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miércoles, 24 de agosto de 2016

China invierte un billón de euros para impulsar la nueva Ruta de la Seda














Por PABLO M. DÍEZ

Desde el siglo II antes de Cristo (a.C) hasta el XV, la Ruta de la Seda unió Oriente y Occidente convirtiéndose en la primera autopista de la globalización y poniendo en contacto comercial y cultural dos mundos tan distintos como distantes. Desde Chang´an, la actual Xi´an que fue capital de doce dinastías imperiales, hasta la antigua Constantinopla, la Estambul de nuestros días, esta ruta recorría miles de kilómetros a través de China, Asia Central y Oriente Medio para llegar a Europa. Con viajes legendarios como el del mercader veneciano Marco Polo, las caravanas de camellos seguían este trazado y sus distintos ramales, que se adentraban en la India y se extendían hasta el interior de Rusia, para transportar la seda china a Europa y los más diversos productos occidentales hasta el Lejano Oriente.


Hoy, en plena sociedad de la globalización, China impulsa las Nuevas Rutas de la Seda para ampliar sus mercados y revitalizar tanto su comercio exterior como su economía, ralentizada a su ritmo más bajo del último cuarto de siglo. Lanzada por el presidente Xi Jinping en 2013, esta iniciativa se basa en un cinturón de vías terrestres que conectan China con Europa a través de Asia Central y una ruta marítima que enlaza con el Sudeste Asiático y África. Bajo la denominación «Un cinturón, una ruta» (“One Belt, one Road” en inglés), ambas incluyen a 70 países y organizaciones internacionales y conectan a más de la mitad de la población mundial, sumando casi el 50% de la producción global de bienes y servicios.

Buena prueba de ello son los trenes de mercancías que, procedentes de varias ciudades chinas, llegan cada día a la terminal de contenedores de Duisburgo (Alemania), una de las mayores del mundo. En trayectos que duran entre 11 y 13 días, sus vagones transportan desde las fábricas chinas todo tipo de artículos baratos que luego se venden en las tiendas europeas y regresan con maquinaria pesada, coches y piezas para el sector automovilístico. Continuando su camino hasta España, el ferrocarril más largo del mundo recorre los 13.000 kilómetros que distan entre Yiwu, desde donde se exportan la mayoría de artículos de pequeño consumo que se producen en las factorías chinas, y Madrid. Cargado de ropa, zapatos y bolsos, el primer tren que une China con Irán llegó en febrero a Teherán.

Para aumentar sus intercambios internacionales, Pekín tiene previsto invertir un billón de dólares (unos 900.000 millones de euros) en estas nuevas vías comerciales, según los cálculos del banco Standard Chartered. Para ello, ha creado un fondo con 40.000 millones de dólares (36.000 millones de euros) que tiene como objetivo fomentar la inversión privada en dicho proyecto. A él se suma la partida de 150.000 millones de dólares (134.000 millones de euros) prevista por Nuevo Banco de Desarrollo, creado por los países que forman los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Por su parte, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, que cuenta con 57 países miembros, dispone de otros 100.000 millones de dólares (90.000 millones de euros). Además, el Banco de Desarrollo de China y el Banco Exim, dedicado a financiar la importación e importación, han recibido sendas inyecciones de 48.000 y 45.000 millones de dólares (43.000 y 40.000 millones de euros, respectivamente) que les permiten hacer inversiones por valor de 400.000 millones de dólares (358.000 millones de euros) a cada uno de ellos.

Aunque todavía están en fase inicial, las Nuevas Rutas de la Seda ya están dando sus primeros frutos y el año pasado contribuyeron a aumentar un 18,2% la inversión china en los países por donde discurren, llegando a los 14.800 millones de dólares (13.200 millones de euros), según cifras oficiales. En total, el valor de los contratos firmados ascendió a 92.600 millones de dólares (83.000 millones de euros), pero tal cantidad se queda pequeña en comparación con el billón de dólares (900.000 millones de euros) que generaron sus transacciones comerciales. De este modo, casi un cuarto del comercio exterior de China se genera ya en las Nuevas Rutas de la Seda.

Tras la caída del consumo en Estados Unidos y Europa desde el estallido de la crisis en 2008, el gigante asiático intenta ampliar sus mercados hacia los mercados emergentes fomentando la salida al exterior de sus empresas, muchas de ellas estatales. El autoritario régimen de Pekín intenta así amortiguar la ralentización que sufre la economía nacional y encauzar la sobrecapacidad productiva que afecta a algunos sectores, como el del carbón y el acero, castigado con millones de despidos. Además de modernizar y reestructurar sus empresas estatales, China está cambiando el patrón de la «fábrica global», que antes inundaba el mundo con sus baratísimos artículos de escaso valor añadido, por la inversión de sus compañías en la construcción de infraestructuras, centrales nucleares, trenes de alta velocidad y redes eléctricas y de telefonía. A cambio de exportar su tecnología y abrir nuevos mercados, se asegura el suministro de materias primas y recursos naturales para seguir alimentando su crecimiento.

«Las Nuevas Rutas de la Seda son una parte muy importante del “sueño chino” que propugna el presidente Xi Jinping, pero beneficiarán también a otros países», explica Yao Peisheng, quien fue embajador en Kirguistán, Letonia, Kazajstán y Ucrania y dirigió el Departamento de Asuntos Europeos y de Asia Central en el Ministerio de Exteriores. Además de destacar que «lo más importante para los países de Asia Central es la mejora de las infraestructuras», propone«un cinturón comercial entre China, Birmania, Bangladesh y la India» y extenderse en «una segunda fase hacia los países de África, que son buenos socios comerciales».

Ampliando su influencia diplomática por Asia Central, las relaciones comerciales de China con Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán ya suman más de 50.000 millones de dólares (45.000 millones de euros), mientras que solo con Pakistán alcanzan los 46.000 millones de dólares (41.000 millones de euros). Además de impulsar su comercio, las Nuevas Rutas de la Seda reforzarán al régimen de Pekín frente a Estados Unidos.