Obama de actuar unilateralmente en sudamérica como si todavía fuera el patio trasero de Estados Unidos. Sumada a la actitud autoritaritaria de ponerse por encima de la ley y de considerarla una mera formalidad que puede ser salteada por un supuesto bien mayor que él mismo define. Amén de la mentira de hablar de amenaza y emergencia cuando está a la vista de todo el mundo que no es así, y el oportunismo de usar las sanciones como moneda de cambio para poder pasar a la historia como el presidente norteamericano que arregló con Cuba.

Maduro no la iba a dejar pasar. Con la banda presidencial tricolor atravesándole el pecho, medalla de oro prendida al bolsillo izquierdo de su traje negro, collar de monedas doradas bajándo del cuello para enmarcar su camisa y corbata (foto), así se presentó ante la Asamblea Nacional para un discurso televisado por cadena nacional. Anunció maniobras militares para esta semana y destacó que él mismo las comandaría. Reclamó y obtuvo superpoderes para gobernar por decreto y así hacer frente a lo que él tradujo como prácticamente una confesión de Obama de que Estados Unidos está a punto de invadir Venezuela.

"La agresión y la amenaza del gobierno de Estados Unidos es la mayor amenaza que nuestro gobierno ha recibido en su historia" arrancó. "En nombre de los derechos humanos preparan una invasión," siguió. "Invito al pueblo de Venezuela, en todos los estados y regiones a unirse a nosotros. Nadie se mete con nuestro país, la bota yanqui nunca lo tocará," remató, mientras los asambleístas lo aplaudían de pie..

No importa que prácticamente todos los ingresos del gobierno venezolano provienen de la venta de petróleo y que Venezuela le vende casi todo su petróleo a Estados Unidos. Tampoco que los gobiernos chavistas nunca le expropiaron a Estados Unidos ni siquiera un McDonalds. No importa que la gestión económica del gobierno venezolano es tan mala que la gente hace cola en los supermercados a las cuatro de la mañana para comprar un rollo de papel higiénico. No importan que existan tres tipos de cambio oficial para el dólar, uno a seis bolívares, otro a doce, otro a 170, mientras el negro trepa a 280 y la inflación no baja del sesenta por ciento. En Venezuela esta semana sólo se habló de la invasión de Estados Unidos.

La oposición venezolana se quiere matar. Además de no poder capitalizar el desastre económico, además de que le cierran o le compran los diarios y las cadenas de televisión, además de que les reprimen las manifestaciones y le meten presos a sus líderes, ahora se tuvieron que quedar calladitos mientras Maduro hacía de superpoderes gracias al presente griego de míster Obama. La Mesa de Unidad Democrática, principal organismo político opositor, debió emitir un comunicado tomando distancia de Washington: "Venezuela no representa una amenaza para nadie" y "no estamos de acuerdo con las sanciones unilaterales," dice el texto, que es el primer apoyo opositor a algo que hace o dice Maduro desde que éste llegara a la presidencia hace casi dos años.

Y de los aliados que le que le quedan a Maduro en la región, bueno, ni hablar. Correa, Evo, el Pepe Mujica y los hermanos Castro hicieron fila para pegarle a Obama. "Debe ser una broma de mal gusto, que nos recuerda las horas más oscuras de nuestra América, cuando recibíamos invasiones y dictaduras impuestas por el imperialismo," sentenció el mandatario ecuatoriano. ."Si Obama no quiere encontrarse con la horma de sus zapatos, antes de la Cumbre de las Américas que pida perdón a América latina y en especial a Venezuela, sino se va a encontrar con presidentes antiimperialistas, con gobiernos antiimperialistas", advirtió el presidente de Bolivia.

Otros fueron más cautelosos y sólo expresaron "preocupación". Es el caso del secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, y de su par de la OEA, José Miguel Insulza, y también de Cristina Kirchner, que anda en medio de un año electoral, estrenando embajador de Estados Unidos y con demasiados cortocircuitos ya con ese país por el caso Nisman y los fondos buitres. Raro en ella, ni siquiera habló sino que retwiteó un comunicado de su cancillería.

En cambio los vecinos que querrían ponerle algún freno a los abusos autoritarios de Maduro, llámense Santos o Bachelet, tuvieron que cerrar el pico y hacerse los distraídos.

 Hoy se juntan los cancilleres sudamericanos en Quito y algún compromiso saldrá entre los preocupados y los enojados y los distraídos, porque, más allá de Maduro, a nadie en la región pudo caerle bien lo que hicieron los norteamericanos.
 
Lo peor de todo esto es que al parecer los estadounidenses ni se enteraron. El encendido discurso antiimperialista denunciando una inminente invasión que Maduro dio en el solemne recinto de la Asamblea Nacional, con todos los atributos simbólicos y honoríficos de su investidura,  no fue contestado por Obama ni tampoco John Kerry, su secretario de Estado. Ni siquiera le contestó Roberta Jacobson, la subsecretaria encargada de América latina y el Caribe. Le contestó un funcionario de cuarta línea, un tal William H. Duncan, director de Asuntos Andinos de dicha subsecretaría. Y no contestó porque lo citaron en el Capitolio o la OEA, sino porque lo llamó un diario.

El tal Duncan dijo estar convencido de que estuvieron bien. "No se trata de sacar una foto sino de ver toda la película. No se trata de la Venezuela de hoy o de mañana, sino del largo plazo," se defendió ante la pregunta telefónica del New York Times.  

¿Será tan así? Incrédulo, llamé a un académico con excelentes contactos con el gobierno de Obama.  "El sonzo, contraproducente y tonto lenguaje que Obama sacó de la ley para sancionar a Venezuela fue impuesto por la derecha republicana, y ayudó a mantenerla relativamente restringida en la iniciativa con Cuba," se atajó. "Que te quede claro que no estoy defendiendo al gobierno. al contrario: estoy diciendo que los viejos hábitos tardan en morir."

Quise saber si al menos lo habían llamado para arreglar semejante moco. Saber si Obama pensaba a echar al funcionario que había puesto ese papel impresentable en su escritorio para ser firmado. Saber si la Casa Blanca  pensaba pedir perdón, tal como había exigido Evo. Pregunté también si se daban cuenta en Washington de que con una frase habían echado a perder toda la buena voluntad que habían despertado en la región por el acuerdo con Cuba, si se daban cuenta de que habían rifado la mejor oportunidad de estrechar vínculos con latinoamérica en más de una década.

 "No, no me llamaron y no sabía que se había tanta generado tanta conmoción," contestó. "Mañana viajo a México y tendré varias reuniones, después te cuento cómo se ve desde allá. Pero no esperes nada a nivel de presidente o Secretario de Estado. El terrible problema con el Estado Islámico en Medio Oriente y sus derivaciones con Israel y otros países está monopolizando bastante la agenda internacional."

 Ah, bueno, me alegro que el problema esté allá y no acá. Pero no tanto como Maduro. Hace rato que andaba necesitando que su enemigo favorito le tire un salvavidas, pero no conseguía que le responda a sus diatribas. Ahora podrá seguir haciendo desastres por un buen rato sin que nadie se atreva a cuestionarlo, cortesía del certificado trucho de héroe antiimperialista que Obama le acaba de firmar