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sábado, 10 de octubre de 2015

Perú: que el Ejército ponga el pecho.






http://elcomercio.pe/lima/ciudad/que-soldadito-ponga-pecho-pedro-ortiz-bisso-noticia-1846683

“Que el soldadito ponga el pecho”

“¿Y si la apuesta por los soldados no funciona, qué sigue? ¿La institucionalización de los linchamientos públicos?...” 





Pedro Ortiz Bisso 

El soldadito que miramos por encima del hombro, de quien nos burlamos por sus supuestas limitaciones intelectuales, a ese queremos encargarle que nos cuide y ponga el pecho ante la delincuencia.

“Su presencia infunde respeto”, “va a ser un factor disuasivo”, “la gente quiere a sus Fuerzas Armadas”. Así repiten, machaconamente, quienes aspiran a que se militaricen las calles. ¿Alguna razón técnica? ¿Un estudio que avale su participación? ¿Un ejemplo exitoso en otro país? Nada. Purita intuición.

Los mismos que los llaman ‘cachaquitos’, que se burlan de su físico y sus condiciones físicas, aseguran que su presencia pondrá en vereda a los extorsionadores, provocará ataques de pánico entre los sicarios, hará castañetear los dientes a los carteristas y que los delincuentes más fieros, con solo verlos, mojarán sus pantalones. No hay pierde, entonces, es hora de que salgan a las calles y acaben de un solo porrazo con tanto ladronzuelo.



Que no estén preparados para hacerlo es lo de menos. Basta con que salgan con sus fusiles, estacionen una tanqueta en una esquina y punto. ¿Y si cometen un error? ¿Qué pasará cuando no sepan cómo actuar ante un disturbio y pague caro un inocente?

Porque a esos soldaditos  que hoy les pedimos que se fajen por nosotros, ya los hemos abandonado otras veces. ¿O, como decía el general Roberto Chiabra, ya nos olvidamos qué pasó con los muchachos que nos defendieron en el Cenepa?

La situación de la policía es compleja. No es difícil imaginar qué pasará por la cabeza de los agentes cada vez que escuchan que su trabajo deben hacerlo las Fuerzas Armadas, en momentos en que se encaminan a un chifa o una pollería, donde por pararse en la puerta ganan unos soles para poder cubrir las necesidades de sus familias.

Imagínelos en sus comisarías, sin papel para hacer los atestados,  con las paredes y techos cayéndose a pedazos, con agua y luz por horas, sin conexión a Internet.
 También como parte de una organización que no funciona, que hace años pertenecer a ella dejó de ser un orgullo, atenazada hasta el tuétano por la corrupción.

Olvidar esto y optar  por trasladarle la responsabilidad del combate a la inseguridad a las Fuerzas Armadas es echarle tierrita a un problema mayor.  ¿Y si la apuesta por los soldados no funciona, qué sigue? ¿La institucionalización de los linchamientos públicos? ¿Azotes y mutilaciones para quienes delinquen? ¿Hacemos de una vez el ‘chapa tu choro’ parte de la marca Perú?

El problema es más complejo de lo que parece y requiere de un plan, el cual, es obvio, no tienen ni Alan García ni Alejandro Toledo, súbitos partidarios de que las Fuerzas Armadas salgan a las calles. Las soluciones rápidas y populacheras, esas que les encantan a nuestros políticos en campaña, no suelen ser las mejores.

Dejemos que la policía haga su trabajo, pero démosle las condiciones –materiales y humanas– para que pueda hacerlo con tranquilidad.